Acá en el trabajo vuelvo a pensar en preguntas que me hacía en AIESEC. AIESEC es una organización de estudiantes que busca, a través del trabajo en su seno y de pasantías internacionales, el desarrollo integral de sus miembros para que sean líderes. Dentro de la organización, había unos espacios donde uno se pensaba a sí mismo. En estos espacios de desarrollo personal, de mentoring y de coaching una de las cosas que aprendí es que no puedo hacerlo todo. Y mucho menos todo bien.

Darme cuenta de esto no supuso un alivio sino una suerte de condena. Por más que tratase, siempre todo iba a ser pobre, poco y yo estaba eternamente condenado a la mediocridad y a la insatisfacción personal.

cantando bajo la lluvia final

Con la caída (de lo que algún estudiante de psicología me dijo) de mi superyó me deprimí mucho. Lo que me entristecía era estar sin rumbo. Me llevo algunos años encontrar sentido y propósito a mi vida. Enrique Rojas lo plantea muy bien en El hombre light. Para que dejemos de ser el típico hombre de la posmodernidad (con valores relativos, sin sustancia, hedonista y depresivo) tenemos que encontrar nuestro propósito. Esta idea viene de antes, de Victor Frankl y su obra maestra El hombre en busca del sentido.

Si bien no siento que tenga todo resuelto, lo que si pienso es que cada vez con mayor frecuencia, me comprometo a cosas que realmente puedo cumplir y que eso a lo que me comprometo está alineado a objetivos un poco más grandes.

Por ejemplo trabajar en algo que no es mi sueño, que quizás es tedioso pero que me permite crecer y alcanzar otros sueños. Sueños como tener una mayor autonomía económica y un desarrollo profesional. Volverme un adulto con todas las de la ley. No ser un hombre light, como el que planteaba Enrique Rojas, buscando el placer a como dé lugar y evitando las responsabilidades. Para lograrlo renuncie a otras cosas. A tener más tiempo libre para realizar tareas que si me gustan, como el voluntariado y la educación. Al tener que tener una rutina más exigente para poder seguir escolarizándome o teniendo una vida social rica. Priorice. Y priorizar en la vida es fundamental.

Pero solo es bueno priorizar si sabemos y somos conscientes de las razones por las que hacemos lo que hacemos, las causas por las que elegimos determinadas cosas por sobre otras. Eso nos permite no perdernos en el camino.

Me acorde de todo esto porque en el trabajo surgió una invitación a salir. Yo ya tenía una merienda con unas amigas planificada, para ponernos al día, para charlar de tantas cosas nuestras, para nutrir la relación. Y luego una cena con otras amigas, con los mismos objetivos en mente. Balanceando, si bien una salida con colegas de trabajo te permite generar una confianza más fuerte con ellos, y que al día siguiente haya más simpatía y en definitiva compañerismo, es más importante nutrir aquellos lazos de gente que queremos y que nos hace bien. Además de que cancelar compromisos previos por otros que no revisten tanta importancia es un acto de irresponsabilidad y de falta de respeto para con quienes tenias el compromiso.

Si bien sigo pifiando, sigo diciendo que si a todo, y sigo queriendo comerme el mundo cada día que pasa soy más consciente de mis limitaciones y voy priorizando y eligiendo que hacer, y con esto que lograr con mi vida.

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