Mirar teatro infantil con ojos de adulto es raro. Es la segunda obra infantil que veo en este tiempo y por alguna razón comienzo viéndolas como un adulto y termino como un niño, embelesado por la fantasía de la historia que los actores me presentan. Supongo que tuve suerte y fui a ver obras que estaban bien montadas.

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Con El Principito es difícil fallarle. O fácil quizás dado que es un texto tan rico que puede resultar difícil plasmarlo en la realidad. Es quizás una de las obras cortas más bellas de la literatura francesa y sin dudas una de las más recordadas de la literatura mundial. Sin duda se trata del trabajo más reconocido de Antoine de Saint-Exupéry, y unas de las obras más leídas en todo el mundo. Aunque para ser honestos, el joven aviador Saint-Exupery no tuvo tantas chances de escribir otras obras además del Principito, Vuelo Nocturno, y alguna otra menos relevante.

Este clásico que ha conmovido a varias generaciones a lo largo y ancho del mundo, lo que busca es evocar de manera sencilla y clara los valores más importantes que tiene que tener el ser humano. La solidaridad, la bondad, el compañerismo y el entusiasmo por saber están subrayados en creativos encuentros con personajes imposibles. Se busca presentarlo en escena de modo atractivo y didáctico para que los mensajes y lo estético se conjuguen sobre el escenario. Más adelante hablaremos un poco del texto pero ahora volvamos a adentrarnos en la obra.

La obra se presenta en un marco histórico, el hermoso y algo decadente Teatro Stella de miércoles a domingos. La versión usada del relato de Antoine de Saint-Exupery es la de Patricia Suarez y Sebastián Silvera, dirigido por el mismo Silvera. El joven Ignacio Hornos se viste con el polvo de luna del Principito y Emiliano Castro Martinez se calza las gafas del imaginativo Aviador.

El emotivo cuento transmite cómo la soledad del hombre está en su incapacidad de entablar lazos afectivos profundos, o como dice el propio autor, de ver con los ojos del corazón. En dejarnos domesticar o tomarnos el tiempo de domesticar a otros para que sean únicos en el mundo y seamos únicos para ellos. Este relato es emotivo y por emotivo me refiero a que me tatué al Principito en mi espalda, a que se lo leí a mi primer novio, y a una de mis mejores amigas, a que lo lei en francés y español y llore al leerlo en ambos idiomas. Así de emotivo. A través de un texto sencillo pero de nítida poesía que no es poema, el autor habla de la generosidad como un valor supremo, y paralelamente de la capacidad de observar y valorar todo lo que nos rodea en este mundo complejo. Por eso es tan actual, porque si bien a mediados de siglo pasado el mundo era complejo, hoy lo es cien veces mas y en la vida hay que saber mirar para no perderse.

Este espectáculo esta llevado a cabo por la compañía Porvenir. Esta compañía goza con el respeto del público y de la crítica. Como dato curioso, este trabajo escénico dirigido por Silvera ganó el Premio Florencio a mejor espectáculo infantil en 2008 y por suerte para todos lo que no lo vimos en aquel entonces volvió por las vacaciones de invierno, transitando su cuarta temporada.

Esta versión escénica busca ser fiel a las ideas y conceptos que Saint-Exupéry propone sobre el sentido de la existencia y la responsabilidad de cada uno, recordándonos como un gentil tiron de orejas que a veces los adultos olvidamos a ese niño interior, que sigue presente a lo largo de la existencia como una guía moral, como una manera de ser espontaneo y de vivir con alegria. En ese aspecto, si bien se trata de un espectáculo para niños, su contenido también puede venir bien a más de un adulto.

Para lograr ese cometido se formó un elenco encabezado por Ignacio Hornos, en el rol de El Principito, un actor niño que trabaja y conmueve desde su inocencia y su pureza, aportando a este personaje una cuota de dulzura, y proponiendo en juego su sinceridad y su corazón. Su juventud y su actuación simple nos convencen de ser el Principito, aunque veamos que son líneas memorizadas, algunas extraídas literalmente del texto y que no son diálogos incorporados como propios.

El Aviador, como ya dije está encarnado por Emiliano Castro Martínez, mientras que Natalia Rodríguez asume el papel de la gallina. La Serpiente es interpretada por Eliana Favilla, y El Zorro por Julio Lach, en tanto que los planetas corren por cuenta de Emiliano Castro Martínez y Julio Lach. El vestuario es de Irene Sierra, la escenografía del propio director, la iluminación de Robert Bitzera, y el maquillaje y los peinados de Evelin Favilla. A su vez, la realización audiovisual fue responsabilidad de Renata Denevi y Agustín Fernández.

Mencionamos ya que esta versión surgió en 2008 y hasta hoy fue bien recibida por la gente, teniendo casi 8 mil felices espectadores. Por eso, año a año se vuelve a montar la obra. Este montaje se pensó para niños y los adultos que los llevan al teatro. Muchas veces no se piensa en eso, y los padres y familiares se aburren al ver obras solo atrayentes a los más pequeños. No es el caso del Principito. Se aborda la parte conceptual, usando partes integras del texto y también se añade el color y el movimiento que la historia tiene cuando la imaginamos al leerla. Cada año se re plantearon aspectos de los personajes, escenografía y vestuario, siendo el montaje cambiante.

Así, personajes, vestuario, escenografía e iluminación buscan agilizar la escena, donde se incluyen títeres de gran tamaño y demás atractivos. La escenografía, simple, trabaja sobre telas e iluminación, mientras una bola de espejos crea la magia de la noche estrellada.

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Mis ojos de adulto crítico vieron con cierto recelo algunos aspectos de la obra. Por ejemplo la interpretación del borracho con acento mexicano que le ofrece un trago al Principito. Quizás por demasiado moralista, o porque no me gusta caer en los estereotipos no me gusto esta imagen. Pero reconozco lo efectista del humor y que cuando deje descansar mi mirada adulta, me sumergí en la ficción propuesta. El cenit de la obra está marcado por el libro, cuando se separan el Zorro y el Principito y se explica que lo esencial es invisible a los ojos. Siento que se podría haber enfatizado aún más en esta escena de la obra, para recalcar la importancia de la enseñanza Pero no puedo decir que no me sentí conmovido. La despedida del Principito y el Aviador es aún más conmovedora y el soliloquio final del Aviador, me puso la piel de gallina. Yo quiero que ese Aviador vuelva a encontrarse con el Principito en algún rincón de África.

La obra va los sábados a las 15.30 horas en la sala mayor del Teatro Stella D´ Italia, en Mercedes y Tristán Narvaja. Las entradas valen $ 200, y la boletería funciona de martes a domingos de 16 a 20 horas.

Sumamente recomendado.

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