En una noche fría, con un techo lleno de estrellas

que no podía ver,

fui a mirar una película

que quizás no debiera haber ido a ver.

 

Porque volví a extrañarlo.

Porque ya no estamos bajo la misma estrella.

Porque afloró en mí la nostalgia y la melancolía.

Quizás por todo eso no debería haber ido.

 

Porque a la salida,

perdido entre un montón de gente

vi a un hombre del que la vida me separó

que me hizo recordar que ya no tengo a mi gran amor.

 

No era él del que yo hablo,

pero lo conocí por aquel tiempo en el que mi cielo no tenía nubes.

Con el tiempo, quise intentar sentir lo mismo por el

y aunque no lo sentí,

y aunque es mejor que fuera así

y aunque le deseo lo mejor con su nuevo amor,

me recordó que me siento increíblemente solo.

 

Eso me hizo cuestionar

y ponerme a pensar si lo extraño a él

o a la idea.

 

La idea del amor está metida bien adentro de mi corazón.

Deseo amar y en el amor sentirme libre.

 

Pero también está conmigo

el recuerdo de su mirada dulce

de sus ojos café, como el resto de su cuerpo.

 

Pero también está conmigo

el recuerdo de posarme en sus pies,

y que me hiciera reír.

 

La terrible conclusión,

a la que temía mi corazón

es que lo extraño a él,

y extraño la idea.

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