Como trabaje como personal de sala en el SODRE durante junio, tuve la oportunidad de ver varias películas del ciclo de musicales. Realmente fue una experiencia interesante porque son películas que uno no ve con frecuencia, que quizás no conoce y mucho menos tiene la oportunidad de verlo en un cine. Al verlo de esta manera y no a través de internet, más que ver una película, estás viviendo una experiencia. El ciclo de musicales continua, así que les voy a contar un poco de las películas que vi, y de las que van a estar siendo proyectadas para que, si son de su agrado las miren.

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La película trata sobre Tony Hunter que es un olvidado bailarín y esta organizando una subasta con su sombrero de copa, el bastón y los guantes. El resultado es desolador y Tony se da cuenta del abandono al que lo ha sometido el público. Pero se encuentra a dos viejos amigos, y estos le ofrecen una comedia dirigida por un excéntrico productor teatral, Jeffrey Cordova, que va a realizar una nueva versión de Fausto. Los ensayos son un desastre y Tony se enfrenta a la protagonista femenina, Gabrielle Gerard. El estreno es un fracaso. Entonces Tony se convertirá en el nuevo productor y hará la obra a su manera, cosechando grandes éxitos por allí donde pasa la gira.

El relativamente reciente fallecimiento de Cyd Charisse en 2008,  quien también protagonizo el famoso musical Singing in the rain hacen más que pertinente ver esta película de 1953, porque como Guillermo Cabrera Infante decía  “Las estrellas de cine nunca mueren: viven tanto como vive la materia de que están hechas las películas, que son los sueños, y aún el celuloide es increíblemente duradero”.  Y Cyd Charisse en el papel de Gabrielle Gerard junto al resto del elenco son estrellas de verdad.

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Hay imágenes icónicas en la película, como el número Man Hunt, en el que Cyd viste un vestido rojo que muestra sus piernas fabulosas y que en aquella época eran símbolo inequívoco de la expresión de incipiente sexualidad que el séptimo arte habría de tener. Muchos espectadores de aquel tiempo y de hoy, se concentraban más que en la calidad del baile de Astaire, o de la dupla con Charisse, en sus piernas, consideradas sin lugar a dudas las más lindas de la historia del cine. A pesar de ser una eximia bailarina, el foco en su belleza al mirar las películas existe.

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Brindis al Amor está dentro de cualquier lista de grandes musicales, en primer o segundo lugar justo con Cantando Bajo la Lluvia del año anterior, que es un referente obligado por su calidad y cercanía en la temática. Y lo está por su vigencia, porque es un viaje al interior del mundo del cine. Es un tributo al cine que nos lleva también a los entretelones de la preparación de una revista musical en Broadway por lo que puede ser considerada también un homenaje al mundo de los musicales.

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Y en este ciclo de musicales también vi otra película muy interesante que se llamaba Siete novias para siete hermanos.  Siete novias para siete hermanos (1954) es un musical romántico dirigido por Stanley Donen y protagonizado, en los roles principales, por Howard Keel y Jane Powell. Con música de Saul Chaplin y Gene de Paul, letra de Johnny Mercer y un guión de Albert Hackett, Frances Goodrich y Dorothy Kingsley, la historia se centra en el cuento The Sobbin’ Women, de Stephen Vincent Benét, y en la leyenda El rapto de las sabinas, mencionado incluso en la película, lo cual es un lindo detalle. El mayor de los siete hermanos salvajes Pontipee, Adam (Howard Keel), decide casarse con la guapa Milly (Jane Powell) y llevarla a la cabaña, junto a sus seis hermanos. Éstos, entonces, deciden bajar al pueblo y conseguir una mujer para cada uno. Pero vieron que no era tan fácil conquistar a una mujer y con divertidas escenas de danza y canto finalmente conquistan sus corazones.

Esta película es una oda a la misoginia, al síndrome de Estocolmo y si uno la analiza con los valores actuales denigra a la mujer. Pero considerando la época en que fue filmada y la época que retrata, que es anterior uno puede ignorar esos detalles. La época no está bien definida pero pareciera ser en una granja cercana a un pueblo en el siglo XIX con largos inviernos, poca comunicación y un aislamiento grande del resto del mundo.

Además la belleza estética, los colores, la fotografía y los talentosos cuadros de baile hacen que a uno se le esboce una sonrisa.

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Ver cine del pasado también es adentrarse en la época en que fueron filmados, en los valores de la sociedad que la produjo y es un ejercicio de aprendizaje y reflexión para quienes observamos cine con conciencia.

Les recomiendo que vayan y pidan un programa. Hay musicales para todos los gustos, el precio es muy módico y mirar cine un lunes, nos cambia la cara para el resto de la jornada.

 

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