El recuerdo de tu dulce disposición

a escuchar mis eternas historias

sobre como a capa y espada quería salvar el mundo

merecerían más que un poema, una canción

que rescatara nuestras memorias

del olvido oscuro más profundo.

 

El recuerdo ya no me atormenta

como la sombra de algo que ya murió,

como el fantasma del que no me puedo escapar.

 

Pero mi corazón aún se lamenta

por aquel hombre que se alejó y nunca volvió

y se lamenta que solo le quede como opción esperar.

 

No a que vuelva.

Mi corazón no cree en quimeras,

sino volver a sentir

el piso de nubes

y el ánima alada por la esperanza

de la dicha indescriptible.

 

Y no es que no sienta

que puedo tener otras historias de amor verdaderas

porque me queda mucho por vivir

pero a veces me dejo llevar por las costumbres

de que después de un gran amor la vida es una tabla rasa

aunque eso es ciertamente discutible.

 

Me rehúso a claudicar en el amor

y siempre la idea estará resguardada en mi bastión interior

y aunque tu recuerdo a veces me traiga dolor

no es esa la cuestión.

 

El recuerdo de tu dulce disposición

a soñar juntos un futuro

y a dejarme soñar con llevar mis ideales como un caballero de brillante armadura

merecería mejores líneas que las que describe un enamorado respecto a su sensación

pero no expresar lo que siento sería demasiado duro

y yo no quiero perder de nuevo la cordura.

 

Igual tengo esperanza.

Solo una vez tengo que hacerlo bien,

Para que el jardín no se convierta en un árbol de ciprés.

 

Mientras tanto tu recuerdo me acompaña.

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