Antes de la Shoá no había una definición de genocidio. Nadie la había creado. Lo cierto es que existieron genocidios a lo largo de la historia. La humanidad está manchada de genocidios. Sin embargo, ninguno fue tan paradigmático como la Shoá. Ninguno fue tan modélico. Ninguno tuvo las características que el nazismo le imprimió a la Shoá.

Sin embargo fue a partir de la Shoá que se creó la definición. Y como toda definición se creó abstrayendo información de la realidad para crear un concepto más general a través del cual los seres humanos pudiesen comprender que es lo que había pasado años antes en la Europa de la Segunda Guerra Mundial. Al entender este fenómeno también pudieron entender otros anteriores, como el genocidio armenio y otras tantas barbaries ocurridas antes y después de la Shoá. Incluso se pudo separar lo que es un genocidio de lo que son crímenes de lesa humanidad, crímenes de guerra, crímenes contra la paz y otros tantos tipos de crímenes diferentes a un genocidio, pero no por ello menos terribles.

El término fue acuñado y definido por primera vez por el jurista judeo-polaco Raphael Lemkin, que en 1939 había huido de la persecución nazi y encontrado asilo en Estados Unidos. Lemkin compuso la palabra genocidio a partir de genos (término griego que significa familia, tribu, raza o pueblo) y -cidio (del latín -cidere, forma combinatoria de caedere, matar). La definición fue mutando un poco con el correr de los años hasta ser recogida en la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio de 1948.

Lemkin definió el crimen de Genocidio como “la aniqulación planificada y sistemática de un grupo nacional, étnico, racial o religioso o su destrucción hasta que deja de existir como grupo”.

Explicaba que dicho crimen no significaba necesariamente la destrucción inmediata y total de un grupo, sino también una serie de acciones planificadas para destruir los elementos básicos de la existencia grupal, tales como el idioma, la cultura, la identidad nacional, la economía y la libertad de sus integrantes.

Desde un punto de vista jurídico, el genocidio, ya sea cometido en tiempo de paz o en tiempo de guerra se considera un delito de derecho internacional. Tanto la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio de 1948 como el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional (CPI) de 1998 recogen una idéntica definición:

Delito de Genocidio

Se entenderá por “genocidio” cualquiera de los actos mencionados a continuación, perpetrados con la intención de destruir total o parcialmente a un grupo nacional, étnico, racial o religioso como tal:

A) Matanza de miembros del grupo;

B) Lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo;

C) Sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial;

D) Medidas destinadas a impedir nacimientos en el seno del grupo;

E) Traslado por la fuerza de niños del grupo a otro grupo.

Con los avances de la antropología, Levi-Strauss acuñó el término etnocidio. Este término se refiere a un proceso de “aculturación impuesto a una población por parte de otra más poderosa, y cuyas consecuencias últimas pueden ser la desintegración y posterior desaparición de una cultura.”

Con los estructural-funcionalistas aparece un nuevo concepto relacionado al de genocidio que es el de asesinato estructural. Este tipo de asesinatos en masa son por motivos productivos. No son un fin en sí mismos ni tampoco tiene los fines políticos, territoriales o religiosos que los genocidios pueden tener. Este tipo de crímenes se han visto en Centroamérica cuando para aplacar las protestas de las fuerzas productivas en empresas frutícolas se han ametrallado a los manifestantes, con el fin de obtener la producción de frutas y verduras. De hecho este tipo de crímenes también tiene un origen inmemorial. En el sermón de Antonio de Montesinos (que impactó luego en Bartolomé de las Casas) se acusaba a las formas de explotación de los indígenas al ser sometidos a trabajar sin ser alimentados, viviendo en condiciones terribles. Incluso se cuestionaba de donde residía la autoridad de los españoles para someter a la esclavitud y servidumbre a los indígenas, entre otras acusaciones verdaderamente sorprendentes para la época.

La diferencia entre otros genocidios con la Shoá es que generalmente los genocidios tienen un motivo pragmático, sea la búsqueda del poder político, económico, territorial, etc. La Shoá, si bien generó beneficios económicos en sus perpetradores tenía un motivo básicamente ideológico.

Asimismo tenía pretensiones globales, se quería acabar con todos los judíos de Europa y tras conquistar Europa borrarlos del resto del mapa.

También fue un genocidio total. En la primera definición de genocidio se hablaba de desintegrar a un grupo, no necesariamente de exterminar a todos sus miembros, como individuos. En la Shoá el objetivo era matar a la totalidad de los judíos y bastaba con tener un abuelo judío para ser considerado judío.

Por estas causas es considerado paradigmático dentro de los genocidios, único en su tipo.

Para finalizar, si bien la Shoá es un genocidio único,  esto no disminuye la importancia de los otros genocidios o de otros crímenes horrendos que la humanidad ha vivido. Los sufrimientos no pueden ser comparados y todas las víctimas de este tipo de crímenes merecen nuestro mismo respeto y solidaridad.

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