Todos tenemos historias y todas las historias comienzan,

y no necesariamente uno las piensa

simplemente empiezan.

 

Algunas como un volcán en erupción

se llevan todo por delante con inconmensurable emoción.

Otras más tranquilas como la brisa

que mueve las hojas de los árboles sin pausa pero sin prisa.

 

Y todas las historias tienen integrantes

que estaban ocultos como cenotes

pero hoy aparecen como nuevos personajes

para llenar mi vida, como las páginas de un diario de viaje.

Hay historias que comienzan condenadas a un final

y hay otras que como agua de un géiser emerge

tienen esperanzas de crecer por su fuerza vital

si uno es inteligente y las cuida y protege.

 

La clave es disfrutar

y también saber separar

para vivir todas las historias

hasta que decidamos

cerrar ese capítulo de nuestro libro de la vida.

 

Yo creo que aún no lo cerré.

Mi mente y mi corazón aún no encontraron

entre el yuyo aquella espiga

de trigo que haga que decida

empezar a escribir otro tipo de historias.

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