Hace tiempo que no escribo sobre los intercambios, la multiculturalidad y temas que me retrotraen a mi periodo en AIESEC, una organización de jóvenes que promueven la paz y el desarrollo humano a través del trabajo en la organización que permite pasantías laborales internacionales, que es la segunda forma de promover el entendimiento entre pueblos y la paz.

Cuando integraba la organización pensaba en estos temas con más frecuencia y reflexionaba y escribía al respecto. Generalmente en otros espacios, no en este que es propio. Reflexiono cada vez menos sobre estos temas porque mi mundo se redujo a la realidad local, mis intercambios son experiencias pasadas que a veces pareciera que las vivió otra persona, y en cierto sentido si las vivió otra persona, porque cuando uno se va de intercambio, nunca vuelve. Vuelve una persona diferente, que se parece en aspectos a la que fue, y que quizás físicamente pienses que es la misma, pero esta cambiada.

Mi mundo y realidad se redujo a lo local pero no por eso se empobreció. Los nuevos desafíos, como encarar un trabajo de forma adulta, ser el encargado de guiar mi propia educación (elegir que estudiar, en que tiempos, y donde) y el subsecuente desarrollo laboral, el trabajar en una organización con adolescentes y a través de lo que hago sanar viejas heridas. En esto no me extiendo porque quienes me leen a menudo saben que estoy hablando del bullying y como hablar de la discriminación con adolescentes en el Proyecto Shoa me ayudo a reconstruir mi propia historia y reconciliarme de alguna manera con ella.

Volver a encontrarme con amigos tan queridos que conocí en mi intercambio en Brasil hizo que volviera a pensar un poco en el valor de vivir y conocer otras culturas y en como el corazón queda dividido en muchas partes cuando construís un poco de tu historia afuera de Uruguay. En algún momento escribí específicamente sobre este punto. Es ineludible en cualquier experiencia de intercambio dejar una parte tuya en el otro país y llevarte una parte de ese país contigo en el corazón. Siempre dan ganas de volver, pero a la vez de poder vivir en el país. Y uno tiene la certeza de que al volver, el mundo siguió girando y las cosas no quedaron como cuando dejaste de vivir allí.

Uno de los reencuentros me marca eso. Una persona que quise mucho, que no se si ame en profundidad como a mi ex novio, del cual hablo largo y tendido en este blog, pero que sin dudas fue importante, viene a Uruguay, con su pareja y me quiere ver. Si bien vamos a vernos y estoy seguro que en el momento en que lo vea todo va a estar bien y lo que va a primar es el cariño por ese tiempo vivido, genera en mí, cierta incomodidad.

Igualmente estos reencuentros que están pasando esta semana y en las anteriores con tantas personas que pertenecieron a mi etapa de vida en la que AIESEC jugaba un rol fundamental y también de mi intercambio a través de AIESEC en Brasil me tocan en un momento de florecimiento personal y laboral. Estoy trabajando en un buen lugar, re-enfocando mi carrera académica para poder crecer en esta empresa sin dejar de lado mi vocación y a la vez a nivel personal estoy reconciliado conmigo después de mucho tiempo de castigarme por el fracaso en una relación con alguien que yo sentí perfecto para mí. Incluso aparecen perspectivas interesantes con otras personas que tengo que conocer más para saber si podríamos comenzar a escribir una historia en conjunto.

Es ayuda. Porque la gente que uno conoce a traves de AIESEC en general es gente inteligente y con grandes talentos y capacidades. Entonces tiene historias de vida interesantes. Son emprendedores, exitosos y alegres. Seguro algunos tendrán demonios por atrás, como yo que tengo talento y soy inteligente pero durante mucho tiempo estuve trabado, pero cuando uno mira la superficie, y en reencuentros breves con amigos que viven en otro país uno cubre las cosas más importantes en la carta de vida del otro, y en cierta forma se queda en la superficie, pareciera ser que son imparables, invencibles, y cuando uno no está en un buen momento, al menos a mí me pasa, se siente el patito feo de la fiesta, el fracaso más grande del siglo.

Uno se siente Gigli o Glitter, las películas que hundieron a Mariah Carey y a J.Lo y Ben Affleck. Pero los tres, luego de esos fracasos volvieron con fuerza, e incluso mejores. Ben Affleck se volvió un actor y director dignos de respeto, Jennifer López en una Zarina que abarca grandes partes del negocio del entretenimiento y Mariah tuvo singles tan exitosos como We Belong Together, cuyo éxito es indiscutible.

Es bueno tener a mano esta referencia, para darnos cuenta de que por más vergonzosa que sea la caída, siempre se puede volver y, volver mejor.

Al encontrármelos en un momento bueno de mi vida puedo disfrutarlo al reencuentro de forma más relajada. Muchos fantasmas se fueron. Al dejar la organización, deje el contacto con las personas que conocí allí. No de forma completa porque al estar desde los 18 en AIESEC, muchos de mis amigos mas cercanos fueron parte de la organización. Pero si el trato fue mucho menor. Quizás era la vergüenza por haber sentido que fracase en ese aspecto. Quizás era mi propia depresión que me jugaba malas pasadas. Pero lo cierto es que era reticente a volver a verlos. Y después de verlos y charlar un rato me di cuenta de que eran mis amigos por un motivo y de que integraban AIESEC por un motivo. Compartimos muchos valores, somos un tipo de gente determinado y si bien hay grandes diferencias entre nosotros, también existen cercanías innegables que hacen que entre al menos algunos de los ex miembros, existan bases para lograr una amistad.

En los reencuentros nos redescubrimos y también descubrimos cosas nuevas de los otros. Como ideas políticas que cada uno tiene, algo que nunca discutimos en el seno de la organización. Vemos similitudes y diferencias y nos conocemos de nuevo, sin ese marco institucional y siendo ya más adultos.

Volviendo a los reencuentros con los extranjeros, es impresionante como el idioma crea realidades. El lenguaje y las barreras que no saberlo trae consigo crean formas de vincularse. Y de hecho cuando en tu mente el idioma esta, después de un tiempo de escucharlo o intentar hablarlo, vuelve a estar fresco. Muchos de mis pensamientos en este fin de semana fueron en portugués. En cierto sentido me adentre en otra cultura, con otras realidades. Al hablar español con ellos, no lo hablaba como lo hablo con mis amigos. Es un español neutro, y al serlo, también muchas de las cosas de las que hablamos dejan de tener determinado significado. Al hablar de política uruguaya uno habla y presenta el panorama de manera distinta a cuando uno lo discute con otro local.

Por eso es bueno animarse a reencontrarse con gente con la que vivimos grandes momentos de nuestra existencia. Si bien esos momentos son parte del pasado y no es bueno vivir de recuerdos, con personas con las que construimos nuestro pasado y que integran nuestros mejores recuerdos, es probable que sea posible construir presente y futuro. Por algo los elegimos una vez. Por algo nos eligieron una vez. La clave del reencuentro es compartir el presente con la otra persona, además de recordar con amor el pasado que los une.

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