Quienes lean este encabezado y conozcan mi historia con AIESEC quizás piensen que es increíble que titule algo así, cuando fui un miembro de AIESEC durante tanto tiempo y tan convencido de su poder para impactar positivamente en la vida de otros. Otros puedan pensar que por mis vaivenes en la organización hoy escribo desde el resentimiento, e incluso pueden pensar que es increíble que a un año de haberme ido siga resentido.

Lo cierto es que si bien en mis últimos tiempos dentro de la organización yo tenía diferencias de ideas con otros miembros y que seguramente si me junte con gente que pertenezca a la organización o con ex miembros y nos planteemos cosas tengamos diferencias, no nace del resentimiento el título de esta entrada.

Agradecimiento infinito es lo que tengo para la organización. Entre siendo un niño grande de 18 años y me fui siendo un hombre. Sin embargo, dejar AIESEC fue la decisión más inteligente que tome.

Que yo entrara en AIESEC fue un accidente. A veces pienso eso. Porque en realidad yo estaba en una universidad que no era para mí y vivía una vida que no era la que realmente hoy me identifica. Sin embargo no fue un accidente porque yo tengo internalizados los valores y la visión y misión de AIESEC como propios, para mi vida cotidiana.

En mi tiempo en la organización me metí en muchos proyectos, participe de muchos equipos, incluso dirigí uno. En muchos de esos momentos sentí que fracasaba y de hecho así era. Sin embargo de tanto fracaso, de tanta exposición a nuevas ideas, nuevas personas, e instancias de pensarme a mí mismo, mi carrera y mi vida personal, surgió un crecimiento y una introspección que yo no solía tener. Todo eso me hizo pensar de nuevo que quería hacer con mi vida y darme cuenta que la educación es mi vocación y las relaciones internacionales son simplemente un interés más que tengo. A nivel personal permitió que yo destapara la personalidad que tenía bajo los traumas del bullying. La organización me dio fuerzas y herramientas para seguir adelante.

Pero yo quede prendado por los AIESECos exitosos, por aquellos que lideraban y hacían cosas increíbles dentro y fuera de la organización. Y quería ser uno de ellos. Pero lo que para mí es éxito, no se puede medir bajo esa vara. Yo creo en el impacto directo en la sociedad, en el trabajo de campo, en la educación, y el impacto de AIESEC suele ser indirecto y las estructuras de forma empresarial. Eso sumado a que mi vida personal era caótica, hacia virtualmente imposible que yo fuese exitoso en los proyectos que AIESEC tiene para ofrecer. O que fuera feliz haciéndolos.

Sin embargo yo estaba decidido a tener una revancha y demostrar que soy tan capaz e inteligente como cualquiera de los líderes de AIESEC. Y buscaba una nueva y una nueva y una nueva oportunidad de probarme a mí mismo y a los demás. Y en realidad no tengo que probarle nada a nadie.

Además sentía que como no había alcanzado ciertas posiciones jerárquicas me quedaban cosas por aprender y experiencias por vivir que tenía que vivir en AIESEC.

Si bien es cierto que AIESEC siempre tiene un desafío más grande para que uno asuma y enseñanzas que vienen con el cumplimiento de esos desafíos no es el único lugar para aprender esas lecciones. Ni la forma de aprender que ofrece AIESEC es la única forma de aprender. Y quizás no sea el más adecuado para uno. Uno tiene que saber involucrarse y tomar desafíos pero también tiene que saber cuándo es momento de irse. Y yo no lo sabía. No lo sé. Me cuestan las despedidas.

Pero las despedidas son nuevos comienzos. Y esos aprendizajes que no obtuve en AIESEC los obtuve y obtendré en esos nuevos comienzos que empezaron cuando y porque yo ya no pertenecía a la organización.

Encontrar nuevos marcos, nuevos grupos de pertenencia, nuevos desafíos en los que uno use el bagaje aprendido en la organización pero también sean más acorde a lo que uno quiere que su futuro sea es un placer. Sobre todo después de un tiempo de estar desvinculado uno descubre cuanto aprendió y cuan útil es el aprendizaje y la experiencia de AIESEC. Pero no necesariamente lo que uno piensa en el momento que está en AIESEC que va a ser útil es lo que realmente es útil en el futuro. De hecho durante un tiempo muchas veces pensé que la experiencia en AIESEC realmente no me dejo aprendizajes diferenciales a la hora de encarar los desafíos que la vida presenta.

Pero eso no es cierto. Me dejo muchas cosas a nivel personal y profesional. A cada quien le deja cosas diferentes porque cada experiencia dentro de AIESEC, si bien tiene un modelo es diferente. Yo participe de tres de los cuatro programas que ofrece AIESEC. Fui líder, fui miembro de equipos y fui pasante en un programa de pasantías de desarrollo global. Me falta una pasantía internacional en una empresa y tengo toda la experiencia que se supone que AIESEC ofrece. Al menos todos los programas. Quizás algún día lo haga, quizás no. Pero aunque tuviera todos los programas completos, mi experiencia es única e intransferible. La de todos lo es. Puede tener similitudes con otras experiencias pero no deja de tener algo singular y particular que la diferencia de todas.

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