Todos los que me conocen o me leyeron alguna vez saben que integro un proyecto que se llama Proyecto Shoa, memoria y legado del holocausto. Integrar un proyecto como este es algo crucial en mi vida, que me define y que me hace ser quien soy. O quizás por ser quien soy es que integro el proyecto. De todos modos, es importante y significativo para mí la pertenencia al proyecto. No es algo casual.

Empezar a trabajar en un trabajo de 9 horas hace que el nivel de involucramiento disminuya. O eso pensaba yo.

Cuando entro al trabajo un día, delante de mi veo a una mujer con una mochila con tres pins de los que entregamos en los talleres. La corrí para preguntarle, quizás era una estudiante de un liceo nocturno, o la madre de un alumno que recibió el taller y al comenzarlo en su casa, quiso tener con ella los pins porque también se sintió conmovida por el mensaje del proyecto. Me conto que era amiga del chofer del proyecto y que le gustaron los pins un día que los vio.

Al comentar esto en Facebook en un grupo que tenemos todos los integrantes del Proyecto, Alejandro (el chofer) completa la historia diciendo que esa mujer comenzó su interés al ver los pins, porque les parecieron lindos. Porque lo son. Pero luego Alejandro le conto la historia e incluso leyó un libro en el cual gran parte de la actividad se basa. Esa mañana sentí que el proyecto estaba más cerca de mí que los otros días que había venido a trabajar. Y también al conocer toda la historia de la mujer con la mochila y los pins, de que todos los que integramos el proyecto, en el lugar en el que estemos, estamos convencidos del mensaje que trasmitimos y estamos dispuestos a educar dentro y fuera de los talleres sobre la temática, promoviendo la no discriminación.

Y en la tarde al subirme al ómnibus veo a una chica, definitivamente una estudiante de secundaria con un pin en su mochila, y al mirar por la ventana veo institutos a los que yo en algún momento fui a dar talleres. Ahí me di cuenta de que a pesar de que estoy menos involucrado, haciendo menos talleres, yo ya deje mi huella que es una de tantas en una costa que se las lleva y las difumina, pero como seguimos caminando vuelven a aparecer en arena nueva.

Además mi participación comenzó a ser desde otro lugar. Al tener tres años en el proyecto ya tengo experiencias que puedo compartir con gente que recién comienza. También puedo elegir seguir educándome en las temáticas para aportar desde el conocimiento otras cosas. Y cuando finalmente ya no pueda seguir aportando nada al Proyecto, todo lo que aprendí se va conmigo al nuevo lugar en el que este e indudablemente eso será un diferencial a la hora de trabajar en ese nuevo espacio.

shoa

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