Lucho pero me invade

una nostalgia de algo de ínfimo.

Ínfimo porque lo tuve sólo un momento

y lo dejé irse de mis manos

como arena que se deslizó entre mis dedos al indomable viento.

 

Esa pesadumbre en el corazón

que lucho para que se vaya de adentro con gran tesón

no claudica porque de nuevo me ilusioné

y demasiado rápido me quemé.

 

Pesados siento los hombros

y pesada la espalda

y hasta pesado es tener abierto los párpados

coronados de pestañas infinitas

que aún más triste aspecto le dan a mi semblante.

 

Pero lucho.

Quizás porque pienso que es pasajero.

Quizás porque mi corazón viajero

encuentre otros horizontes.

 

No sé porque.

Y ¿acaso importa?

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