Esta película pareciera haber surgido en el mejor de los momentos como una oda al entendimiento entre la gente que pareciera estar en posiciones diametralmente opuestas.

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La película comienza en un momento fundamental de la vida de los jóvenes israelíes, el momento de su servicio militar obligatorio. Cuando está a punto de comenzar el servicio militar en el ejército israelí, Joseph recibe una terrible noticia: fue intercambiado cuando sólo era un bebé con Yacine, un niño de origen palestino. Esto trae enormes consecuencias en su vida. Será entonces cuando las dos familias tengan que volver a considerar sus valores, sus identidades y convicciones.

Las personas a los que siempre había tomado como padres no lo son, su judaísmo a nivel sanguíneo no es tal, sus convicciones flaquean, y muchísimos acontecimientos se desarrollan en un periodo de menos de dos horas, donde no pude parar de llorar, reir y admirar la belleza de algunos de los actores, y lo melodioso de escuchar una película hablada en varios idiomas a la vez (francés, árabe, hebreo e inglés).

Debido a un error del pasado, dos jóvenes de la misma edad (uno israelí y otro palestino) descubren que fueron intercambiados al nacer. Tras esta sorprendente revelación, sus dos familias se verán obligadas a reconsiderar sus respectivas identidades, valores y convicciones.

La cinta, de origen francés fue dirigida por Lorraine Lévy, quien es responsable de cintas como ‘Mes amis, mes amours’, que cuenta en su reparto con Emmanuelle Devos, Jules Sitruk y Mehdi Dehbi. Si bien tiene sus peculiaridades, la temática no es, para nada original. La premisa no es nueva -algo de eso hay también en clásicos como El príncipe y el mendigo (Mark Twain) o La comedia de las equivocaciones (William Shakespeare).

En la también reciente De tal padre, tal hijo (2013), Hirokazu Kore-eda contaba en su elegante forma la historia de una pareja cuyo bebé había sido intercambiado al nacer. El error es descubierto seis años más tarde y los protagonistas deben tomar la decisión de recuperar a su hijo biológico o seguir criando al mismo que hasta ese momento. En El hijo del otro encontramos otro caso idéntico de confusión de bebés, ambientado en Israel y descubierto muchos años más tarde: cuando, como contábamos antes, sin tantos detalles, el joven israelí Joseph se hace unas pruebas médicas para entrar en el ejército descubre que al nacer fue cambiado accidentalmente por Yacine, hijo de una familia palestina que vive en los territorios ocupados de Cisjordania. Por ende, este dilema que manejaba Hirokazu Kore-eda no se encuentra presente en El Hijo del otro, dado que los jóvenes tienen casi 18 años caudno esto se descubre, aunque en una escena es brevemente mencionada la cuestión.

Esta película cuenta con transparencia narrativa cómo afecta el descubrimiento a las dos familias, los israelíes y los palestinos. Debemos tener en cuenta no solamente el hecho de que nuestros padres y nuestras familias y nuestras religiones y nuestro pasado crea nuestra identidad sino tambien que cuando ese castillo de naipes se cae, es sustituido por la identidad de una familia a la que hasta ese entonces habíamos tomado como parte del grupo enemigo. Durante toda la vida, estos jóvenes vivieron en un mundo donde los otros eran los israelíes y ellos los palestinos, y viceversa, en guerra y conflicto. Ambos tienen conocidos e incluso familia muerta en ese conflicto.

Si bien podría ser calificada de melodramática o sentimental, dada la calidez de las imágenes fotografiadas por Emmanuel Soyer, creo que es esto lo que humaniza la historia aun mas y por consecuencia también humaniza el conflicto entre Palestina e Israel.

La cineasta francesa logra con éxito dar dimensión y realidad al proceso de aceptación de los Silberg (Emmanuelle Devos y Pascal Elbé) y los Al Bezaaz (Areen Omari y Khalifa Natour) a la nueva situación familiar, mientras sus respectivos hijos lidian con la comprensiva crisis de identidad que acaba de golpearles. Pero la película nunca adopta un tono conflictivo salvo por cierto suceso violento arbitrario y gratuito hacia el final que no cambia en sustancia a la historia. Se prefiere implicar al espectador en la crisis de los personajes a través de la convivencia con sus rutinas, espacios y amigos. Quizás me gustó tanto la película porque la directora rehúye tanto al dramatismo que la película se encamina hacia algo parecido a un cuento de hadas, con un final feliz. No reflexiona tanto sobre las fuerzas de la cultura, el ambiente familiar y la herencia genética en la formación de la identidad personal de cada uno de los muchachos que viven en uno de los lugares más geopolíticamente conflictivo del mundo. Se convierte de esta manera en un canto hacia la integración por lo que la película tiene un reconfortante valor pedagógico que sirve como catalizador para conversar sobre estos temas, y reflexionar sobre la importancia del amor por sobre otras cuestiones. De todas maneras, hay que aclarar de entrada que la directora maneja la cuestión con bastante elegancia y recato, sin caer en la bajada de línea.

Muy recomendable.

Ficha técnica:

Título Original: Le fils de l’autre País: Francia Año: 2013 Género: Drama Duración: 105′ Calificación: +9 años Dirección: Lorraine Lévy Protagonistas: Emmanuelle Devos- Pascal Elbé Elenco: Jules Sitruk – Mehdi Dehbi – Areen Omari – Khalifa Natour

 

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