La película trata de Bettie, una mujer de sesenta y pocos años, que descubre que su amante la ha abandonado y que el restaurante familiar peligra. Se pregunta: ¿Qué hacer con su vida? Sube al coche con la idea de dar una vuelta por el barrio, pero el paseo se convierte en una escapada en la que surgirá lo inesperado: una gala de ex-misses Francia, el reencuentro con su hija y su nieto, y quién sabe si encontrará el amor al final del viaje. Un nuevo horizonte se abre ante ella.

ella se va

Bettie es Catherine Deneuve quien vuelve a encandilar con una sutil paleta de infinitos matices en esta bella y emotiva road movie francesa.

Ampliando en la trama, al comienzo de la película una contenida Betty finalmente se vuelve loca: en un mismo día se entera de que su viejo amante la abandonó y que el hostal de provincia que regentea desde siempre tiene que declararse en quiebra. Además, debe lidiar con su madre, que la acosa con sus perpetuos intentos de culpabilizarla. Así que, sin pensarlo dos veces, se sube a su auto y sale a la ruta, donde improvisará su destino y se reencontrará con su pasado.

Bettie está mal y su malestar no proviene de los problemas ya mencionados (el abandono de su amante, o la crisis en su restaurant) ni de que cada vez le quede menos paciencia para tolerar que su mamá se dedique a cargarla de culpas. Sin embargo parece que la suma de motivos es suficiente para que de buenas a primeras se monte en su viejo Mercedes y salga a la ruta sin destino fijo. No va en busca de nada, sólo quiere irse, huir de esa vida que lleva sin pensar en nada. Salvo, claro, en los cigarrillos, que le son indispensables y se le han acabado justamente un domingo, cuando parece que no hay nadie que los venda en toda Bretaña.

En fin, es sólo el comienzo de esta especie de road movie a la francesa concebida y realizada en homenaje a Catherine Deneuve. La búsqueda de tabaco continuará y torcerá varias veces el rumbo para recorrer una infinidad de rincones del interior francés, preferentemente los más alejados de las tarjetas postales, y cruzarse con los más variados personajes, de un charlatán seductor a un guardia nocturno que la protege de la lluvia o a un grupo de mujeres que la invitan a compartir la diversión en un club nocturno de provincias.

El viaje no termina allí, porque como todo sucede en esta cálida historia imaginada por Emmanuelle Bercot y Jérôme Tonnerre cada situación la envía a la siguiente. Tampoco para hasta el final la incorporación de nuevos personajes, mientras todo sigue girando en torno de Deneuve, y de los sucesivos cambios que experimenta su Bettie. La icónica y admirable actriz tiene oportunidad de expresar una abundante variedad de sentimientos y, seguramente, de afianzar todavía más la admiración y el cariño que el público (no sólo el francés, sino del mundo; yo soy uruguayo y solo fui a ver esta película por la cara de Catherine Deneuve) le demuestra.

Entre los que se lucen a su alrededor se destaca a Claude Gensac (la madre); al chico, Nemo Schiffman, hijo de la directora y el director de fotografía, y a Gérard Garouste (el abuelo paterno), que no es actor, sino un renombrado artista plástico.

Está hábilmente escrita y llena de giros dramáticos que la dotan de una gran originalidad. Estas son las características más encomiables del guión de la nueva película de Emmanuelle Bercot. La originalidad, sin embargo, no se encuentra tanto en la historia que narra (que siempre adivinamos, más o menos, adónde nos puede llevar, como en algunas novelas o en las comedias sentimentales: los seres que se pelean terminan siempre uno en los brazos del otro), sino en la forma en que está construido el relato,y como de a poco cada pieza cae en su lugar.

La película transmite esa bella idea de la comedia: siempre existe la oportunidad de recuperar nuestra vida, de ser exitosos donde antes se fracasó para intentar arreglarlo o enmendarlo. En eso está Betty, y como Betty, todos nosotros hemos estado en esos lugares independientemente de neustra edad. Betty, en esta oportunidad esta armada con la habilidad que procura la experiencia. Así, se encontrará con su hija (con quien tenía una muy mala relación), se convertirá en abuela, y se volverá a calzar su viejo vestido de Miss (para una reunión, cuarenta años después). También, claro, se enfrentará de nuevo a los hombres.

Emmanuelle Bercot que también es actriz de comedia se rodeó de una compañía de actores de orígenes diversos, del teatro al cine comercial, incluso pasando por la canción que funciona a la perfección ya que se siente la alegría y lo “familiar” en esta historia de familia disuelta.

Finalmente, la gran idea del film es haber confiado el papel protagónico a Catherine Deneuve, y aprovechar eso para trazar su retrato en el presente; filmar su cuerpo hasta en el menor de sus detalles: su mano teniendo un cigarrillo, sus tobillos, ese pequeño gesto nervioso que siempre tuvo y que consiste en posicionar su labio superior sobre sus dientes, su encanto infinito, sus arrugas, su frondoso cabello, su sexualidad a los setenta años.

Una de las más bellas escenas de la película, emblemática en su conjunto, es también una de las más inesperadas: en busca de un atado de cigarrillos, Betty se deja invitar por un señor entrado en años a fumar uno en su cocina. La escena dura el tiempo necesario para que el hombre logre, pese a sus temblores, armar el cigarrillo. Deneuve es enorme cuando logra en su actuación casi silenciosa expresar una gran variedad de sentimientos, que van desde la ligera irritación a la paciencia, pasando por la indulgencia, el pequeño desagrado (así, sin más) y el agradecimiento, con una simplicidad infinita, sin efectos, sin sentimentalismo.

¡Muy recomendable!

Ficha técnica:

Título: Ella se va (Elle s’en va, Francia/2013).

Dirección: Emmanuelle Bercot

Guión: Emmanuelle Bercot y Jérôme Tonnerre

Fotografía: Guillaume Schiffman

Edición: Julien Leloup

Diseño de producción: Eric Barbosa

Elenco: Catherine Deneuve, Nemo Schiffman, Gérard Garouste, Claude Gensac, Mylène Demogeot, Paul Harry

Distribuidora: CDI

Duración: 113 minutos

Calificación: apta para todo público

70 años de Catherine Deneuve

La actriz francesa Catherine Deneuve fue la inolvidable rubia de la película “Belle de jour”, y para la enorme mayoría sigue siendo el rostro del cine francés sin desmerecer a otras figuras que han aparecidos a posteriori.  Con motivo de la película que ya describimos vamos a recordarla. De hecho como mencionábamos, su cabellera dorada es aún frondosa y sensual, como lo demostró su último film.

“Es bella como la Muerte, y fría como la Virtud”, dijo de ella Luis Buñuel, el director que a pesar de su relación difícil con la actriz la hizo mundialmente famosa al dirigirla en Belle de jour, donde fue una “señora bien”, poseída por sus fantasías eróticas, que una tarde decide ir a trabajar a una casa de citas.

“No es fácil aceptar que se está envejeciendo, claro. Y mucho menos para una actriz. Sin embargo no es una obsesión para mí. Todo puede ocurrir aún. Hay historias de amor que ocurren en las pensiones de ancianos. Los viejos también se enamoran”, declaró recientemente Deneuve. Para Deneuve los años pasaron como pasan para el buen vino, la han vuelto fascinante, con cuerpo y contextura, con más complejidad. Mucho más interesante como actriz que la joven que comenzó.

Y de hecho es actriz por casualidad. Su encuentro con el séptimo arte ocurrió cuando tenía 20 años con Jacques Demy, que le ofrece el papel principal en Los paraguas de Cherburgo, que la propulsa al rango de estrella de cine.

A partir de allí y gracias a su belleza fría pasa de actuar en grandes producciones a cines de autor para los más grandes del cine. En total participó en unos 120 películas sin jamás alejarse de la pantalla en cincuenta años de carrera.

La actriz fue dirigida entre otros por Manoel de Oliveira, Marcel Camus, Dino Risi, Agnès Varda, André Téchiné, Hugo Santiago, Raúl Ruiz y Lars von Trier, entre otros, y lamentó no haber trabajado con Stanley Kubrick, el célebre director de La naranja mecánica.

Deneuve es madre de dos hijos, Christian con el director Roger Vadim, y Chiara, fruto de su amor con Mastroianni. Muy discreta acerca de su vida privada, no pierde sin embargo oportunidad para dar sus opiniones. “Con Deneuve no se juega”, ha dicho Fabrice Luchini. “A ella algo le gusta o no”.

Los setenta años de Catherine Deneuve pueden ser un buen pretexto para recordar, aunque sea brevemente, a su trágica hermana mayor Françoise Dorléac, un año mayor que ella y muerta en un accidente de tránsito el 26 de junio de 1967.

Larga vida a Catherine Deneuve.

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