Dijimos para siempre

y hoy pareciera que vivo un invierno eterno

y hay días que no te extraño y otros en los que ese sentimiento no se desprende

de mi corazón, que añora el momento

en el que fuimos cíclopes

de tan cerca que nuestras miradas estaban.

 

Aún no he recibido

una mirada amorosa como la tuya

que mis ojos pudieran responder con el mismo amor

y que no hagan que ellos huyan

por no poder responder con la mirada el mismo amoroso fervor

 

Hay días en los que me siento tan pequeño

y ruego a Dios para que me digas algo

pero sé que eso no es más que un infantil sueño

del que simplemente no salgo.

 

Nos juramos un amor que parecía eterno

y hoy tengo que vivir con haber renunciado

para vivir el momento más aciago

de mi existencia entera.

 

En ensoñaciones busco la manera

de imposiblemente cambiar el pasado

y por sólo pensarlo me siento osado

aunque termine chocando con invisibles paredes.

 

Y sigo mi camino.

Y sigo con las certezas

de que no me convierto en esa persona llena de entereza

que sería digna de caminar a tu lado.

 

Eso es lo más doloroso.

Vivir a sabiendas de que no sigo un trayecto honroso.

Duele saber que mis pasos,

cada hora,

cada minuto,

cada segundo

me alejan de vos.

 

Y todo eso me hace cuestionarme.

Me interpelo y me miro y me pienso,

¿Soy digno de ser?

Eso constantemente me pregunto.

 

Me siento pequeño como un grano de arena

que vuela sin rumbo en una playa eterna.

 

Ojalá estuvieras.

Ojalá me oyeras.

Ojalá me ayudaras

a encontrar mi camino

y en definitiva

a cumplir mi destino.

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