Arropados por las estrellas

vivimos una de las noches de amor

que quedarán grabadas en mi corazón

y que no puedo olvidar aunque lo intente con verdadero tesón.

 

Lo intento.

Para dejar de sufrir.

Para dejar de sentir.

 

Sueño con esa noche de verano,

con una noche en particular,

de la mano en la playa

donde creamos un improvisado nido de amor,

que iluminamos con la Vía Láctea.

 

Tu piel oscura contrastaba con la mía clara y

la sonrisa en tus ojos,

la alegría saliendo incontrolablemente por tus poros

y mi felicidad que no podía contenerse en mi cuerpo

se condensaron esa noche, en esas paredes de madera.

 

Sueno con esa noche de verano,

que parece que fue en otra vida

que vivieron otros hombres.

 

En esa otra vida la pasión se conjugaba con el amor

para crear en nosotros una sublime composición

de ser muestra viva de que se puede entregar todo

en la arena de la playa

que veíamos infinita como nuestro amor.

 

Cuando pienso en aquel verano,

en el que me dejé abrazar por tu dulzura

y la blanca arena que como lienzo

se tendía ante nuestros pies para que le diéramos forma nuestra historia,

siento un poco de amargura

por el triste final que nuestras plumas de gaviota allí escribieron.

playa

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