Por Fabián Álvarez

Uno está bombardeado constantemente de noticias acerca del conflicto de los extremistas islámicos con respecto a Occidente y con respecto a los judíos pero se olvida que las persecuciones por motivos religiosos no sólo involucran a los musulmanes y a los judíos sino también, nuevamente, a los cristianos. Y los involucra de la misma manera en la que había mártires en los primeros siglos de su existencia.

Este tema lo trajo a la palestra pública la visita del Papa a Albania y los terribles relatos que allí escuchó, pero antes de entrar en la noticia ahondemos un poco en lo que es un mártir y en la situación actual de los cristianos.

Del griego testigo, un mártir es una persona que sufre persecución y muerte por defender una causa, en general religiosa. Por eso es ideal la palabra griega testigo. Los mártires son testigos de sus creencias, dan testimonio de sus creencias. Todos los cristianos tenemos como misión ser testigos, dar testimonio e ir evangelizando con nuestra palabra y acción donde estemos. Creo que en muchas maneras eso trato de hacer.

En el Occidente, de tradición cristiano la palabra mártir tiene connotaciones religiosas porque en general se consideró a un mártir a aquella persona que moría por su fe, siendo muchas veces antes torturada. Los mártires cristianos de los primeros tres siglos después de la venida de Nuestro Señor Jesucristo fueron asesinados por sus creencias, incluso siendo crucificados como Cristo.

Si bien estos mártires son los que gozan de mayor popularidad y son más conocidos entre los cristianos, algunos historiadores como por ejemplo John Fletcher y Alfonso Ropero afirmaron que ha habido más mártires cristianos en el siglo XX que en el conjunto de los diecinueve siglos anteriores.

De hecho esta afirmación tiene sentido, el mundo ha tenido más muertes violentas en el siglo pasado por guerras, hambrunas, genocidios, y una larga de etcéteras que en la mayoría de los siglos anteriores.

Al día de hoy en diversas partes del mundo los cristianos son perseguidos por practicar abiertamente su fe. En estos últimos días unos 100.000 fieles huyeron de Iraq para evitar la muerte.

Su Santidad El Papa Francisco reafirma lo que los historiadores decían de que la persecución contra los cristianos es hoy más fuerte que la que había en los primeros siglos de la Iglesia, y que hoy hay más cristianos mártires que en esa época. (La Vanguardia, 9 de junio de 2014).

Los cristianos perseguidos en Irak y en otros estados radicales del mundo islámico tienen como opción convertirse, pagar o huir… en el mejor de los casos. La situación más urgente es la del ya mencionado Iraq, donde los radicales del Estado Islámico avanzan desde principios de junio, conquistando ciudades y sometiendo a sus pobladores, al mejor estilo cruzadas medievales, pero con la tecnología mortífera del siglo XXI…

Como si fuese la Alemania de los primeros años del nazismo, la primera etapa de amedrentamiento comienza con el marcado de las casas, donde se les pinta la primera letra de la palabra árabe nazarat (que significa cristiano), para luego expulsar a los moradores y ocuparlas.

Muy pocos se convierten, porque gracias a Dios la fe es más fuerte que el miedo, aún menos pagan el elevado diezmo y así miles y miles huyen buscando un destino mejor. El gran éxodo comenzó entre el 6 y el 7 de agosto y fue desde Mosul, que antes era la segunda ciudad más poblada de católicos. Hoy está casi vacía.

En una travesía hacia el Kurdistán, estos cristianos padecen un auténtico Vía Crucis. Si bien la expresión se usa también comúnmente para expresar todo tipo de dificultades que se presentan en la vida, Via Crucis se refiere a las diferentes etapas o momentos vividos por Jesús desde el momento en que fue aprehendido hasta su crucifixión y sepultura. Y digo auténtico Vía Crucis porque ese recorrido es lo más parecido que uno puede vivir a esa etapa de la Pasión de Cristo.

Se enfrentan a una verdadera catástrofe humana que corre el riesgo de convertirse en genocidio. Testigos (Mark Arabo, líder de la comunidad caldea) han declarado a la CNN como el Estado Islámico ha decapitado a niños cristianos en Mosul.

Y el problema no es solo en Mosul. En Ankawa, a las afueras de Erbil –capital del Kurdistán iraquí- llegaron 70.000 cristianos desplazados. Otros 60.000 están en Donhuk.

En el sufrimiento los acompaña el sacerdote misionero argentino Luis Montes que decía que hay niños que mueren en el camino por el sol (recuerda a las marchas de la muerte de la Shoá y a las anteriores marchas de los armenios).

Su declaración sigue y comenta que hay niños que no tienen para comer, que pululan las enfermedades y que el panorama es desolador porque no se sabe que se va a hacer, si las escuelas abrirán. Cierra diciendo que marcas para el futuro tienen todos. La minoría físicas, la mayoría psicológicas y algunos ambas.

Yonadam Kanna, que es el principal político cristiano en Iraq denunció que lo que estaba ocurriendo allí con nuestra gente es una limpieza étnica a lo que el sacerdote argentino coincidió.

No nos olvidemos de los yazidíes, que fueron expulsados de su bastión en Sinjar hacia las montañas de forma brutal y asesina y ahora sufren al sol y sin ayuda. Gracias a Dios son menos que los cristianos, son 5000 desplazados. Pero una vida ya es una vida.

Pareciera que estoy relatando la historia del pueblo judío en algún momento de la historia, pero lo que estoy relatando es lo que le pasa a mis correligionarios cristianos en otra parte del mundo, que durante meses nosotros parecía que ignorábamos felizmente.

Y lo más desconsolador es que la situación no es exclusiva de Iraq. Los mártires cristianos se calculan en unos 70 millones de seres humanos de los cuales 45 millones murieron en el siglo XX y lo que va del XXI (David Barret, especialista en estadística religiosa moderna).

Las principales zonas de persecución son parte de Asia y África y quienes persiguen son los fundamentalistas islámicos en su enorme mayoría, seguidos por los países influidos por el comunismo, teniendo en tercer lugar los países con nacionalismos de corte religioso, también de África y Asia.

Hay una ONG que se llama Puertas Abiertas, que atiende a cristianos perseguidos y todos los años elabora una lista de 50 países sin libertad religiosa. Este año esa lista fue encabezada por Corea del Norte donde está prohibido ser cristiano, seguido por Somalia, donde la condena a muerte es el castigo por serlo.

Ante el creciente sufrimiento de tanta gente, el Papa Francisco hizo varios llamados para la paz en Iraq y nos pidió orar por nuestros hermanos. Y eso hicimos. El viernes pasado en Uruguay hubo una jornada de oración por la paz en el mundo, especialmente dedicada a los cristianos perseguidos por su fe. Porque si bien de ellos es el Reino de los Cielos, aún viven en la Tierra y en condiciones terribles.

En esta misma línea temática salía la noticia de Ernest Simoni, un sacerdote de 84 años que fue condenado a muerte por el régimen comunista albano y que pasó 27 años trabajando en diversos campos de concentración de forma esclava.

Justamente la historia se hizo conocida porque el Papa Francisco visitó Albania y lloró al escuchar el testimonio del religioso franciscano, de pelo blanco, que contó su terrible historia sin inmutarse y con el mismo tono de voz.

Cuando terminó su testimonio, Simoni se acercó para arrodillarse ante el Papa, un gesto de protocolo que Francisco, invadido por su emoción impidió, fundiéndose en un abrazo con el anciano sacerdote. Lo abrazó, besó sumano y volvió a abrazarlo en medio de estruendosos aplausos.

Sin dudas Francisco es un hombre de emoción, pero nunca estuvo tan emocionado. Con sus opjos cerrados, mientras lo abrazaba mantuvo su frente apoyada durante varios segundos contra la del sacerdote mártir y lo estrechó con fuerza.

Luego de otro testimonio terrible de sor Mariie Kaleta, una monja de 85 años también sobreviviente de la persecución comunista, Francisco habló desde su corazón y dijo que si bien leyó durante dos meses la historia de la persecución en Albania, no tenía cabal dimensión del enorme sufrimiento hasta ese momento.  Destacó la memoria del pueblo para con sus mártires. También subrayó que le impactó lo simple de los relatos de los mártires y dijo que su supervivencia era producto de su convencimiento de que Dios es misericordia y fuente de todo consuelo.

Lo que yo me pregunto es ¿Hasta cuándo vamos a matarnos? ¿Cuándo recuperaremos nuestra humanidad? ¿Hasta cuándo vamos a dejar que el mal triunfe? ¿Por qué no podemos vivir todos en el entendimiento y la paz, enriquecidos por la diversidad y la diferencia?

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