imagesCAZ69WFP

Relevante. Esa es la palabra en la que pienso cuando evoco haber visto Tierra del Fuego. Inspirada en un hecho real, es la historia de una ex azafata israelí, víctima de un atentado que decide visitar al terrorista que la ataco, condenado a cadena perpetua en Londres.

Es importante explorar el trasfondo de la creación de esta obra de teatro, para poder entender porque es tan removedora, especialmente en los tiempos en los que vivimos.

Mario Diament, eximio dramaturgo, se basó en el encuentro y el diálogo entre una pacifista israelí y un palestino preso por terrorismo, como ya habíamos mencionado. A raíz de este encuentro construyo una ficción que toca un tema sensible. Y más a pocos días de que la Operación Margen Protector (nombre del último conflicto en entre Israel y Gaza).

Este dialogo representa, quizás la única solución a un conflicto aparentemente imposible de resolver. Al menos es un camino, que si bien pareciera haber sido recorrido, no lo fue de la forma honesta en que la obra lo muestra. Es la única forma de quebrar un círculo vicioso de odio y prejuicios contra el otro. Es la única forma de construir un nosotros y terminar con la otredad, con el ellos contra nosotros.

La historia se basa en un ataque terrorista ocurrido en Londres, en 1978. La tribulación israelí de la compañía El Al se estaba trasladando en un micro del aeropuerto Heathrow al Hotel Europa. Cerca de la entrada del hotel, la azafata Yulie Cohen Gerstel detecto a dos hombres de aspecto árabe con bolsos y sospecha. Alerto a sus colegas y al instante los hombres abren fuego con ametralladoras. Una de las azafatas, amigas de Yulie, muere. También perece uno de los palestinos y el otro, llamado Fahad Mihyi es capturado por la policía y encarcelado.

2

Veintidós años después, Cohen, que participa activamente en organizaciones por la paz, visito en la cárcel al terrorista que trato de matarla, que está condenado a cadena perpetua. Esto es mostrado en la obra, porque justamente fue lo que la inspiro. En esta historia se respira dialogo, perdón y comprensión mutua, terrorista y victima están en el mismo bando, están en el bando de los que quieren la paz.

Mario Diament, como conto en una entrevista, se encontró con esta historia una noche en la que no podía dormir. Prendió la televisión y había un documental sobre Cohen y Mihyi, que en la obra se llaman Yael y Hazzan y quedo impactado con esta historia, por su potencial dramático.

Ese documental es Mi terrorista se llama (2002) y lo dirigió la misma Yulie Cohen Gerstel, que también aprobó el texto de la obra, que Diament le envió.

Era una historia perfecta para ser llevada al teatro. Fue una obra perfecta, hermosa de ver. Al menos para mí, un idealista que está enamorado de la idea de la paz en el mundo, y alguien que está cerca de la colectividad judía.

Diament no está cerca, es parte de la colectividad y como judío esta obra le permite decir muchas cosas y dejar un mensaje positivo.

Reviste interés esta historia, que podría pasar por anecdótica de la vida de dos personas que no conocemos porque está enmarcado en la realidad tan conflictiva que es el conflicto palestino-israelí. Sirve como un espejo donde reflejar aquellos conflictos que tenemos no resueltos. La clave es enfrentarlos, enfrentar nuestros demonios y quebrar ese círculo. Quizás el demonio que tanto odio y temor nos genera es tan humano como nosotros.

Para quienes ya conozcan la historia, la obra teatral contiene elementos que no están presentes en el documental.

El nudo dramático de esta historia se encuentra en el pedido del abogado de Hazzan, quien le pide a Yael –quien ha vivido con el trauma de este episodio desde su juventud, como bien nos cuenta en una parte de la obra- una carta que abogue por la liberación del personaje. Yael se encuentra en un dilema moral. Siempre defendió la paz y el entendimiento, pero no sabe si podrá ser vivo testigo de estas convicciones. Su entorno no colabora. Su padre, su marido y la madre de su amiga muerta no entienden que la motiva a perdonar a este asesino. Estos personajes son un caleidoscopio de lo que ocurre en la sociedad. Son representantes de las distintas perspectivas respecto al conflicto y qué hacer con los criminales terroristas. Pero también son representantes de las distintas posturas que la gente toma frente a situaciones difíciles, a decisiones imposibles, a que roles morales adoptar cuando las papas queman.

Si bien la obra puede calificarse como pro-sionista o pro-palestina, en realidad no lo es. Es una obra moral y equilibrada que muestra con una nueva luz un conflicto del que pareciera sabemos todo y en realidad conocemos muy poco. Del que quizás tenemos muchos datos y poco corazón.

Según Diament, escribió esta obra desde la honestidad y sin casarse con nadie. Esto es notorio al verla porque no podría complacer ni al más acérrimo sionista ni al mayor defensor de la causa palestina. Tiene que ver con su historia. Durante la dictadura argentina, ya arriesgo el pellejo con lo que escribía. Esta obra provoca reflexionar sobre cualquier conflicto. Es una invitación a explorar nuestros valores, a preguntarnos si seriamos como Yael. Yo quiero creer que sería como ella. Yo quiero ser como ella.

En época de elecciones en Uruguay, en esta democracia que tanto queremos, ver una obra como esta nos hace pensar respecto al dialogo y su valor para conservarla sana. A veces tenemos miedo de mirar al otro como a un igual. Es importante escuchar al otro, sin embargo nos da miedo. Nos da miedo destruir quienes somos, como si el otro fuera un germen que se apodera de nuestro cuerpo.

Creo que en parte es eso lo que pasa con los sionistas y con los israelíes en general. No ven que del otro lado hay territorios ocupados y en general se escudan en la autodefensa. Que es muy legitima, pero si existe un derecho de existir para Israel, también existe un derecho de existir de Palestina. No en los términos que plantea Hamas, sino en el entendido de la coexistencia. Esta obra despierta, sin dudas, este tipo de reflexiones.

Parece una necedad que un pueblo tan generoso como el judío no pueda hacer la paz con Palestina. En la identidad judía se encuentra la lucha en contra del racismo y la discriminación. Ya en la historia, con ejemplos como David y Goliat, el judío estuvo del lado del más desvalido. Hoy el pueblo palestino (mas allá de las consideraciones que me merece Hamas) es el más desvalido. Pero se entiende la postura israelí de defenderse a como dé lugar. Esta situación no tiene justificación alguna salvo la necedad de los líderes de ambos bandos, las malas políticas emprendidas durante demasiados años, la falta de voluntad, la mediocridad como seres humanos.

Sin embargo hay muchos esfuerzos de convivencia, justo como muestra la obra. Grupos de familiares de ambos bandos, colaboraciones artísticas y culturales para terminar con la violencia. Da para pensar si el gobierno israelí se siente cómodo con el estado de las cosas. Da para pensar porque personas como Yael buscan respuestas desde lo individual.

Como dice Yael: “Fuimos capaces de hacer la paz con los alemanes y no podemos hacerla con los palestinos”.

Eso lo expresa todo. Muy recomendable.

imagesCA6S53VL

Ficha tecnica:

 

Título Original: Tierra del fuego Año: 2014 Género: Drama Autor: Mario Diament Dirección: María Varela Elenco: Marina Rodríguez – Marcos Zarzaj – Massimo Tenuta – Claudio Lachowicz – Silvia García – Dardo Delgado Localidades: $ 250. Tarjeta Joven y jubilados $ 120. Socio Espectacular gratis.

Próximas funciones:

Sábado 27 de Setiembre 21:00 Domingo 28 de Setiembre 19:00 Sábado 4 de Octubre 21:00 Domingo 5 de Octubre 19:00

 

Anuncios