Hace una semana mi más incondicional amiga iba a cumplir sus 25 años y en su estilo aburrido, lleno de desidia decía que como cumplía un lunes no pensaba festejar su cumpleaños. Ante tal afirmación no pude hacer otra cosa que comenzar a conspirar en su contra, como si fuese su Paulo Coehlo o su universo, como quieran. Con dos amigas más en común empezamos a planificar de que forma podíamos sorprenderla.

Ella es la persona perfecta para hacerle un cumpleaños sorpresa. Todos sus amigos nos son conocidos, porque es un poco chúcara o tímida. Creo que me quedo con chúcara, que es una forma peculiar de decir asquerosita, distante y todas esas cosas feas que la hacen deliciosamente encantadora.

Es que ella tiene una forma muy peculiar de demostrar su amor. Conmigo su forma ha sido estar siempre… siempre para recordarme que hablo francés como un africano, que puedo vender mi cuerpo como acompañante de lujo en caso de que no consiga trabajo, etc. Hablando en serio, de verdad está siempre, como una sombra, como un acosador, como mi gata Samantha, como Taylor Swift en las redes sociales #ForeverAndAlways. Siempre.

Y con estas dos amigas decidimos que íbamos a hacerle una fiesta sorpresa. Nada de estruendos. Una linda cena en un restaurant semi-paquete de Punta Carretas. Una hizo las reservas, la otra compró el cotillón y la torta y yo el regalo y contactar a los amigos.

Con el regalo empezaron los problemas, los reclamos, los llantos y los ataques de histeria. Es que cuando se trata de moñas y tarjetas, y de elegir el regalo perfecto, a veces soy aún más perfecto que de costumbre. Y se me olvidó extender la invitación a que viera mi perfección en acción a una de mis amigas, porque la otra pidió exclusivamente que la liberara de esa tortura que es ir al shopping a comprar un regalo. En especial en una de las festividades judías donde casi todas las tiendas están cerradas excepto Zara, que tiene una larga tradición de ropa inspirada en el nazismo y que por eso “amamos tanto”.

Luego, la parte de los amigos. Eso generó problemas de comunicación. Algunos no podían ir y otros no entendían si ya Carla no tenía planeada su habitual reunión por su cumpleaños, que todos sus amigos tenemos marcado de forma indeleble en nuestros corazones y nuestra agenda de eventos anuales. Y por último el gran problema: olvidarse de alguien. Una de mis amigas me dijo, “¿Carla se sigue llevando con Florencia?” Y yo pensaba “¿Quién es Florencia?”. En un segundo mi mundo parecía derrumbarse porque sentía que no sabía nada de Carla. ¿Quién era esta persona que se hacía pasar por mi amiga y tenía a alguien en su vida que YO no conocía? Como el huracán apareció de la nada, de repente se fue. Mi amiga me dijo “Floria” y ahí quedó todo entendido. Nunca en la vida a Florencia le dije Florencia, sino que siempre fue Floria y sí, efectivamente me había olvidado. En la ansiedad y el apuro, la memoria te juega malas pasadas. Por suerte Ileana no se olvidó.

Superando ese escollo llegó el gran día.

Todos tratamos de que ella no se achicara y fuera a la cena, aunque al principio fuera una cena ramplona con dos o tres de sus amigos. Nada especial y demasiado temprano para los horarios que Carla maneja.

Como conocemos sus horarios insistimos con que llegara a tiempo. Nueve y media le dijimos porque sabíamos que a las diez llegaría. Dándole tiempo a todos de allí estar para sorprenderla.

Y tanto insistimos con que llegara a tiempo que llegó, por primera vez en seis años de amistad temprano. Y nadie estaba ahí.

Podría haber sido un fiasco pero Floria rápidamente llegó para salvar la situación. Los invitados llegamos lentamente para ocupar esa mesa. Y todos estábamos allí. Y se veía feliz.

Y luego de sorprendernos por su celeridad al llegar, llegaron las confesiones. Aparentemente en su vida hay un nuevo amor, del que nadie sabía nada. INCLUSO YO QUE LA HABÍA VISTO EL DÍA ANTERIOR. Eso me fastidió. Yo le conté todos los pormenores de mi vida, incluso los sexuales, ante la insistencia de ella. De ella por preservar sus oídos de tanta información. Y no es capaz de contarme avant premiere este tipo de noticias.

Pero me recompensó semi sonriendo ante sus regalos perfectos. De talle, de estilo, de todo.

Y aunque todo saliera imperfecto, fue una velada perfecta.

con floria

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