En estas cadenas de desafíos de fotos y testimonios que surgen en Facebook una gran amiga que conocí en AIESEC me desafió a escribir por qué fui parte de AIESEC.

En realidad la pregunta estaba formulada en presente y eso me sorprendió. Porque yo soy un alumnus -y ella también- de la red de AIESEC. Pero una vez que estás en AIESEC, basta con sentirlo para ser siempre un AIESECo. Y yo de verdad lo siento.

Al cerrar mi experiencia, al menos temporalmente porque hasta los 30 años puedo hacer un intercambio… sentí que yo era un accidente dentro de AIESEC. No tengo un perfil clásico dentro de AIESEC pero tampoco tengo otras palabras que de agradecimiento para la red.

Reflexionando, mis intermitentes cinco años dentro de AIESEC me ayudaron a contruir -es verdad, a los golpes- quien soy hoy.

Entonces… ¿Por qué estoy en AIESEC Uruguay?

En gran parte por casualidad. Vi un afiche y pasé todo el proceso de selección sin realmente saber en lo que me metía. Como la mayoría de los que entramos en AIESEC.

Por causalidad. Estaba escrito en el cielo. Era parte del destino. Era providencial. Porque Dios lo puso en mi camino… aunque en AIESEC no se habla de Dios, pero yo estoy seguro que Él lo puso en mi camino para que me descubriera a mi mismo y pudiese encontrar un destino.

Porque me permitió conocerme a mi mismo y conocer a personas que ahora son parte de mi historia.

Me permitió dar vuelta la página después de una adolescencia y una infancia dificil.

Me permitió convertirme en un ciudadano del mundo y descubrir mi fuerza en mi debilidad. Me permitió reír hasta llorar y que esas lágrimas se convirtieran en los cristales de un caleidoscopio que me mostraron el que la vida es un arcoiris. Completamente impredecible pero hermosa.

Porque me permitió animarme a soñar con cambiar el mundo, porque encontre compañeros que sueñan lo mismo.

Porque me dió las primeras herramientas para hacerlo y la inspiración para seguir peleando por un mundo mejor.

Porque me permitió encontrar mi lugar en el mundo y hacer del mundo mi casa.

En definitiva, AIESEC fue la primer pluma con la que empecé a escribir la historia de mi vida. O quizás era la tinta. Creo que un poco de ambas.

AIESEC

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