A veces no puedo evitar escribir líneas cotidianas

que solo vuelan como mariposas que rompen sus crisálidas

cuando las leen esos ojos marrón con un bello destello de verde

en quien están inspiradas.

 

Palabras en mi mente se agrupan para describir lo que siente

aunque ya me delata más que estas líneas el brillo en mis ojos cuando lo miro,

cuando lo miro con ojos que entregan más emoción

que lo que pueda sentir alguien leyendo lo que escribo.

 

Él dice que está aprendiendo a dejarse querer

¿no es curioso es que yo piense lo mismo?

Me pregunto si se lo dije.

Me pregunto si lo sabe.

 

Hasta ahora quererme era rojo valentino…

Apasionado.

Hermoso.

Daniño.

 

Animarse a quererme es rojo valiente

como el fuego que sentí cuando ayer sus manos en mi espalda pasaba

y también rojo como como el Sol en su cenit.

 

A su lado a veces parezco un océano de hielo

porque él está queriéndome como un volcán en erupción

Y yo lo miro perezoso como un hiposaurio bostezón

hasta que decido despertarme para sentir este amor.

 

Decido despertarme para vivir esta historia de sueños imposiblemente infinitos.

¿Imposibles o posibles?

Imposibles como aviones de papel volando en plena tormenta

que desafiantes me hacen preguntar si hay chances de resistir un vendaval.

 

Y por alguna razón me siento seguro.

Quizás porque las fotos borrosas que el otro día capturé

parece que con los días van ganando nitidez.

 

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