Un domingo en el que el tiempo parecía no moverse

con renovados ojos comencé a verte

y con esa nueva mirada te confesé temeroso que te amaba

aunque ahora pienso que antes de decírtelo estaba todo dicho.

 

Un domingo, día en el que todo se para

decidí hacer algo que solo sentí hacer una vez

decidí dar un paso agigantado

y si bien vaya a saber uno porqué

estaba muy envalentonado

debo confesar que por dentro me estremecía y estaba asustado.

 

Sin embargo, como si vos fueras mi domingo

me permitiste detenerme a disfrutar

y parar un poco de pensar

para que juntos a la par nos pongamos a soñar.

 

Y amarte es tan simple.

Tan simple como después de planificar miles de actividades para los días libres,

simplemente cancelar.

 

Porque amarte es tan simple como desear cambiar la vorágine por la paz

por dormirnos entrelazados sin pensar.

 

Sin pensar que el tiempo pasa,

y que la noche llega,

y que el hechizo podría romperse.

 

Porque no se rompe.

Porque el domingo realmente no se termina.

Porque sos mi domingo.

No precisa ser un domingo para que me tranquilices.

 

Siempre que te veo es domingo.

Siempre que te veo siento estar en el lugar que debo.

Sos mi domingo.

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