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octubre 2014

¿Por qué AIESEC?

En estas cadenas de desafíos de fotos y testimonios que surgen en Facebook una gran amiga que conocí en AIESEC me desafió a escribir por qué fui parte de AIESEC.

En realidad la pregunta estaba formulada en presente y eso me sorprendió. Porque yo soy un alumnus -y ella también- de la red de AIESEC. Pero una vez que estás en AIESEC, basta con sentirlo para ser siempre un AIESECo. Y yo de verdad lo siento.

Al cerrar mi experiencia, al menos temporalmente porque hasta los 30 años puedo hacer un intercambio… sentí que yo era un accidente dentro de AIESEC. No tengo un perfil clásico dentro de AIESEC pero tampoco tengo otras palabras que de agradecimiento para la red.

Reflexionando, mis intermitentes cinco años dentro de AIESEC me ayudaron a contruir -es verdad, a los golpes- quien soy hoy.

Entonces… ¿Por qué estoy en AIESEC Uruguay?

En gran parte por casualidad. Vi un afiche y pasé todo el proceso de selección sin realmente saber en lo que me metía. Como la mayoría de los que entramos en AIESEC.

Por causalidad. Estaba escrito en el cielo. Era parte del destino. Era providencial. Porque Dios lo puso en mi camino… aunque en AIESEC no se habla de Dios, pero yo estoy seguro que Él lo puso en mi camino para que me descubriera a mi mismo y pudiese encontrar un destino.

Porque me permitió conocerme a mi mismo y conocer a personas que ahora son parte de mi historia.

Me permitió dar vuelta la página después de una adolescencia y una infancia dificil.

Me permitió convertirme en un ciudadano del mundo y descubrir mi fuerza en mi debilidad. Me permitió reír hasta llorar y que esas lágrimas se convirtieran en los cristales de un caleidoscopio que me mostraron el que la vida es un arcoiris. Completamente impredecible pero hermosa.

Porque me permitió animarme a soñar con cambiar el mundo, porque encontre compañeros que sueñan lo mismo.

Porque me dió las primeras herramientas para hacerlo y la inspiración para seguir peleando por un mundo mejor.

Porque me permitió encontrar mi lugar en el mundo y hacer del mundo mi casa.

En definitiva, AIESEC fue la primer pluma con la que empecé a escribir la historia de mi vida. O quizás era la tinta. Creo que un poco de ambas.

AIESEC

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Líneas Cotidianas

A veces no puedo evitar escribir líneas cotidianas

que solo vuelan como mariposas que rompen sus crisálidas

cuando las leen esos ojos marrón con un bello destello de verde

en quien están inspiradas.

 

Palabras en mi mente se agrupan para describir lo que siente

aunque ya me delata más que estas líneas el brillo en mis ojos cuando lo miro,

cuando lo miro con ojos que entregan más emoción

que lo que pueda sentir alguien leyendo lo que escribo.

 

Él dice que está aprendiendo a dejarse querer

¿no es curioso es que yo piense lo mismo?

Me pregunto si se lo dije.

Me pregunto si lo sabe.

 

Hasta ahora quererme era rojo valentino…

Apasionado.

Hermoso.

Daniño.

 

Animarse a quererme es rojo valiente

como el fuego que sentí cuando ayer sus manos en mi espalda pasaba

y también rojo como como el Sol en su cenit.

 

A su lado a veces parezco un océano de hielo

porque él está queriéndome como un volcán en erupción

Y yo lo miro perezoso como un hiposaurio bostezón

hasta que decido despertarme para sentir este amor.

 

Decido despertarme para vivir esta historia de sueños imposiblemente infinitos.

¿Imposibles o posibles?

Imposibles como aviones de papel volando en plena tormenta

que desafiantes me hacen preguntar si hay chances de resistir un vendaval.

 

Y por alguna razón me siento seguro.

Quizás porque las fotos borrosas que el otro día capturé

parece que con los días van ganando nitidez.

 

La Shoá también es nuestro patrimonio

Originalmente publicado en el Semanario Hebreo el 9 de octubre de 2014. Muchas gracias a Ana Jerozolimski por querer publicarlo allí y a Rita Vinocur por motivarme a escribirlo.

La Shoá también es nuestro patrimonio

Por Fabián Álvarez

Hace más o menos una semana Rita Vinocur me envió un correo electrónico invitándome a participar de una jornada por el Día del Patrimonio en el Centro Recordatorio del Holocausto, en la Kehilá. Hace años yo quiero visitar la quinta de Don José Batlle y Ordoñez, algo alejada del clásico circuito de atracciones del fin de semana del patrimonio, pero ¿se le puede decir que no a una invitación de Rita Vinocur?

La respuesta es un rotundo no porque al menos yo no conozco una persona con más energía y que transmita tanta pasión a la hora de convocarnos a recordar lo que ocurrió en la Shoá con el pueblo judío (y también con las otras víctimas del nazismo).

Todas las veces que la escuché hablar sobre lo que ocurrió y sobre la importancia de que las nuevas generaciones recordemos ha sido no sólo porque ella es hija de una sobreviviente, sino porque la discriminación sigue presente. Y no sólo con el preocupante crecimiento del antisemitismo en el mundo sino también en situaciones más pequeñas y cotidianas que en Uruguay judíos y gentiles vivimos.

La Shoá como cenit la discriminación al diferente hace que miremos a nuestra comunidad y a nosotros mismos para examinar nuestras conductas, nuestro accionar y nuestro pensamiento. Nos hace preguntarnos ¿Estamos acaso libres de esta mancha nosotros mismos? ¿Podemos hablar sobre la Shoá y las lecciones que dejó a la humanidad con las manos limpias y los ojos honestos? ¿Podemos abogar por el reconocimiento al derecho que tenemos todos de ser diferentes para que así empiece la igualdad entre los seres humanos?

Terminando con estas digresiones, mi plan para el domingo pasado rápidamente cambiaron. Su invitación no fue del todo clara porque yo no sabía si me invitaba para ser parte de las actividades o para que la ayudara en algo en específico. Hace tres años soy educador del Proyecto Shoá y al cruzarnos en distintas actividades educativas en la temática Rita siempre me sugirió que si tenía tiempo podía ser guía en el Museo de la Shoá. Nunca le dije que no pero la vorágine en la que se vive hace que a veces releguemos actividades de verdad importantes. Unos días después salí de la duda porque me envió información sobre el Museo para que estudiara.

Ese domingo llegué un poco tarde. El cambio de hora conspiró en mi contra. Para mi sorpresa, la gente estaba en un lugar dela Kehilá en el que nunca había estado: la sinagoga. Nunca había entrado a una sinagoga. Al ser católico me sorprendió lo diferente que era a una Iglesia, aunque yo ya sabía bien que iba a ser completamente distinta. Igualmente no pude quedarme pensando mucho en estas diferencias porque estaba frente a un auditorio lleno y enseguida Rita me vio llegar y me pidió que pasase al frente. Con la desfachatez que me caracteriza disfracé mis nervios de coraje y me paré al lado de ella.

Difícil es tener algo para agregar sobre la Shoá cuando Rita habla pero aún más difícil es estar parado enfrente de un auditorio lleno en completo silencio. Si lo hubiese hecho la gente se hubiera preguntado “¿Y este muchacho que hace ahí?” así que cada tanto compartí un poco del conocimiento que fui adquiriendo a lo largo de estos años de estudio sobre la Shoá.

Esta charla que tuvimos con todos los que, como yo, decidieron dedicarle este domingo tan especial, a conocer otra parte de nuestro patrimonio, ya no como uruguayos sino como habitantes de este planeta, sirvió de prolegómeno a lo que iba a suceder después.

Una hora después de comenzar a hablar sobre que fue la Shoá, sobre el Centro Recordatorio del Holocausto (con su Museo y su recién inaugurada Biblioteca) llegaron los sobrevivientes  Irene Brunstein e Isaac Borojovich a compartir sus experiencias con nosotros.

Isaac, con el oficio de quien ya ha hablado sobre el tema en público infinidad de veces se mostró canchero y hasta podríamos decir divertido, incluso al hablar de vivencias tan terribles. Nos conmovimos con su dolor pero también nos divertimos con sus picardías y su ingenio para sobrevivir.

Antes de que Isaac tomara la palabra, habló Irene, que nunca lo había hecho anteriormente. Su testimonio fue completamente distinto al de Isaac pero su presencia (junto a su hija) fue poderosamente carismática. Todos quisimos hablar con ella, tomarnos una foto y comprarle su libro, recientemente publicado y cuyas ganancias están siendo donadas al Centro Recordatorio. Al abrirse un espacio de preguntas yo tuve la curiosidad de preguntarle porqué estaba contando su historia ahora. Me contestó que era porque veía que el mundo precisaba que la contase por el creciente antisemitismo. Y con esta respuesta nos pasó la posta a todos los que allí estábamos presentes: al conocer esta historia tenemos que contarla para que no se olvide, para que no se repita con ningún pueblo.

A modo de anécdota, al finalizar la charla de Isaac ambos se dan cuenta que fueron vecinos hace más de sesenta años y, como si nosotros no estuviéramos allí, con gran emoción comienzan a ponerse al día. Esa emoción que ellos sentían de alguna manera también la sentimos todos nosotros.

Tras una improvisada venta de libros comenzó el taller de literatura femenina de la Shoá de la profesora Andrea Blanqué. Si bien hay eximios escritores del sexo masculino que cuentan lo que ocurrió en la Shoá; y lo cuentan de forma tal que sus escritos poseen un enorme valor literario además de histórico, Andrea se concentró en mostrarnos el universo femenino de escritoras de la Shoá, desde las más insignes como Hèlene Berr y Anna Frank hasta aquellas menos conocidas. Como generalidad nos planteó que se destacaba el diario íntimo y la poesía como formas elegidas por las mujeres para contar su historia. También se repite el origen intelectual y social encumbrado y lo asimiladas que estaban a la sociedad de algunas de estas incipientes escritoras. Las edades y las formas, los países y sus historias personales varían y todas merecen particular atención. Como eso no es posible me enfocaré en otro punto.

Dar un taller sobre literatura de la Shoá o literatura concentracionaria no es como hablar acerca de cualquier otro período histórico de la literatura, con sus grandes hitos y autores. Este tipo de literatura, para quienes sentimos una profunda empatía con lo que pasó en el nazismo nos conmueve hasta la médula. Y Andrea no es una excepción. La emoción con que transmite su caudal de conocimiento hace que quienes la escuchamos no sólo aprendamos sino también nos conmovamos con ella. Por eso cada vez que la escucho se me pianta un lagrimón y no fui el único en ese auditorio al que le pasó.

Finalizando con esta larga jornada recorrimos juntos el Museo y allí tuve la oportunidad de hablar con quienes habían decidido estar tantas horas escuchando hablar sobre un tema tan árido y doloroso. Había muchas preguntas y mucha gente por lo que el Museo quedaba pequeño. Sin embargo, al irles contando la historia detrás de cada una de las cosas que allí se encuentran nuevas lágrimas aparecían y con ellas nueva consciencia.

Si bien la Shoá ocurrió en Europa hace setenta años con el pueblo judío es parte de nuestro patrimonio como humanidad como explicaba anteriormente y también como uruguayos. A modo de ejemplo, Irene comentaba que su primera nacionalidad fue la uruguaya dado que nunca pudo tener la polaca. Todos aquellos sobrevivientes que decidieron vivir en Uruguay crearon familias y contribuyeron al desarrollo del país en todas las ramas imaginables. Junto a otros, crearon el Uruguay de hoy. Y también dejaron sus historias que se convierten en nuestro legado y en nuestro patrimonio.

Articulo Semanario Hebreo

 

Wilson Ferreira Aldunate se opuso a la baja de la edad de imputabilidad en 1986

Teatro Recomendado: Snorkel

snorkel

 

Quedan ya pocas funciones de esta obra donde se nota el ingrediente fundamental que es Federico Guerra.

Básicamente nos muestra un submundo de drogas, prostitución, corrupción y violencia. En ese mundo los personajes deben sobrevivir. Sobrevivir a través de un snorkel por el que respiran. Barato, completamente barato. Las drogas, la corrupción, la violencia e incluso la prostitución, todo en la obra es barato y decadente. Muestran la decadencia de una sociedad en la pluma de Federico Guerra que brilla como autor y actor y que fue Premio Florencio Revelación en 2011 y Premio Morosoli Dramaturgia en 2012.

Si, 2011 y 2012. Esta obra lleva en cartel cuatro años. Pocas obras del teatro independiente duran tanto tiempo en cartelera, no porque sean de mala calidad, sino porque incluso con el estímulo del Programa de Fortalecimiento de las Artes de la Intendencia de Montevideo, la Tarjeta Joven y Socio Espectacular que brindan precios más accesibles, el teatro sigue siendo apreciado por unos pocos que nos animamos a salir de la burbuja comercial que propone una dominación cultural y ver más allá. Es cierto. Hay cada vez más espectadores y por eso las obras icónicas de nuestra cartelera como Snorkel o Rescatate duran lo que duran sin bajar permanentemente el telón.

A veces el teatro, que como decía, aun no mueve a masas, parece alejado de la realidad. A veces se cuentan historias, se montan obras de autores de otros países, o de otros tiempos cuyo nexo con el presente es cuestionable. Snorkel, en cambio está llena de actualidad, de savia nueva, de momentos para re pensarnos a nosotros mismos.

Podemos ver esta obra en el Teatro El Galpón, en la sala Cero, en Av. 18 de Julio 1618 (tel. 2408 33 66) los sábados a las 23 h. Esta obra no es apta para menores de 18 años de edad, y dura una hora. Cuando yo fui la sala estaba llena de jóvenes –mayores de edad- como no había visto en muchas de las otras obras que suelo ver. Jóvenes que nos reíamos y nos comprometíamos con el evento teatral y con los personajes que estábamos viendo. Compenetrados y por momentos algo conmovidos –aunque el absurdo de algunos planteos hacia que una historia particularmente triste, se volviera graciosa- veíamos en estas múltiples tramas distintas problemáticas que existen en nuestra sociedad y también veíamos como las manejamos. Las exhibimos en la televisión, las discutimos de forma irresponsable, a veces recurrimos a las terapias. Al tener 21 personajes, con 21 historias completamente diferentes podemos ver como una especie de muestra representativa de la sociedad y lo que pasa en ella. Por eso es que esta pieza coral; coral por la multiplicidad de historias (aunque sí, hay algo de canto en coro) funciona como una mirada profunda a nuestra sociedad.

El espectáculo se mueve de forma muy rápida, presentando personajes muy variados, con historias variopintas que se suceden una tras otra de forma vertiginosa y con una conexión no muy profunda una entre otra. Es decir entre los personajes, porque entre las historias aparentemente tan diferentes hay un sentido, el de la crítica social.

Estos personajes, que no tienen coherencia ni competencia para hacerlo, en una parte de la obra debaten sobre temas sociales importantes en un programa de televisión mal planteado para estos debates. Salvando las distancias a mí me recordó a algunos episodios de Esta Boca es Mía. Este programa de La Tele (Canal 12) a veces tiene invitados de peso, a veces tiene panelistas respetuosos y a veces tiene una conducción muy buena a cargo de la (también ocasional actriz) conductora Victoria Rodriguez. Llevado al absurdo, uno de los personajes peca de frivolidad como ha pecado esta conductora en más de una ocasión.

La obra tiene su cuota de humor negro y por eso nos reímos de las situaciones y personajes y con las situaciones y personajes que son un espejo, en suma, de nosotros mismos como parte de esa sociedad enferma en la que vivimos. Enferma por los prejuicios y estereotipos.

Anteriormente dije que los personajes no tienen coherencia. Sin embargo algunos se parecen demasiado a nosotros mismos. De hecho en la primera escena, en la que no hay mas que un banco que podría ser parte de cualquier plaza, de cualquier lugar, pasa algo que nos podría pasar a cualquiera. Una pareja está terminando. Y se ponen de relieve como vivimos el sexo, los roles en esta sociedad machista y hetero normativa, los problemas psicológicos que más de uno tiene. Cada espectador sacara sus propias conclusiones.

En otra escena se vuelven a ver las cuestiones de género, de discriminación y de violencia cuando un muchacho, tal vez el mismo que fue dejado por la chica en la primera escena, se encuentra con una travesti. Como se da la situación no lo voy a contar así ven la obra, pero cuando este chico se desahoga con un amigo, él le responde Deberías haber defendido tu culo como si fuera tu familia, entre muchas otras cosas. Uno de los momentos más graciosos de la obra.

Imperdible obra de teatro. Apúrense a verla porque estamos en los descuentos. En estas semanas están las últimas funciones de Snorkel.

Ficha técnica:

Título Original: Snorkel

Año: 2011

Género: Tragi-comedia

Duración: 60′

Calificación: +18 años

Autor: Federico Guerra

Dirección: Bernardo Trías

Elenco: Marcelo Pagani – Daniel Acevedo – Victoria González – Daniel Cabrera – Federico Guerra – Fernando Amaral – Ignacio Duarte – Sarit Ben Zeev – Soledad Frugone

Localidades: $ 220. Socio Espectacular gratis con cupo, cubierto éste 2×1.

Humor: Crónica de un cumpleaños sorpresa

Hace una semana mi más incondicional amiga iba a cumplir sus 25 años y en su estilo aburrido, lleno de desidia decía que como cumplía un lunes no pensaba festejar su cumpleaños. Ante tal afirmación no pude hacer otra cosa que comenzar a conspirar en su contra, como si fuese su Paulo Coehlo o su universo, como quieran. Con dos amigas más en común empezamos a planificar de que forma podíamos sorprenderla.

Ella es la persona perfecta para hacerle un cumpleaños sorpresa. Todos sus amigos nos son conocidos, porque es un poco chúcara o tímida. Creo que me quedo con chúcara, que es una forma peculiar de decir asquerosita, distante y todas esas cosas feas que la hacen deliciosamente encantadora.

Es que ella tiene una forma muy peculiar de demostrar su amor. Conmigo su forma ha sido estar siempre… siempre para recordarme que hablo francés como un africano, que puedo vender mi cuerpo como acompañante de lujo en caso de que no consiga trabajo, etc. Hablando en serio, de verdad está siempre, como una sombra, como un acosador, como mi gata Samantha, como Taylor Swift en las redes sociales #ForeverAndAlways. Siempre.

Y con estas dos amigas decidimos que íbamos a hacerle una fiesta sorpresa. Nada de estruendos. Una linda cena en un restaurant semi-paquete de Punta Carretas. Una hizo las reservas, la otra compró el cotillón y la torta y yo el regalo y contactar a los amigos.

Con el regalo empezaron los problemas, los reclamos, los llantos y los ataques de histeria. Es que cuando se trata de moñas y tarjetas, y de elegir el regalo perfecto, a veces soy aún más perfecto que de costumbre. Y se me olvidó extender la invitación a que viera mi perfección en acción a una de mis amigas, porque la otra pidió exclusivamente que la liberara de esa tortura que es ir al shopping a comprar un regalo. En especial en una de las festividades judías donde casi todas las tiendas están cerradas excepto Zara, que tiene una larga tradición de ropa inspirada en el nazismo y que por eso “amamos tanto”.

Luego, la parte de los amigos. Eso generó problemas de comunicación. Algunos no podían ir y otros no entendían si ya Carla no tenía planeada su habitual reunión por su cumpleaños, que todos sus amigos tenemos marcado de forma indeleble en nuestros corazones y nuestra agenda de eventos anuales. Y por último el gran problema: olvidarse de alguien. Una de mis amigas me dijo, “¿Carla se sigue llevando con Florencia?” Y yo pensaba “¿Quién es Florencia?”. En un segundo mi mundo parecía derrumbarse porque sentía que no sabía nada de Carla. ¿Quién era esta persona que se hacía pasar por mi amiga y tenía a alguien en su vida que YO no conocía? Como el huracán apareció de la nada, de repente se fue. Mi amiga me dijo “Floria” y ahí quedó todo entendido. Nunca en la vida a Florencia le dije Florencia, sino que siempre fue Floria y sí, efectivamente me había olvidado. En la ansiedad y el apuro, la memoria te juega malas pasadas. Por suerte Ileana no se olvidó.

Superando ese escollo llegó el gran día.

Todos tratamos de que ella no se achicara y fuera a la cena, aunque al principio fuera una cena ramplona con dos o tres de sus amigos. Nada especial y demasiado temprano para los horarios que Carla maneja.

Como conocemos sus horarios insistimos con que llegara a tiempo. Nueve y media le dijimos porque sabíamos que a las diez llegaría. Dándole tiempo a todos de allí estar para sorprenderla.

Y tanto insistimos con que llegara a tiempo que llegó, por primera vez en seis años de amistad temprano. Y nadie estaba ahí.

Podría haber sido un fiasco pero Floria rápidamente llegó para salvar la situación. Los invitados llegamos lentamente para ocupar esa mesa. Y todos estábamos allí. Y se veía feliz.

Y luego de sorprendernos por su celeridad al llegar, llegaron las confesiones. Aparentemente en su vida hay un nuevo amor, del que nadie sabía nada. INCLUSO YO QUE LA HABÍA VISTO EL DÍA ANTERIOR. Eso me fastidió. Yo le conté todos los pormenores de mi vida, incluso los sexuales, ante la insistencia de ella. De ella por preservar sus oídos de tanta información. Y no es capaz de contarme avant premiere este tipo de noticias.

Pero me recompensó semi sonriendo ante sus regalos perfectos. De talle, de estilo, de todo.

Y aunque todo saliera imperfecto, fue una velada perfecta.

con floria

Te miro

A veces me sorprendés con la guardia baja

mirándote embelesado.

Y con una sonrisa me interpelás,

y me dejás sin palabras para decir,

aunque quienes me conocen piensen que tal momento no puede existir.

 

Sin palabras me dejás

porque estoy perplejo y no dejo de pensar

en que será lo que me pasa.

 

A veces llego a conclusiones que dan miedo

de ese que sentís al subirte a una montaña rusa.

Por suerte aún es pronto para decirte lo que me pasa,

para pensar que estoy enamorado.

 

Es que eso realmente no lo sé.

Sólo sé que a veces me pierdo mirándote.

 

Te miro y estoy henchido en deseo

de que todo esto sea de verdad.

Te miro y siento un placer embriagador

de sentirte realmente conmigo.

 

Y a veces te miro y no estoy realmente mirándote.

Miro un futuro de infinitas posibilidades,

veo un horizonte azul

y un cielo límpido.

Veo un futuro prometedor.

Y ¿no es eso el amor?

 

Te miro y me mirás

con pícara complicidad.

Te miro y con tu mirada respondés

preguntas que ni siquiera te pregunté.

 

Te miro y todo parece posible.

Y quizás lo sea.

Y espero no superarlo nunca.

Te miro y en tu mirada me pienso

vislumbrando como será el resto de mi existencia.

 

 

 

Vamos

Cuando parecía que no podía pasar

porque sentía que nunca iba a sanar

apareció alguien diferente

y volví a pensar en presente.

 

Siento que ya no es tan necesario el pasado evocar

para que mi pluma se pueda inspirar,

porque el presente ya no es tan aciago,

porque el presente está lleno de promesas que se sienten diferentes.

 

Y juntos a la par

comenzamos nuestro andar.

Y transitando casi un mes

Parece todo marchar sin revés.

 

Y de a poco vamos construyendo esta historia

de amores nacidos por casualidad.

De esos que surgen en lugares inesperados

entre gente que aparentemente nada tiene en común.

 

Gente que sin embargo empiezan a sentirse completas

solo cuando están juntas.

 

Vamos juntos en esto de animarnos a sentir.

Es que antes de esto vivir

tuvimos experiencias dolorosas

porque en la vida no es todo color de rosa.

 

Esta historia dista de parecerse a la anterior

donde constantemente había exabruptos y gritos por amor.

Este amor parece más calmo

en un mundo que parece no parar.

 

Ninguna historia es en el fondo una página en blanco

porque todos venimos escritos.

Y esas marcas decoran nuestros débiles flancos

con cicatrices y heridas que no queremos que se repitan.

 

También venimos marcados

con bellos recuerdos del pasado

y son fantasmas a derrotar

para poder en la vida avanzar.

 

Sin embargo decidimos una vez más intentar.

Esta vez juntos.

Y pareciera ser que va a funcionar.

 

Y eso es porque vamos juntos,

juntos a la par.

Carta abierta: Despedida forzada y conversaciones inconclusas

Me enteré que un amigo, o más bien un conocido al que le tengo mucho cariño nos abandonó. Y de una manera bastante trágica. Los detalles no son importantes. Y me puse a pensar mucho en quienes lo rodeaban y en cómo se deben sentir. Y las lágrimas caían sobre el teclado de la computadora en la oficina. En frente de un monitor veía la noticia, sin realmente saber. Saber que sintió o en que pensaba.

El lugar se sentía frío y el tiempo congelado. El tiempo es la única medida en la que realmente podemos medir la existencia y la vida. Y en ese momento el tiempo parecía no pasar, como queriendo evitar lo inevitable, desandar ese camino, re-escribir la historia.

Pero la historia no se puede cambiar y la muerte es lo único que es irreversible. Y siempre, siempre nos es incomprensible. En este caso quizás aún más.

Y empecé a recordar. Recordar es volver a pasar por el corazón, y de repente esos momentos llenos de amor de generación espontánea que viví en 2012 con la gente de Bahía Blanca volvieron a estar como una marca indeleble en mi vida.

Fui a Bahía Blanca a un congreso de AIESEC y por tonterías me enfermé y estuve internado una semana. Nunca había tenido más miedo aunque como siempre lo oculté con humor. Nunca me había sentido más vulnerable. No dominar tu propio cuerpo es una de las sensaciones de impotencia más fuertes.

Ahí lo conocí.

En el hospital estos amigos que como dije, eran de generación espontánea, porque a la mayoría no los conocía, montaron guardia para cuidarme. Día y noche. El que llegaba más temprano, o más tarde… porque era en el horario en el que la noche se confunde con el día era él. La primera vez que lo vi me asusté un poco. Suelo tener un sueño liviano y aunque en esa situación estaba bastante cansado, cada tanto abría los ojos. Ya tener a un señor lleno de ruidos de enfermedad al lado no me dejaba conciliar el sueño, pero ver a este muchacho –a veces con lentes y a veces no- me generó un pequeño sobresalto. Era difícil conciliar la idea de que estaba en un hospital y que por esa semana mis nuevos amigos, mi nueva familia iban a ser estos completos extraños.

Igualmente enseguida que lo vi se presentó. Yo miré, y aunque no tenía mis lentes pensé que era un chico lindo. Mucho más lindo cuando habló y usó un montón de palabras complejas que a mi corazón académico le encantaron. También en seguida me di cuenta que no era gay, pero no me molestaba. Mi médico parecía sacado de una revista de lo bello que era y tampoco me molestaba. Admirar la belleza es algo que suelo hacer.

Después dijo que trabajaba en el área de Finanzas de AIESEC Bahía Blanca. Ese dato no podía haberme aburrido más. Hasta el día de hoy, ya siendo alumnus de la organización no sé de que hablar con los chicos de finanzas. Las finanzas me aburren. Pero no fue necesario hablar de eso.

Con él existían mil temas y por eso mantuvimos contacto hasta hace dos meses, cuando hablamos de Marcel Proust un poco. Nunca contestó la última frase que le escribí. No es importante.

Cuando salí del hospital fuimos a bailar al Club. Allí había una pantalla gigante y él en un momento en el que lo perdí de vista escribió un mensaje brindando a mi salud. Un gesto más de la dulzura que tenía. Cuando terminamos de bailar caminamos y charlamos y en esa charla quizás podrían haberse visto algunas señales. Todos tenemos sinsabores en la vida.

Pero eso contrastaba con la imagen alegre y vivaz que tengo de él. Y creo que es con esa imagen con la que voy a quedarme. Creo que es esa la más auténtica.

Hasta siempre,

Fabián.

Pd.: Escribí un poema en mi diario, porque la prosa era más dura que transcribo a continuación.

 

Gente

Hay gente que se nos cruza

por un único instante

que se convierte en simple anécdota.

 

Hay gente con la que hablamos muy poco

y en pocas palabras muestran su alma.

 

Él era de muchas palabras, intrincadas por momentos,

pero en cada una de ellas hoy siento

que como fiel espejo

mostraban toda su luz, en distintos bosquejos.

 

Hay gente que no podemos olvidar

porque no podemos evitar soñar

volvernos a cruzar

para retomar aquello de lo que nos gustaba charlar.

 

Hay gente que se nos cruza

por un único instante

y nos cambia para siempre

porque deja en nosotros un recuerdo indeleble.

 

Siento que él era así

y por eso nunca va a realmente partir.

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