El tiempo vuelve, a veces sin quererlo,

en polvo a las mariposas,

en recuerdo a los amores.

Y en puro amor a los recuerdos.

Y amamos, y perdemos la mente

Y perdemos nuestro lugar

Y perdemos nuestro sueño.

Y a veces el amor termina.

Y las heridas parecen nunca cerrar.

El corazón parece nunca sanar.

Todas las palabras parecen inadecuadas,

y toda ilusión pesada.

Pesa la posibilidad de ser feliz de nuevo

Y de nuevo volver a sufrir.

Pero existe la magia del tiempo que,

como hechicero

separa y une

y sin duda corrige

nuestros errores.

La magia del tiempo no actúa sola.

La magia del tiempo depende de nosotros.

De que cuando su magia hace que la aurora haga claro el infinito cielo,

tengamos el corazón abierto.

Abierto a entregarnos a la magia del tiempo,

del tiempo sanador.

Abierto a amar de nuevo,

amar con generosidad y sin medidas,

que en definitiva es la única forma de amar de verdad.

Abierto a soñar una vez más,

abierto a que lo peor pueda pasar.

Pero con confianza en que todo por algo se da

y que la aventura de la vida no se puede evitar.

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