Y él dijo “Hoy es la Marcha del Silencio, nunca fui y me gustaría…” Y yo embelesado por el comentario  pensaba que era el primer año que no iba, y no iba porque quería estar ahí a tiempo. Y a tiempo también estar para poder participar de una importante reunión de un proyecto que también trabaja la memoria y el nunca más.

Le dije que todos los años iba y visionando un futuro límpido le sugerí ir el año siguiente. No es una invitación romántica pero la consciencia también enamora.

Y hablamos de lo que implica una marcha. Y ahí, en palabras simples y llanas, una marcha significativa implica un mensaje claro, un objetivo, una coherencia. Como todo en la vida. Y la marcha del silencio lo tiene. Busca saber la verdad. No por revancha o por reparaciones económicas. Eso lo dicen quienes quieren olvidar el pasado y, como caballos de carrera, caminar hacia el futuro sin mirar atrás, sin mirar a quienes están al costado y sufren por no conocer el paradero de sus amigos y familiares.

Este año no fui, pero miles de personas me representaron en ese silencio que aturdió nuestra capital. Este año no fui pero pensé en el propósito de una manifestación como esta. En el propósito de manifestarse. Ser claros con un mensaje. Esto no puede ocurrir nunca más, y para que eso sea una certeza, debemos saber que pasó y debe haber justicia.

El problema es que el pueblo uruguayo no es claro con su mensaje. Inunda una calle año a año pero no vota un plebiscito para anular la Ley de Caducidad. ¿A qué Uruguay escuchamos? ¿Al compungido con las velas y el silencio o al que no votó para cambiar esa ley?

Uruguay es un país democrático y por ende los votos son los que deben mandar. Y no me da ningún placer escribir esta línea. Yo sentí vergüenza de mi país, de ser uruguayo y de mis compatriotas que no votaron para anular esta ley.

Sin embargo el Estado también debe impartir justicia, más cuando es el que cometió los crímenes. Los mandatos se contradicen y la claridad de quienes nos gobiernan debe ser la que decida. Y la claridad y el sentido común son de las cosas menos comunes. Hoy en día. Siempre.

La Marcha tiene sentido. Hace 20 años se hace. Y espero que se siga haciendo por otros 20 años más. Y que en 20 años ya no sea para preguntar donde están nuestros familiares, sino que simplemente sea para no olvidar lo valioso que es vivir en democracia. No pueden pasar otros 20 años sin saber. Luisa Cuesta merece la verdad. Todos merecemos la verdad. Todos somos familiares.

frase inspiradora 1

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