Algunas reflexiones sobre el genocidio armenio

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Tras asistir al Seminario Internacional – Reflexiones en torno al genocidio armenio, no pude dejar de pensar en algunas cuestiones que nunca había considerado.
En Uruguay el reconocimiento a este genocidio es parte de nuestra tradición democrática, republicana de respeto a los derechos humanos y al orden jurídico internacional y nadie cuestiona que entre 1915 y 1923 ocurrió el primer genocidio del siglo XX, terrible en sí mismo como todo genocidio, repudiable y condenable como crimen de lesa humanidad por sus características propias y lamentable porque fue un precedente e inspiración al Holocausto y a otro tantos crímenes del siglo XX, tristemente llamado el siglo de los genocidios.


Sin embargo la realidad uruguaya no es la que impera en la mayor parte del mundo. Potencias como Estados Unidos, países cuyo pueblo ha sufrido el flagelo de un genocidio como es Israel y otros tantos sitios aún no se pronuncian contra el Estado turco, en tanto genocida y negacionista de lo que ocurrió con armenios y otros grupos étnicos atacados por los Jovenes Turcos en su afán de homogeneizar el anterior Imperio Otomano plurinacional y pluriétnico.


Se esperaba que el 24 de abril Estados Unidos tomara un valiente paso y reconociera lo obvio. Pero las presiones políticas, geopolíticas y económicas lo impidieron. El caso israelí es aún peor porque debería declararlo por una cuestión de principios. Luego se queja del negacionismo en el mundo árabe del Holocausto. Pero las mismas presiones se lo han impedido.


Valientemente Su Santidad el Santo Pontífice Francisco habló del genocidio armenio como lo que es. Y fue duramente criticado por el gobierno turco (incluidas declaraciones de Erdogan, presidente del país) que en declaraciones inusitadamente irrespetuosas lo mandó a estudiar. Según los turcos estos temas habría que dejarlos a historiadores. Los historiadores dicen que fue un genocidio, como cualquier persona con dos dedos de frente. Los tergiversadores, los intelectuales que no pagan con su vida el decir la verdad, los negacionistas, esos son los que según Turquía hay que leer, estudiar y creer. Turquía, el Sol no se puede tapar con el dedo.


El reconocimiento es el primer paso para una reparación posible. El genocidio es hoy parte del acervo cultural del pueblo armenio. Sin embargo ese acervo cultural sigue siendo exterminado a diario. Cada día que pasa sin que se reconozca lo que pasó, ocurre un nuevo genocidio. A esto lo llamamos genocidio cultural.

El genocidio cultural implica la destrucción parcial o completa de manifestaciones materiales culturales como también simbólicas. La prohibición de enseñar un lenguaje propio, el armenio, su cultura, sus danzas, como la destrucción de sus templos, o la prohibición de celebrar oficios allí, el cambio de nombres de calles, etc., son todo formas de eliminar una etnia, un grupo, un pueblo y en suma son formas no violentas físicamente de perpetuar un genocidio. Y Turquía lo viene haciendo desde 1915.


Hace 100 años Turquía se convirtió en un país genocida y aún no decide parar. Y esto no es responsabilidad del pueblo turco de hoy, o al menos no de todo su pueblo, sino de la mayoría de sus gobernantes. Y digo la mayoría porque existen fuerzas políticas minoritarias que luchan por tener un país progresista, de respeto a la nueva agenda de derechos, la equidad de género, la protección a la población lgbt, las políticas sociales y sobre todo la limpieza de esa mancha que representa el genocidio armenio en la historia turca, para lo cual es fundamental un reconocimiento y posterior reparación.


Dentro de lo que hace esta fuerza política (el partido se llama HDP) se incluye el nombrar a los lugares también en idioma armenio, para mitigar los daños del genocidio cultural.


Queda mucho por hacer y por aprender para que no se repitan estos episodios de violencia, de crímenes en contra de la humanidad, de genocidios, para que podamos vivir en paz como el crisol de etnias, religiones, grupos humanos que somos.

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