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julio 2015

Moda con Humor: Sociales en Barón

Moda con Humor: Sociales en Barón

Baron

Como suele ocurrirme a mí, nunca caigo en mis cuatro patas, siempre que caigo tropiezo estrepitosamente y paso vergüenza. A diferencia de mi gata de 17 años, no tengo movimientos ágiles y gráciles.

Al ser sapo de otro pozo, o al menos no ser el pozo en el que me encuentro en general, que no es el depresivo por suerte, me siento incómodo, miro mucho para el piso y cuando hablo no mido bien mis palabras.

Lo primero que me ocurrió fue llegar con sed y que me ofrecieran vino. Es un error de libro de texto, de amateur que solo me dejó con más sed y con aún menos reflejos sociales. Ser socially awkward se volvió una de mis virtudes menos útiles.

Al llegar me pongo a hablar con Mónica Zannochi de BlogCouture, adorada ella, y me habla sabiendo de mi vida y yo no logro recordar el nombre. Asociaba su cara con Estudio Couture, sabía que la leía frecuentemente en el newsfeed de mi Facebook pero no podía acordarme del nombre. Cuando lo recordé ya estábamos sentados escuchando a Gustavo Lento, a quien, por otro lado no identificaba de cara pero si conocía su nombre y trayectoria. Es incómodo llegar a un evento y conocer poca gente, y que la gente que conocés, como Diego Alfonso, estén ocupados trabajando. Pero es aún más incómodo conocer gente y no poder formular buenas preguntas por no saber el nombre. Yo siempre digo, la gente debería usar name tags siempre. Hasta en ámbitos familiares… las veces que confundí nombres de parientes políticos en Colonia Valdense, no tienen idea.

Luego de a poco se empieza a llenar el baile y yo, prensa de las formativas o fashionista (y en tantas oportunidades fashion victim) no sabía donde sentarme, para no robar lugar a la gente que de verdad estaba haciendo su trabajo no sabía donde colocarme.

Tras el desfile comenzó el momento de la verdad. Me puse a hablar con tanta gente que conozco de vista, algunos se acordaban de mí, otros no me reconocían por mi reciente pérdida de peso y frecuentes cambios de apariencia. Entonces era complicado entablar conversación con fotógrafos, estilistas y fashionistas a quien no conocés. Incluso un compañero de trabajo, cuya cara me era familiar, recién recordé de donde lo conocía mientras escribía estas líneas. Hasta breves reencuentros con amigos y compañeros del colegio se dieron en ese evento. Es que Montevideo es un pueblo, y el ambiente de la moda una aldea alejada del pueblo. Que de a poco se debe acercar.

En un momento, una de las chicas que acompaña a la Rubia Mala de la Moda en su reality vino y me increpó porque la había criticado en un compilado de Bendita TV. La charla, al principio incómoda, se volvió interesante y mi crítica de frívola y elitista se volvió completamente inválida. Divertida, habló de su emprendimiento The Statement Shirt y también de su interés por la sociología de la moda y la influencia del holocausto en la moda, temas de mi absoluto interés y a su vez en los que soy absolutamente ignorante. La mina me ganó por goleada. Y yo acepté la rendición absoluta.

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Luego, hablando con Patti Wolf y charlando con otros conocidos comenzamos a hablar con Rosario San Juan a quien agarré con la conversación empezada y hablaba de lo lindo que era hacer en Kibón un evento. Al preguntarle que evento responde con la humildad de las grandes, que ella hacía un evento de moda que se llamaba Moweek… como si alguien pudiera no conocer al evento más importante de la moda en Uruguay y no conocer que Rosario es sinónimo de ese evento.

Más tarde charlando con Tav Lust de tonterías, de estilismos, de cursos y de tantas otras cosas me sumo a su grupo, a quienes en teoría no conocía. Había una cara que me resultaba familiar. Quizás era un hombre que había agregado en Facebook por tener amigos en común o había visto en fotos por ahí. Hablando y hablando de cursos y cosas le pregunto quien es, como si fuese un ignoto en el mundo de la moda. Era Pablo Giménez, si señores, el de la escuela, el nombre que todos tenemos que conocer, el responsable de Mondesign, evento al que me colé para entrar de las ganas que tenía de estar ahí. Era divertido pero yo quería que me tragara la tierra. Por suerte con la algarabía que da una cerveza y las masitas lo tomé con humor.

Al finalizar la noche, me fui del evento avergonzado, divertido y con la alegría de haber forjado nuevas amistades y creado nuevos recuerdos. Porque en definitiva de eso se trata. Y de salir en muchas fotos con una camisa increíble de BichoFeo. Y comer gratis una noche tampoco viene mal. No, no, sin duda se trata de los amigos y de los recuerdos. Bah… no sé. Sé que la pasé bien.

¡Larga vida a la moda uruguaya!

Ph: Rubia Mala de la Moda
Ph: Rubia Mala de la Moda

Moda: Barón

“La moda no es solo ropa, es un soporte de comunicación. Es polisémica, decimos varias cosas a la vez, no solo una.

La inspiración es múltiple, variable y dinámica. Nos interrogamos sobre el contexto, la urbe, el sujeto, el hombre y lo deportivo. El primer anclaje está en la calle, en la sociedad.

Pensamos la moda, hacemos estudios conjeturales en donde todo puede llegar a ser. Nos interrogamos sobre el hombre rioplatense hoy y como se mete dentro de la urbe.

No trabajamos sobre utopías, cuestionamos las posibilidades dentro del paradigma de la moda sobre un personaje real. Cuestionamos la realidad y los modelos hegemónicos de lo masculino. Trabajamos sobre interrogantes, dudas; es un desafío, no existen las verdades absolutas.”

Baron

Así era la presentación en el folleto que nos entregaban a todos los que figurábamos como prensa. Yo, más que prensa, soy un atrevido que como conocía a la divina de Patricia Wolf, que pinchaba como dj invitada, logré hacerme de una invitación. Y aprovecho esta invitación para contar como lo viví como fashionista torpe (y a esta afirmación ya la explicaré) y que reflexiones e ideas me surgieron al ver esta presentación.

Si bien no soy prensa, no soy ajeno a la moda y no es la primera vez que veo un evento de la Licenciatura en Diseño de Modas de ORT y considero que este fue la mejor presentación por la concepción integral de las colecciones y del evento.

Al llegar al evento fuimos rápidamente conducidos a su “cocina” donde estaban haciéndoles el hair and make-up a todos los modelos, que se caracterizaban por su heterogeneidad en edades y hasta en sexo (si bien la mayoría eran hombres por que se presentaban líneas masculinas). Se jugó con la androginia pero también con la marcada masculinidad heteronormativa en su ropa y también en su apariencia física. Algunos de los modelos que más onda le imprimieron al desfile eran hombres más grandes que se comieron la pasarela.

Tras tomar y comer algo, Gustavo Lento (director creativo), acompañado de Magdalena Vilaró (tutora de contenidos) y Lucía Büchner (supervisora encargada de la producción del evento), charló con todos nosotros y nos introdujo al mundo que íbamos a ver en sólo unos instantes. Con mi celular y su poca batería rápidamente saqué apuntes de lo que este groso de la moda nos estaba contando, porque no me esperaba una charla tan interesante.

Comenzó contándonos sobre el proceso creativo que las chicas de ORT vivieron para crear estas colecciones. Teniendo el apoyo de tres docentes que se focalizaban en el evento y su logística, en la confección y armado de las colecciones y en la idea respectivamente, vivieron un momento de aprendizaje que duró sólo tres meses. En alrededor de 12 clases crearon un diseño profesional y todo el contenido, la comunicación, la logística del evento, etc.

Si bien un proceso de diseño y una colección estudiada, Lento puntualizó, lleva más tiempo y meses de trabajo y reflexión, vemos como las estudiantes de ORT pudieron completar este entrenamiento, con su principio y su fin, logrando resultados óptimos.

Este proceso comenzó indagando temáticas de la masculinidad, pensándola tanto desde el marco teórico como el práctico. Esto las enfrentó a un montón de prejuicios y preconceptos como mujeres, dado que estaban planteando una colección para hombres. Este debate amerita de la academia y de la reflexión de los estudios de género así como también pensar la problemática del negocio de la masculinidad; mercado que sin duda está creciendo a pasos agigantados en el mundo, y el mundo responde dando nuevas miradas a la industria de la moda masculina. Se aspira desde la universidad a darle una transversalidad al estudio de la masculinidad y la moda agregando profesionales, estudiosos de la temática, sociólogos, psicólogos, etc. porque justamente la Universidad está para el cuestionamiento y la reflexión. Es la empresa la que está para lograr fines concretos. Con esta puesta en escena se dio el primer paso en esta dirección.

A este proceso se agregó la problemática del street wear tal y como lo vivimos en el Río de la Plata. No se planteó el desafío en prêt a porter ni en alta costura, desafíos quizás más interesantes para las diseñadoras y los docentes, por poder darles una impronta más propia a las colecciones pero enfoque en el que se pierde la visión comercial. Usualmente no usamos alta costura los hombres… aunque que lindo sería si viviéramos en un mundo en el que pudiéramos permitirnos un vestuario así.

El street wear, así lo definía Lento, es neutro y se camufla en la ciudad. Y en una ciudad gris como Montevideo, lo apagado y gris predomina. Este estilo no es vanguardia, no es alta costura ni fashion victims. Es justamente lo que se usa en la cotidianeidad por la mayoría de los hombres. Por eso, para darle una vuelta de rosca, hubo que trabajar los silencios y los contrastes. Hubo que agregar artesanato y lograr ejecutarlo a la perfección. Y se lograron resultados interesantes. Yo en particular estoy enamorado de una colección que usaría. Que quiero usar. Que quiero que me vendan.

En lo que tiene que ver con la pasarela y la puesta en escena se buscó eso gris y metálico, desnudo y ciudadano con andamios y metal. También la música que pasaban los DJs del evento acompañaba muy bien. Y las joyitas de lo que fue la puesta en escena (además de la comida y bebida, que estaban muy ricas) fueron los fashion films hechos por segundo año consecutivo.

Los cuatro films aportaban a la identidad de cada una de las colecciones y si bien los cuatro fueron muy buenos, la narrativa de los últimos dos me pareció increíble porque me daban ganas de seguir viendo la película, independientemente de ver el desfile. El nivel de la producción audiovisual, la música, las locaciones y los modelos devenidos en actores fue excelente. La emotividad que transmitía el modelo del último film, su peculiaridad física, la estética de su rostro son sin duda admirables.

Barón tuvo cuatro colecciones. Las primeras dos, Alter y Resoluto 174 fueron las que menos me gustaron pero no puedo decir que me fuesen indiferentes.

Álter fue la que menos me gustó porque no me sentí identificado con la propuesta, es decir, no me moría de ganas de usar las piezas que los modelos me vendían. Le vi una impronta hasta deportiva aunque con innovación en cuellos y puños que me gustó. Las responsables de la colección: Pilar Acosta, Catherine Scleidorovich, Romina Pérez y Gabriela Figueredo explican a su colección como una búsqueda por sorprenderse, conmoverse y asombrarse de los detalles cotidianos, permitiéndose observar y ser vulnerables ante las emociones. Plantean la lucha entre el “ser” y el “querer ser” en un camino gris donde este color es el protagonista frente a otros pocos colores con los que contrasta. En particular esta no es mi lucha. Yo soy quien quiero ser y justamente soy alguien que usa todos los colores del arcoíris que desea usar, y a veces todos juntos, por lo que la colección no me logra llegar.

Con Resoluto 174 me pasó que el film logró atraparme y que en él hubiesen modelos jóvenes y mayores lograba contar una historia interesante. Sin embargo la paleta de colores y el toque deportivo no lograron del todo convencerme, salvo en aquellos estilismos en los que el blanco impoluto era manchado por el negro de una manera muy sugerente. Florencia Rodríguez, Elisa Cayota, Lucía Vázquez y Eugenia Mayans destacan esa obsesiva persecución entre lo pulcro e impoluto que llega a su cenit en esos atuendos.

Sensor y Slow respectivamente fueron mis dos colecciones predilectas.

La colección Sensor, de Florencia Gómez, Mercedes Días, Maite Olaizola y Alexandra Iglesias me cautivó por su carácter rockero, roto y hasta un poco sadomasoquista con los detalles en cuero, los tejidos y transparencias, los colores grises y marrones sucios. Había algo de “agujero negro que absorbe lo necesario para vivir en paz”, y a veces lo necesario es eso que raya con lo prohibido, que roza lo tabú. Eso un poco irreverente e inconveniente. Y la moda para mí es inconveniente, irreverente, cuestionadora por más comercial o callejera que intente ser. Sin embargo no fue quizás la que más usaría, aunque sí me gustaría ser lookeado por esta colección para algún evento.

Sin dudas la colección que gozó con mi favoritismo absoluto fue Slow. Las diseñadoras Vivian Sulimovich, Antonela de Guida, Laura Moreira y Federica Nicola plantearon que en un mundo de consumo y artificial surge un ser resdescubierto y embellecido, empoderado por su nueva voz. Lo limpio de las líneas, los detalles de los estampados, la paleta de colores y la excelencia en su ejecución lograron sorprenderme de forma muy positiva. Los cuellos, los largos de las prendas y el fitting en los modelos fue sin duda el broche de oro de esta colección. Mis favoritos fueron un buzo bordeaux y una campera larga color melón. Se han vuelto ya objetos de deseo y de obsesión.

Teatro en el extranjero: The Food Chain

Poder ir al teatro en un país que no es el tuyo, en una ciudad que no sentís propia puede ser un reto.

Un reto porque, más allá del costo de las obras que, dependiendo del lugar, puede ser mayor o casi ínfimo, para el turista siempre está el dilema de saber si realmente está viendo un buen espectáculo o simplemente ve algo preparado para ser vendido como genuina manifestación cultural pero que es, al final, un enlatado de clichés de la cultura de la ciudad o el país. Más aún en Brasil, donde existen fuertes manifestaciones culturales como las novelas, el fútbol, ciertos géneros musicales y el carnaval. Más aún en Brasil, país con lugares preparados para el turista.

Además, en cualquier lugar del mundo, siempre hay modismos y localismos que, en una buena traducción e interpretación, especialmente en un texto contemporáneo, son añadidos para darle el sabor propio del lugar y acercar la historia y su mensaje al público objetivo. Salvo las grandes producciones, la danza, la ópera y el ballet, el teatro es, en mi opinión, producto del lugar y el tiempo en el que fue escrito pero más especialmente del que fue montado. A esto debemos sumarle, en Brasil, el resto de que es un idioma diferente al español y que en mi caso no hablo ni comprendo del todo bien.

Empero hay interpretaciones que superan todos estos retos y que conmueven al espectador, comprendan todas las líneas o no, por la fuerza interpretativa de las performances y por lo rico de la historia planteada.

Este fue el caso que vivi al ver The Food Chain en Porto Alegre el mes pasado. Quizás piensan que si me pareció tan buena, ¿por qué escribo sobre ella un mes después? Porque no tuve tiempo antes para hacerlo y porque a pesar de que pasara el tiempo aún no me saco de la cabeza el buen espectáculo que vi.

Encontrar material sobre esta obra no es fácil. Y menos en español. Y antes de adentrarnos un poco en el análisis de que fue lo que ví en aquella sala de Porto Alegre me gustaría tener un trasfondo de quién escribió la obra y algunas de las críticas y reseñas que le hicieron cuando la presentó.

Su escritor es Nicky Silver, el nació en Filadelfia y reside actualmente en la ciudad de Nueva York. Muchas de sus obras fueron producidas por Off-Brodway y por la Compañía de Teatro Woolly Mammoth, en Washington DC. Su formación como dramaturgo comenzó en su adolescencia, cuando asistía al Stagedoor Manon Performing Arts Training Center en el norte del estado de Nueva York. Luego se graduó de la Escuela de Artes Tisch de la Universidad de Nueva York.

Su obra, The Food Chain estuvo en cartelera en el Westside Theatre, montada por Off-Brodway desde agosto de 1995 hasta junio de 1996 (inicialmente producida en el Teatro Woolly Mammoth). Fue dirigida en su momento por Robert Falls y dentro del elenco estaban Hope Davis y Phyllis Newman.

En el New York Times Ben Brantley escribió la siguiente reseña: “En ‘The Food Chain’ el cuento tóxico y fracturado de Nicky Silver acerca del sexo, la soledad y la importancia de ser delgado, la búsqueda del amor es un proceso aún más complejo que de costumbre. Es difícil, después de todo, forjar una relación cuando todo lo que podés realmente oír es el sonido de tu propia voz. Estos habitantes de Manhattan, obsesionados con su imagen encuentran un espejo en todo el mundo en la venenosamente divertida pieza. No es un accidente que mucho de la neurótica comedia en el Westside Theatre esté hecho de monólogos en los que casi no pueden respirar, incluso cuando casi siempre hay al menos dos personas en el escenario.”

En la obra que vi en Porto Alegre los espectadores tuvimos la oportunidad de hablar con los actores, el director y la traductora de la obra (de su original en inglés al portugués). Esta charla fue muy enriquecedora porque pudimos desgranar los mensajes de la obra y entenderla mejor. Para mí, como extranjero, era importante tener esta instancia para poder realmente saber si lo que yo había entendido era lo que realmente querían transmitir.

Como espectador, previo a esta charla, había visto una obra en la cual personajes caricaturescos, obsesionados por su imagen y por la imagen que el otro tenían de ellos mismos, luchaban contra sus propios demonios sin nunca querer mostrarse vulnerables en esa lucha.

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La obra tenía como personajes a una mujer que luchó con su obesidad y su obsesión con la belleza, completamente frívola aunque se creía artista y profunda, que con tal de casarse se casó con un hombre que conoció en pocos días y con una madre bella que se suicidó en su juventud. Aparece en diálogo con ella una madre que se casó con un hombre que no amaba por presión social y que tuvo un hijo al que no pudo controlar. El diálogo se centraba en un hombre que no logra realmente hacer nada por si mismo y se ve arrastrado por lo que dicen y piensan los demás, pero que a la vez acapara la atención de hombres y mujeres por igual.

Este hombre es el único personaje que, de una forma muy cómica, representa un estereotipo de manera cómica, a una especie de macho alfa, un hombre heteronormativo y heteronormatizante, que finalmente tan heterosexual no era. De él no podemos explorar sus recovecos ni sus vulnerabilidades ocultas en lo discursivo porque no tiene discurso.

Pero, por otro lado, era sexo y seducción. Con su mirada uno no entendía si era una magistral interpretación, o era un hombre que estaba acostumbrado a seducir y había caído en ese personaje. La ausencia de diálogos y de participación impedía conocer su calidad actoral, algo planteado en el texto original y también en el traducido presentado a nosotros. Los otros actores podían mostrar sus dotes dramáticas y cómicas con largos parlamentos y soliloquios que mostraban la esencia de quienes eran.

La obra comienza con una puesta en escena y nos hace partícipes de un desfile de modas para rápidamente pasar a un diálogo entre las mujeres en el que se sacan chispas. De ese diálogo sabemos que la mujer joven perdió a su marido, con el que recién se había casado. También sabemos mucho de la mujer que contesta el teléfono, en esa línea de auto ayuda. Sabemos que brinda ayuda pero que también la precisa desesperada. La escena termina cuando la mujer decide cortar la llamada telefónica al servicio de ayuda.

Al pasar al siguiente acto vemos a un modelo gay y joven que espera a un hombre al que ama pero recibe la visita de otro, uno con el que salió hace mucho tiempo pero que se convirtió en alguien extremadamente desagradable por su obesidad y su actitud.

Este hombre gordo es la única víctima que muestra su vulnerabilidad y que, a su vez, se victimizaba y trataba de ser el foco de atención, nunca permitiéndose escuchar a los otros personajes ni entender la incompatibilidad de sus planteos con lo que los otros deseaban, podían o querían ofrecerle.

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Tras la escena de los hombres gays, hay un reencuentro entre la mujer y su marido que termina en que todos los personajes coinciden en la casa de la mujer. Resulta que el marido de esa señora era el hombre del cual el modelo gay se había enamorado y por otro lado, la señora del servicio de autoayuda, ofendida con que le cortaran el teléfono, visita a la mujer. El hombre gordo sigue al gay que va allí en busca de respuestas de su novio y allí nos enteramos que la madre del gordo es la mujer de la línea de autoayuda.

Tras los enredos llegan a la conclusión de que el hombre gay y la pareja de recién casados pueden ser un trío y convivir y esto termina de desesperar al gordo, que ve como nunca será incluido y decide quitarse la vida.

Tras esta larga introducción de cómo se forjó la obra y de que trató el montaje que yo vi en Porto Alegre, voy a recordar la charla con el elenco. Comenzamos charlando de lo complejo de traducir una obra contemporánea con un idioma rico de localismos de Nueva York hacia algo entendible para el público del sur de Brasil.

También vemos en esta obra las dinámicas micro de poder que se dan entre los personajes. Vemos al ser humano desvalorizado respecto a las marcas y vemos como algunos están arriba en la pirámide social y excluyen a otros que están por debajo. Hay cuatro personajes no vulnerables y uno que no lo es, porque los cuatro que no lo son, recurren a las máscaras para tapar quienes son y que les pasa. Estos personajes son un reflejo de nuestra sociedad, donde tiene un valor negativo ser vulnerable. La gente tiene que aguantar todo y ser fuerte, no dejarse sentir. El personaje que muestra su vulnerabilidad utiliza la comida para evitar sentir o consolarse. Algo que comparte con el resto de los personajes es la verborragia y el vomitar las palabras.

Esto no es necesario, es una imposición pero podríamos vivir teniendo más en cuenta nuestros sentimientos. En cierto sentido, de eso se trata el arte, dejarse sentir y expresarlo todo.

La traductora planteaba que el sexo es poder y la imagen es poder y hay una simbología presente en todo esto. También nos comentaba que esta obra tiene dos finales. Un primer final en el cual el gordo sigue rogando al gay que lo ame. Es un final relativamente feliz porque Oto (el gordo) se va y los tres quedan felices. Pregunta, tristemente, si adelgaza puede llegar a quedarse. El autor luego escribió un final alternativo más dramático, en el que el gordo se suicida. Hay un espacio de tiempo entre la creación de estos finales. Es interesante que el autor deje la opción de si montar uno u otro final. No sabemos que pasó por la cabeza del autor para dar un segundo final a su obra, pero si vemos que se acentúa la vulnerabilidad con el suicidio. En Estados Unidos hay una ola de suicidios cada vez más fuerte y este cambio en el final podría ser un reflejo de esa ola. En Europa también es creciente esta tendencia y dentro de Brasil es en Rio Grande do Sul donde se encuentran más casos de suicidios.

El director de la obra decide junto con el elenco montar el segundo final porque el final feliz era más difícil de presentar de forma auténtica. Era difícil transmitir el mensaje de la obra con el primer final, era difícil lograr la risa a la vez que transmitían esta historia de excluidos y personas que excluyen. Dramatúrgicamente es quiebre a la risa que genera todo la obra, por lo que el equipo encontró más interesante esta narrativa.

El tiempo en el que realizaron este montaje fue desde enero de 2014 a julio de 2014. La traducción llevó una semana y tras traducir en marzo comenzaron los ensayos y a armar las escenas. Para la traductora el texto era fluido, verborragico y lindo para trabajar. Para quien no había palabras fue difícil y peligrosa la composición del personaje. Se trató de no pensar en términos psicológicos al personaje y de no leer lo que pasa alrededor para no obstruir en la transmisión de lo que este personaje tiene que transmitir. Originalmente solo dice un parlamento, en la traducción se le agregó alguna interjección porque es muy incómodo escuchar a un personaje no responder a lo que le dicen. La gente en la vida real responde cuando le hablan.

Toda la obra es en suma una crítica al capitalismo y a las relaciones de poder que allí se dan, el consumismo fatuo y vacío. Es una crítica al status quo y a la violencia de la sociedad. El final es violento pero no cambia el status quo. Las vidas del resto de los personajes se mantendrán igual, por lo que es una violencia carente de significado y aún más trágica.

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Ficha Técnica:

Título:

A cadeia alimentária

Dirección:

Matheus Melcchiona

Traducción:

Manoela Woolf

Elenco:

Ander Beloto (Serge)

Luis Manoel (Oto)

Morga Baldissera (Amanda)

Danuta Zaghetto (Bea)

Vestuario:

Di Nardi

Iluminación:

Kevin Brezolin

Muestra TPE (Teatro Pesquisa Extensión – Actividad Universitaria)* Originalmente la obra se montó en 2014 como pasantía del director de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul (UFRGS) y luego concursó para volver a ser montada en 2015 con modificaciones en el elenco.

 

– Fotos gentileza de Di Nardi.

No es ingenuidad – Por Mauri Tafer

Muchas veces cuando vemos un hecho injusto y sabemos que lo que está pasando está mal o no debería de ser de ese modo, en vez de actuar para cambiar esa situación muchos deciden ignorarlo y pretender que eso no paso o no esta pasando. Y cuando preguntas el porque de que no toman alguna medida casi siempre te encontraras con la típica frase: “Las cosas son así, no se las puede cambiar. Si lo intentas es una pérdida de tiempo. No seas tan ingenuo…”.

Quiero saber cuando fue que el pararse y decir que algo esta mal se convirtió en algo ingenuo. Desde que momento nuestro sed de justicia se convirtió en algo que para muchos hoy en día no es nada mas y nada menos que un sentir molesto.

No quiero caer en el famoso cliché de decir que vivimos en una sociedad materialista y lo que siempre terminamos escuchando o por la televisión y se termina convirtiendo en un simple discurso con lindas palabras pero vacío de intención. Pero algo que es muy cierto es que llegamos a un punto en el cual nuestra propia humanidad se ha puesto en la balanza para ver si es algo útil o no. Y eso solo demuestra que en vez de avanzar y evolucionar como especie, solamente estamos retrocediendo a tal punto en el cual nos dejamos de ver unos a los otros como seres de la misma especie, a seres extraños capaces de hacernos cualquier cosa con tal de conseguir sus objetivos. O peor aun, llegar a tal punto en el cual nos sentimos con el derecho de decir quien merece vivir y quien no solamente por el hecho de no adecuarse a lo que nosotros consideramos como “normal”, siendo que el existir del ser humano ha sido de todo menos algo normal.

Por suerte aún sobran personas que no ven o piensan de esa manera tan superficial, pero lo que esta pasando hoy en dia es que esas pocas personas que aun siendo pocas tienen las fuerzas para poder cambiar esa realidad, son derrumbadas por la mayoría superficial diciéndoles que sus ideales de justicia no son otra cosa que simple ingenuidad y por ende no dándoles otra manera que convertirse en uno mas de ellos e ignorar todo lo malo que realmente esta sucediendo por causa de esa falta de acción.

Capaz es cierto que no cambiemos el mundo, que nos demos contra el piso por intentar hacer que las cosas sean realmente justas y que solamente sirva para lastimarnos. Pero por lo menos nosotros podremos vivir con nuestras conciencias limpias, por no haber cruzados los brazos al ver algo que no debería de estar pasando. Porque peor que darse de cara en el piso luchando, es el vivir de brazos cruzados mientras la angustia te va pudriendo por dentro de a pocos.

Sonrisa triste

Sonrisa triste

era la que tenía

aquel día en el que quizás fingía alegría.

Un brillo habia en sus ojos

que se trasladaba y perlaba su rostro

que acompañaba con una sonrisa blanca

que actitud de algarabía daba.

Sin embargo fácilmente se leía

la angustia que sin duda sentía

por las cosas que le acontecían.

Y aunque eso se traslucia

charlando pasamos aquel rato

no pensando ni mencionando aquel quebranto

porque al final no era para tanto.

Igualmente sentí la dualidad

de su sentir y de su enfrentar

las emociones que le provoca

su nueva realidad.

Sus ojos tan expresivos

triste dulzura transmitían

y con el resto de su cara lo complementaba

y casi que se sentía el palpitar de su alma.

Transparente y vulnerable

empatía me hizo sentir

y allí un poco entendí

como a veces me miran a mi

Mi realidad es diferente

pero en mi siempre se hace presente

cuál crisálida, lo traslúcida

y lo frágil que es mi alma.

Almas semejantes y diferentes

con sensibilidades que rara ve mienten

es bello poder encontrario.

Sonrisa triste

que con dientes y ojos me mostró

espero volver a ver.

O quizás no. Quizás quiero ver desnuda a la sonrisa.

Respuesta a mi entrada sobre Cimarrón

Respuesta a mi entrada sobre Cimarrón

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Muchas acusaciones se hicieron respecto a mi persona y a los motivos por los cuales escribí la entrada anterior. Y muchas las contesté. Sin embargo se hace imposible contestarlas todas. Lleva mucho tiempo y en algunos casos es hasta doloroso.

Lo que escribí lo escribí porque la historia se repite a sí misma. La seguridad de las puertas de las discotecas, por sus propias ideas o por órdenes de los dueños, no permite entrar a las personas por distintos motivos. Por su raza, por su orientación sexual, por su vestimenta, y la lista continua ad infinitum.

Yo tengo la piel dura para leer lo que me puedan responder a esto y a la otra entrada en el blog. Yo tengo la piel dura como para que me pasen esas cosas en la puerta de Cimarrón y anteriormente en el Club y en Tres Perros Buceo. Hoy decidí hablar. En aquellas oportunidades lo intenté pero la voz no salió. Era más chico y no podía soportar el escarnio de personas que ni me conocen. Ahora puedo.

Y puedo porque pienso en los chicos que con 18 años o menos viven la discriminación a diario. Como la viví yo. Y que no encuentran su voz. Y que quizás los inspire a hablar y a defenderse.

Algunos de los cuestionamientos que viví fueron respecto a los motivos por los que no me dejaron entrar. Muchos dijeron que no era por la sexualidad sino por la vestimenta. Quizás piensen que discriminar por la apariencia física es menos grave que por la sexualidad. Decir puto a alguien queda feo, pero mariposa o afeminado o ridículo o mal vestido no es tan grave.

Establecieron que es una tradición vestirse de determinada manera para ir a un boliche. Sin embargo, yo no estoy atentando contra una tradición, solo no la voy a seguir. No estoy obligado a seguirla. La ley no me obliga a seguirla para poder entrar a un lugar bailable. Son normas que seguimos por costumbre, pero que no son justamente obligatorias o vinculantes por ley. No hay una ley que me diga que tengo que ir vestido a Cimarrón con bombacha de campo y camisa a cuadros.

Otras personas me hablaron de difamación. Difamar es afirmar una mentira. Yo no afirmé una mentira. Yo dije exactamente como fueron los hechos. Luego di una interpretación personal que podrá o no ser compartida por las autoridades competentes. De hecho yo apruebo todos los comentarios que aparecen en mi espacio personal, ofensivos o de apoyo. Creo en la absoluta libertad de expresión.

Atacaron mi estética pensando que podían herirme de esa manera. Más ganas me dan de seguir teniendo la estética que tengo. Atacar por lo exterior a una persona es ser frívolo. Y frívolo en la peor de las maneras. Es ser prejuicioso.

Me acusaron de querer hacerme famoso o popular e incluso de querer un trabajo en el MIDES. Y de ir a los medios de comunicación con la noticia. De hecho yo escribí mi descargo en unblog personal del cual Montevideo Portal se enteró y decidió comunicarse conmigo para difundir mi historia. Y yo acepté. Algunos se molestaron porque hice la denuncia pública antes que la legal. La denuncia legal la debo hacer entre semana. Por lo que era imposible hacerla antes que la pública. Y ambas cumplen funciones diferentes. La legal cumple la función de que se cumplan las leyes. La pública de generar un debate sobre este tema y que la gente reflexione.

Otra acusación fue la de menoscabar el movimiento LGBT con un reclamo frívolo o chico. Si una persona puede menoscabar un movimiento con una historia tan larga como el colectivo LGBTQ en Uruguay, evidentemente ese movimiento no es fuerte. Y no es el caso de la colectividad diversa de nuestro país. Además ellos decidirán si apoyarme o no. Y por ahora han decidido apóyame. Por algo será.

Me dijeron que si el dueño me escribió a mi blog, ¿por qué era cortante? Porque bajar el lomo quizás es la actitud que tienen las personas sometidas por este orden de heteronormatividad y de masculinidad donde se impone un modelo de ser por sobre otro. Pero no es mi forma de ser. Lo que viví lo viví, y casi me hacen dudar de mí mismo. Por suerte hay testigos que vieron lo mismo que yo. Acepto que fue un gesto amable que me escribiera. Pero no me interesa volver. Porque yo vuelvo a ir ¿pero qué pasa con aquellos jóvenes que en Cimarrón o en otros lados son discriminados y no saben cómo responder? ¿Qué señal le damos a los boliches? Les damos la señal de que pueden hacer lo que quieran, pueden discriminar a la mujer desarreglada o negra, al chico gay o que se viste diferente, etc. Y esto no puede seguir siendo así.

Todo acto de discriminación chico o grande, constituye discriminación. No creo que la lucha LGBTQ se tenga que concentrar en esto. Su foco no va a ser poder entrar a todas las fiestas habidas y por haber. La muerte de las trans y la falta de respeto de los medios a su identidad de género es una lucha mucho más importante. Pero la discriminación y el odio germinan de una semilla pequeña. Entonces hay que atacar y combatir a la discriminación en todas sus expresiones.

La discriminación es un absoluto. Se discrimina o no. Todos lo hacemos en algún momento, es cierto. Pero tener consciencia del problema y cambiarlo es una parte de la solución. Y yo esa conciencia la tengo.

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Cimarrón: la discriminación y la imposición de la heteronormatividad

Cimarrón: la discriminación y la imposición de la heteronormatividad

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La discriminación en la sociedad uruguaya parece ser un cáncer imposible de extirpar, incluso bien avanzado el siglo XXI. Se repiten episodios de discriminación a diario. Al gordo, a la negra, al pobre, al gay, al judío. Porque se supone que no entramos en lo normal. Sin embargo ¿Qué es lo normal? ¿Y quién es la voz autorizada para poner a algunos en una bolsa y a otros en otra?

Además, ¿Es legal discriminar? ¿Por qué ocurre con tanta frecuencia y facilidad, y sobre todo con tanta impunidad? Estos dos puntos, la imposición de un modelo de ser humano y la legalidad o ilegalidad de este tipo de medidas discriminatorias son los puntos que quiero tratar en esta entrada a mi blog.

Siempre pienso en estos temas, trabajo con estos temas, vivo estos temas por ser abiertamente gay, y también abiertamente estar en todos lados, con gente de todas las orientaciones sexuales, todas las religiones y colores, todos los partidos políticos. La igualdad comienza cuando reconocemos el derecho de todos a ser diferentes. Y a mi me gusta vivir en una burbuja de gente diferente, en la que todos somos iguales, valemos sólo por nuestras virtudes, tal como marca la Constitución de nuestro país (y justo ayer que era 18 de julio, día en el que se aprobó nuestra primera Constitución).
Sin embargo hoy lo pensé más porque me pasó un episodio de flagrante discriminación. Hoy en la puerta de Cimarrón (Bar y Parrillada) un lugar al que voy desde que tengo 18 años no me dejaron entrar por mi vestimenta. Según la persona de seguridad de la puerta mi apariencia no iba con la onda del boliche. Lo que quiso decir, lo más amablemente posible, es que era demasiado puto para entrar.

Yo le dije que lo que estaba haciendo es ilegal. Dentro de las normativas vigentes respecto al Derecho de Admisión y aplicables a mi caso, está en el Digesto Departamental de la IMM en el Volumen XII de los Espectáculos Públicos, Título Único, Capítulo 1, que en sus disposiciones generales, artículo D.2804 marca que se prohíbe la entrada a todo local de espectáculos públicos a personas en estado de embriaguez o notorio desaseo.

En el marco de las leyes existe la ley 17250 de Defensa del Consumidor, que en su artículo 22 (que versa en las prácticas abusivas del comercio) dice “Negar la provisión de productos o servicios al consumidor, mientras exista disponibilidad de lo ofrecido según los usos y costumbres y la posibilidad de cumplir el servicio, excepto cuando se haya limitado la oferta y lo haya informado previamente al consumidor, sin perjuicio de la revocación que deberá ser difundida por los mismos medios empleados para hacerla conocer.” Las personas seguían entrando a la discoteca Cimarrón mientras que yo me veía impedido de hacerlo. Y también existe una ley, la 18507 en la que el consumidor puede realizar un reclamo rápido si se ve afectado.

En la legalidad existe un vacío respecto al Derecho de Admisión porque no hay una normativa clara. Sin embargo, con la normativa vigente los dueños de Cimarrón estaban en la ilegalidad al plantear a su seguridad normas discriminatorias (además tenemos leyes respecto a la ilegalidad de la discriminación por orientación sexual) para impedir el paso a personas que tenemos una estética distinta o una orientación sexual diferente.
Y el mismo guardia de seguridad reconoció que lo sabía. Sabía que estaba en la ilegalidad.

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Yo iba a este lugar porque una amiga muy querida cumple años. No me cambia que una noche no salga a bailar. No me cambia no poder ir más allí. Me cambia no poder compartir momentos y generar recuerdos por la discriminación que un local bailable pueda hacer.

Me cambia porque desde que tengo 18 años voy y una de las cosas que me gustaban de ese lugar es, que si bien se caracteriza por tener un público tradicional y conservador, yo podía ir como quería y pasaba tranquilo. Nunca me habían dicho nada, como si me había pasado en otros lugares. Fui de blazer fucsia, de pantalones rojos, ropa más estridente que la que hoy visto. La gente me miraba. Incluso alguna persona me preguntó si era gay y entable conversaciones que quizás esa persona nunca había tenido. Hablé de identidad de género, de sexualidad, de las diferencias. Entre copas y de forma amena. Esas personas tenían experiencias que los enriquecían y yo también. Pasé grandes noches ahí con mis mejores amigos, escuchando música que quizás en otro lugar no escucho.

Cuando reinaba la armonía, y no tenían reglas de admisión discriminatorias e ilegales. Lindos recuerdos.
Cuando reinaba la armonía, y no tenían reglas de admisión discriminatorias e ilegales. Lindos recuerdos.

En un momento de la charla con el guardia de seguridad mi amiga, la cumpleañera le interpelaba y preguntaba que si yo me sacaba determinadas cosas (un gorro fedora o un pañuelo) podría pasar. Yo le dije que no importaba, que no me iba a cambiar. No porque ese sombrero o ese pañuelo significara algo. Vivo a tres cuadras. Puedo vestirme de otra manera. Puedo vestir como todo el público que allí está. Cambiarme e ir. Pero eso, simbólicamente, implica volver al closet. Disfrazarme de una persona que no soy para poder ir a bailar. Y no estoy dispuesto a tal sacrificio. No estoy dispuesto porque fue una lucha salir de ese closet, aceptarme a mi mismo y que quienes me quieren me quieran por quien soy.

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Esto nos introduce un poco al otro punto que quería tratar en este artículo. La imposición de un modelo determinado de personas. Hay personas que son correctas, que se adaptan a un patrón que la sociedad ve como normal y otro grupo de gente que por no estar en ese patrón es excluida. Gente que es gorda, negra, de una orientación sexual o una religión distinta y que por eso no puede entrar. El acto de no poder entrar es hasta simbólico.

El no poder entrar en lo que la sociedad nos pide nos da miedo. Miedo a ser excluidos. Sin embargo vivir con pieles ajenas nos produce incomodidad y picazón. No es necesario hacerlo. Podemos vivir siendo quienes somos. Simplemente siendo quienes somos. Distintos pero mezclados. Sin separarnos o aislarnos porque somos distintos. La diferencia enriquece.

La imposición de la heteronormatividad y de una determinada masculinidad marca la pauta de que sociedad tenemos. Donde muere una transgénero y los medios de comunicación masivos la vuelven a matar al no respetar su identidad de género. Donde mueren mujeres todo el tiempo y la violencia en el deporte abunda. Incluso en ámbitos educativos las maestras son golpeadas porque madres y padres no manejan la frustración.

Otros modelos alternativos, donde la gente pueda manejar mejor sus sentimientos, su frustración, su forma de ser, sus deseos, etc. son posibles y necesarios. Modelos en los que cada quien pueda ser diferente y ser quien es.

Algunos quizás piensen cuando lean esto. Pero el pibe puede ir a un boliche para gays, ¿por qué rompe los huevos? Y es verdad puedo ir a un boliche gay, convivir con gente que quizás no me vaya a discriminar, al menos no por mi sexualidad, bailar determinada música y no salir de esa burbuja. Pero yo no elijo a mis amigos por su sexualidad. Elijo a mis amigos porque me caen bien, porque comparto valores e intereses y si esos amigos les gusta ir a Cimarrón, Lotus, o cualquier otro lugar, yo voy. Porque decido no esconderme. Quizás esa exposición me coloque en lugares de vulnerabilidad y me hace vivir estas experiencias tan feas. Pero también me fortalece. Porque me animo a salir de mi zona de confort. Y nunca voy a volver a ese lugar cobarde de esconderme. Por más que me sigan discriminando. Porque exponiéndome voy a abrir sendero para que la discriminación disminuya. Porque una voz honesta es más fuerte que la de una multitud. Aunque esa multitud este llena de prejuicios, mediocridad, miedo y cobardía y yo tengo esa voz valiente y sincera y el coraje para usarla para la denuncia.

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