Respuesta a mi entrada sobre Cimarrón

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Muchas acusaciones se hicieron respecto a mi persona y a los motivos por los cuales escribí la entrada anterior. Y muchas las contesté. Sin embargo se hace imposible contestarlas todas. Lleva mucho tiempo y en algunos casos es hasta doloroso.

Lo que escribí lo escribí porque la historia se repite a sí misma. La seguridad de las puertas de las discotecas, por sus propias ideas o por órdenes de los dueños, no permite entrar a las personas por distintos motivos. Por su raza, por su orientación sexual, por su vestimenta, y la lista continua ad infinitum.

Yo tengo la piel dura para leer lo que me puedan responder a esto y a la otra entrada en el blog. Yo tengo la piel dura como para que me pasen esas cosas en la puerta de Cimarrón y anteriormente en el Club y en Tres Perros Buceo. Hoy decidí hablar. En aquellas oportunidades lo intenté pero la voz no salió. Era más chico y no podía soportar el escarnio de personas que ni me conocen. Ahora puedo.

Y puedo porque pienso en los chicos que con 18 años o menos viven la discriminación a diario. Como la viví yo. Y que no encuentran su voz. Y que quizás los inspire a hablar y a defenderse.

Algunos de los cuestionamientos que viví fueron respecto a los motivos por los que no me dejaron entrar. Muchos dijeron que no era por la sexualidad sino por la vestimenta. Quizás piensen que discriminar por la apariencia física es menos grave que por la sexualidad. Decir puto a alguien queda feo, pero mariposa o afeminado o ridículo o mal vestido no es tan grave.

Establecieron que es una tradición vestirse de determinada manera para ir a un boliche. Sin embargo, yo no estoy atentando contra una tradición, solo no la voy a seguir. No estoy obligado a seguirla. La ley no me obliga a seguirla para poder entrar a un lugar bailable. Son normas que seguimos por costumbre, pero que no son justamente obligatorias o vinculantes por ley. No hay una ley que me diga que tengo que ir vestido a Cimarrón con bombacha de campo y camisa a cuadros.

Otras personas me hablaron de difamación. Difamar es afirmar una mentira. Yo no afirmé una mentira. Yo dije exactamente como fueron los hechos. Luego di una interpretación personal que podrá o no ser compartida por las autoridades competentes. De hecho yo apruebo todos los comentarios que aparecen en mi espacio personal, ofensivos o de apoyo. Creo en la absoluta libertad de expresión.

Atacaron mi estética pensando que podían herirme de esa manera. Más ganas me dan de seguir teniendo la estética que tengo. Atacar por lo exterior a una persona es ser frívolo. Y frívolo en la peor de las maneras. Es ser prejuicioso.

Me acusaron de querer hacerme famoso o popular e incluso de querer un trabajo en el MIDES. Y de ir a los medios de comunicación con la noticia. De hecho yo escribí mi descargo en unblog personal del cual Montevideo Portal se enteró y decidió comunicarse conmigo para difundir mi historia. Y yo acepté. Algunos se molestaron porque hice la denuncia pública antes que la legal. La denuncia legal la debo hacer entre semana. Por lo que era imposible hacerla antes que la pública. Y ambas cumplen funciones diferentes. La legal cumple la función de que se cumplan las leyes. La pública de generar un debate sobre este tema y que la gente reflexione.

Otra acusación fue la de menoscabar el movimiento LGBT con un reclamo frívolo o chico. Si una persona puede menoscabar un movimiento con una historia tan larga como el colectivo LGBTQ en Uruguay, evidentemente ese movimiento no es fuerte. Y no es el caso de la colectividad diversa de nuestro país. Además ellos decidirán si apoyarme o no. Y por ahora han decidido apóyame. Por algo será.

Me dijeron que si el dueño me escribió a mi blog, ¿por qué era cortante? Porque bajar el lomo quizás es la actitud que tienen las personas sometidas por este orden de heteronormatividad y de masculinidad donde se impone un modelo de ser por sobre otro. Pero no es mi forma de ser. Lo que viví lo viví, y casi me hacen dudar de mí mismo. Por suerte hay testigos que vieron lo mismo que yo. Acepto que fue un gesto amable que me escribiera. Pero no me interesa volver. Porque yo vuelvo a ir ¿pero qué pasa con aquellos jóvenes que en Cimarrón o en otros lados son discriminados y no saben cómo responder? ¿Qué señal le damos a los boliches? Les damos la señal de que pueden hacer lo que quieran, pueden discriminar a la mujer desarreglada o negra, al chico gay o que se viste diferente, etc. Y esto no puede seguir siendo así.

Todo acto de discriminación chico o grande, constituye discriminación. No creo que la lucha LGBTQ se tenga que concentrar en esto. Su foco no va a ser poder entrar a todas las fiestas habidas y por haber. La muerte de las trans y la falta de respeto de los medios a su identidad de género es una lucha mucho más importante. Pero la discriminación y el odio germinan de una semilla pequeña. Entonces hay que atacar y combatir a la discriminación en todas sus expresiones.

La discriminación es un absoluto. Se discrimina o no. Todos lo hacemos en algún momento, es cierto. Pero tener consciencia del problema y cambiarlo es una parte de la solución. Y yo esa conciencia la tengo.

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