“La moda no es solo ropa, es un soporte de comunicación. Es polisémica, decimos varias cosas a la vez, no solo una.

La inspiración es múltiple, variable y dinámica. Nos interrogamos sobre el contexto, la urbe, el sujeto, el hombre y lo deportivo. El primer anclaje está en la calle, en la sociedad.

Pensamos la moda, hacemos estudios conjeturales en donde todo puede llegar a ser. Nos interrogamos sobre el hombre rioplatense hoy y como se mete dentro de la urbe.

No trabajamos sobre utopías, cuestionamos las posibilidades dentro del paradigma de la moda sobre un personaje real. Cuestionamos la realidad y los modelos hegemónicos de lo masculino. Trabajamos sobre interrogantes, dudas; es un desafío, no existen las verdades absolutas.”

Baron

Así era la presentación en el folleto que nos entregaban a todos los que figurábamos como prensa. Yo, más que prensa, soy un atrevido que como conocía a la divina de Patricia Wolf, que pinchaba como dj invitada, logré hacerme de una invitación. Y aprovecho esta invitación para contar como lo viví como fashionista torpe (y a esta afirmación ya la explicaré) y que reflexiones e ideas me surgieron al ver esta presentación.

Si bien no soy prensa, no soy ajeno a la moda y no es la primera vez que veo un evento de la Licenciatura en Diseño de Modas de ORT y considero que este fue la mejor presentación por la concepción integral de las colecciones y del evento.

Al llegar al evento fuimos rápidamente conducidos a su “cocina” donde estaban haciéndoles el hair and make-up a todos los modelos, que se caracterizaban por su heterogeneidad en edades y hasta en sexo (si bien la mayoría eran hombres por que se presentaban líneas masculinas). Se jugó con la androginia pero también con la marcada masculinidad heteronormativa en su ropa y también en su apariencia física. Algunos de los modelos que más onda le imprimieron al desfile eran hombres más grandes que se comieron la pasarela.

Tras tomar y comer algo, Gustavo Lento (director creativo), acompañado de Magdalena Vilaró (tutora de contenidos) y Lucía Büchner (supervisora encargada de la producción del evento), charló con todos nosotros y nos introdujo al mundo que íbamos a ver en sólo unos instantes. Con mi celular y su poca batería rápidamente saqué apuntes de lo que este groso de la moda nos estaba contando, porque no me esperaba una charla tan interesante.

Comenzó contándonos sobre el proceso creativo que las chicas de ORT vivieron para crear estas colecciones. Teniendo el apoyo de tres docentes que se focalizaban en el evento y su logística, en la confección y armado de las colecciones y en la idea respectivamente, vivieron un momento de aprendizaje que duró sólo tres meses. En alrededor de 12 clases crearon un diseño profesional y todo el contenido, la comunicación, la logística del evento, etc.

Si bien un proceso de diseño y una colección estudiada, Lento puntualizó, lleva más tiempo y meses de trabajo y reflexión, vemos como las estudiantes de ORT pudieron completar este entrenamiento, con su principio y su fin, logrando resultados óptimos.

Este proceso comenzó indagando temáticas de la masculinidad, pensándola tanto desde el marco teórico como el práctico. Esto las enfrentó a un montón de prejuicios y preconceptos como mujeres, dado que estaban planteando una colección para hombres. Este debate amerita de la academia y de la reflexión de los estudios de género así como también pensar la problemática del negocio de la masculinidad; mercado que sin duda está creciendo a pasos agigantados en el mundo, y el mundo responde dando nuevas miradas a la industria de la moda masculina. Se aspira desde la universidad a darle una transversalidad al estudio de la masculinidad y la moda agregando profesionales, estudiosos de la temática, sociólogos, psicólogos, etc. porque justamente la Universidad está para el cuestionamiento y la reflexión. Es la empresa la que está para lograr fines concretos. Con esta puesta en escena se dio el primer paso en esta dirección.

A este proceso se agregó la problemática del street wear tal y como lo vivimos en el Río de la Plata. No se planteó el desafío en prêt a porter ni en alta costura, desafíos quizás más interesantes para las diseñadoras y los docentes, por poder darles una impronta más propia a las colecciones pero enfoque en el que se pierde la visión comercial. Usualmente no usamos alta costura los hombres… aunque que lindo sería si viviéramos en un mundo en el que pudiéramos permitirnos un vestuario así.

El street wear, así lo definía Lento, es neutro y se camufla en la ciudad. Y en una ciudad gris como Montevideo, lo apagado y gris predomina. Este estilo no es vanguardia, no es alta costura ni fashion victims. Es justamente lo que se usa en la cotidianeidad por la mayoría de los hombres. Por eso, para darle una vuelta de rosca, hubo que trabajar los silencios y los contrastes. Hubo que agregar artesanato y lograr ejecutarlo a la perfección. Y se lograron resultados interesantes. Yo en particular estoy enamorado de una colección que usaría. Que quiero usar. Que quiero que me vendan.

En lo que tiene que ver con la pasarela y la puesta en escena se buscó eso gris y metálico, desnudo y ciudadano con andamios y metal. También la música que pasaban los DJs del evento acompañaba muy bien. Y las joyitas de lo que fue la puesta en escena (además de la comida y bebida, que estaban muy ricas) fueron los fashion films hechos por segundo año consecutivo.

Los cuatro films aportaban a la identidad de cada una de las colecciones y si bien los cuatro fueron muy buenos, la narrativa de los últimos dos me pareció increíble porque me daban ganas de seguir viendo la película, independientemente de ver el desfile. El nivel de la producción audiovisual, la música, las locaciones y los modelos devenidos en actores fue excelente. La emotividad que transmitía el modelo del último film, su peculiaridad física, la estética de su rostro son sin duda admirables.

Barón tuvo cuatro colecciones. Las primeras dos, Alter y Resoluto 174 fueron las que menos me gustaron pero no puedo decir que me fuesen indiferentes.

Álter fue la que menos me gustó porque no me sentí identificado con la propuesta, es decir, no me moría de ganas de usar las piezas que los modelos me vendían. Le vi una impronta hasta deportiva aunque con innovación en cuellos y puños que me gustó. Las responsables de la colección: Pilar Acosta, Catherine Scleidorovich, Romina Pérez y Gabriela Figueredo explican a su colección como una búsqueda por sorprenderse, conmoverse y asombrarse de los detalles cotidianos, permitiéndose observar y ser vulnerables ante las emociones. Plantean la lucha entre el “ser” y el “querer ser” en un camino gris donde este color es el protagonista frente a otros pocos colores con los que contrasta. En particular esta no es mi lucha. Yo soy quien quiero ser y justamente soy alguien que usa todos los colores del arcoíris que desea usar, y a veces todos juntos, por lo que la colección no me logra llegar.

Con Resoluto 174 me pasó que el film logró atraparme y que en él hubiesen modelos jóvenes y mayores lograba contar una historia interesante. Sin embargo la paleta de colores y el toque deportivo no lograron del todo convencerme, salvo en aquellos estilismos en los que el blanco impoluto era manchado por el negro de una manera muy sugerente. Florencia Rodríguez, Elisa Cayota, Lucía Vázquez y Eugenia Mayans destacan esa obsesiva persecución entre lo pulcro e impoluto que llega a su cenit en esos atuendos.

Sensor y Slow respectivamente fueron mis dos colecciones predilectas.

La colección Sensor, de Florencia Gómez, Mercedes Días, Maite Olaizola y Alexandra Iglesias me cautivó por su carácter rockero, roto y hasta un poco sadomasoquista con los detalles en cuero, los tejidos y transparencias, los colores grises y marrones sucios. Había algo de “agujero negro que absorbe lo necesario para vivir en paz”, y a veces lo necesario es eso que raya con lo prohibido, que roza lo tabú. Eso un poco irreverente e inconveniente. Y la moda para mí es inconveniente, irreverente, cuestionadora por más comercial o callejera que intente ser. Sin embargo no fue quizás la que más usaría, aunque sí me gustaría ser lookeado por esta colección para algún evento.

Sin dudas la colección que gozó con mi favoritismo absoluto fue Slow. Las diseñadoras Vivian Sulimovich, Antonela de Guida, Laura Moreira y Federica Nicola plantearon que en un mundo de consumo y artificial surge un ser resdescubierto y embellecido, empoderado por su nueva voz. Lo limpio de las líneas, los detalles de los estampados, la paleta de colores y la excelencia en su ejecución lograron sorprenderme de forma muy positiva. Los cuellos, los largos de las prendas y el fitting en los modelos fue sin duda el broche de oro de esta colección. Mis favoritos fueron un buzo bordeaux y una campera larga color melón. Se han vuelto ya objetos de deseo y de obsesión.

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