Para que las tendencias bajen de la pasarela hacia la calle hay un largo trecho. Este esta delimitando por una razón: el poder económico de la mayoría de la población para acceder a las principales marcas de moda. Una verdad en el mundo es que las prendas de Louis Vuitton, Rick Owens, Prada y camaradería sale entre 2 o 3 sueldos mensuales de cualquier europeo medio y 5 o 6 de cualquier sudamericano de clase media. Por ende esas tenencias que se evacuan cada 6 meses (con resort, pre-fall de por medio, etc) no están al alcance de la masa.

DSC03023 - copiaComo por arte de magia comenzaron a surgir tiendas de ropa como Zara, Uniqlo, Primark, Mango, Forever 21 (entre otras) que otorgan al prójimo, cuales Mesías, los elementos más a la moda a precios módicos, en rebajas de orgasmo y con una parafernalia de lo mas moderna y atrayente.

Sin embargo este accionar mesiánico es una estafa tan grande como los milagros de Pare de Sufrir. Ninguna de las prendas que venden en cualquiera de estas empresas son de una calidad aceptable. Son hechas para durar muy poco y al tacto te dan sensaciones espantosas. Son hechas con el peor plástico, con denim áspero, frío y granulado o piel sintética que se deshilacha el doble de la cuenta. No vale la pena comprar un par de zapatos a $900 si en cualquier día de semana cuando vayas a la oficina se te va a desprender la suela, tampoco que el tiro de tu pantalón de $950 ceda dos talles más al usarlo por quinta vez. Porque la ropa que compramos la queremos usar durante un largo tiempo no que nos falle por problemas de fábrica.

forever 21 label - copiaLos precios de tantos artículos parecen módicos, pero están más que sobre valuados, ya que producen estas prendas a una octava parte de su precio en cualquier parte del globo.

Es aquí donde empieza uno de los verdaderos problemas: la explotación. Estas empresas posicionan sus fábricas en talleres de países en vías de desarrollo, donde emplean a cientos de personas, incluidos niños, con salarios de hambre, en lugares donde reina el hacinamiento, la insalubridad, sin vacaciones, sin seguro médico. Algunos de los destinos favoritos de estas empresas son China, Vietnam, México, Vietnam, Lituania, Moldavia y Bangladesh.

Este último en particular fue protagonista de la tragedia más grande en la industria: el derrumbe del complejo Rana Plaza en el distrito de Savar en Daca (capital de este país) el 24 de abril de 2013, que dejó 1,129 muertos y cerca de 2500 heridos. Este hecho se debió a la irresponsabilidad de los que debieron cuidar a estos trabajadores porque lo único que hicieron fue obligarlos a entrar de nuevo al lugar cuando las personas tenían miedo a hacerlo por las grietas enormes de las paredes del edificio.

Parece que la vida de la personas no valiera nada frente a vender 200 camisas por día. El daño humano que provoca la forma de producir “mucho, económico, lindo” es incalculable, porque esto no comenzó en ese fatídico día. Esta atrocidad viene desde hace ya diez años, en los que se decidió que la forma de producir ropa sería según las demandas plenas del cliente. Pero las fatalidades a causa de esto son muchas más de lasque podrían haber salido de las mentes mas retorcidas, pero son tan reales como el aire que respiras. Hay que dar gracias a documentales como The True Cost que sirven para sacar las vendas de los ojos a muchos, en especial los que se sienten en las nubes al comprar en estas tiendas que tanto idolatran.

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Porque algunas como Forever21 (en Montevideo, Uruguay), no pueden ni siquiera dar un servicio acorde.

Como anécdota personal, para ver que se podía conseguir en esta tienda, luego de ver toda la idolatría que le hizo la gente cuando se inauguro, un día cuando estaba cerca de Montevideo Shopping, se me dio por comprar un jean. Luego de subir las largas escaleras y recorrer esos enormes metros cuadrados, cuando preguntás por la sección de hombre descubrís decepcionado que de la línea que en la pagina web de la grifa es tan amplia como la de mujer solo hay una pequeña esquina con dos percheros y el resto en las paredes.

El único vendedor que parecía tener ganas de atenderme, un chico un poco mayor que yo, de dudosa cabellera rubia natural y una barba ni hipster ni desarreglada, que vestía una remera a rayas azul y blanca, fue el que me dijo que el ÚNICO modelo de jeans azul que tenía valía $990. Al mostrármelo me percaté de que tenía un lavado que parecía haber sido hecho por una persona con el mal de Parkinson de lo feo y desparejo que era, pero cuando uno no encuentra lo básico, se rinde y empieza a buscar opciones cercanas. Yo estaba en ese basural y quería jugar el juego de la compra-venta.

Al ver que eran talle 28, yo soy un talle 32 (el cual reivindico con alegría), le pregunté si tenían de mi talle a lo que me respondió que no sabía, pero que probara estos que capaz que me quedaban. Eso me reveló la ignorancia total que tenía este vendedor respecto a los productos que debe vender, todo esto en una sola oración. Ahí descubrí que aparte de explotar trabajadores de otros países que precisan dinero para poder cubrir necesidades básicas desesperadamente también explotan a personas en todo el mundo, incluidos los países que consumen esos productos.

Aunque mis palabras suelen crudas, se debe ser consciente que también hay esperanza de cambio, esto comienza por elegir un consumo de nuestras prendas de forma sustentable. Comprando marcas nacionales que sabemos que producen en Uruguay, con muy buena calidad en sus productos y en la atención del personal, prendas de autor, interesantes y actuales. Se puede también entrar en el círculo de las casas de segunda mano, con prendas únicas que no encontraras en ninguna otra tienda. Es casi como una búsqueda del tesoro, para mí el tabú de “lo usado” ya no existe, es más suena hasta más digno que comprar prendas nuevas en tiendas de fast fashion.

La industria podría hacernos llegar la información de todo lo que hay detrás de la ropa que compramos a través de una forma fácil, para poder darle al consumidor su derecho inalienable: libertad de elección.

Empecemos el cambio por favor, hay situaciones que deben gritarse, juzgarse y replantearse para que no sucedan mas. Y como todo cliché existencial tiene un gran dejo de razón: “El cambio empieza por uno mismo”

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Sthephan Blömer

Estudiante de Comunicaciones, la ropa es mi segunda piel.

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