marques sade

Tener en cartelera una obra con el título de Sade es provocador. Es una provocación al espectador, que inmediatamente va a querer comprar la entrada para ver la obra. Todos tenemos una idea de quien fue el Marqués de Sade y todos hemos juzgado su vida y obra, mayoritariamente de forma negativa. Sabemos quién es, o quien se nos dijo que es, incluso cuando la mayoría no hemos leído un solo de sus libros (aunque querríamos). Sade nos llama la atención, nos interpela, nos incomoda. Incluso a quienes vivimos nuestra sexualidad de forma más libre, vemos en Justine a la damisela en apuros que podría ser nuestra hermana. Y no queremos que en ella se posen las manos del sodomita de Sade.

Ante esa provocación sucumbí y decidí ir, con mi nueva pareja, a ver la obra. De hecho decidí ir al estreno. Y compré las entradas con antelación porque sabía que no era una obra para ver solo. Cargada de erotismo y morbo, la imaginaba como un preludio. Aunque sexual y erótica, estaba lejos de ser lo que yo esperaba. ¡Y eso fue una grata sorpresa!

Este unipersonal de gran tensión dramática comienza cuando el divino Marqués se dispone a iniciar un nuevo ritual sexual, llevado por sus instintos. Es perverso y aunque el actor muestra a un marqués entrado en años sigue siendo vital y seductor. Vemos como el victimario también es víctima de esos deseos que tiene.

La obra se da en un solo cuadro, en el que el marqués está espacialmente ubicado en una habitación diseñada para dar rienda suelta a sus fantasías, pero a través de sus reflexiones nos lleva a distintos momentos de su vida y por consiguiente a distintos lugares, en los que no siempre estuvo en absoluto control. Aunque en teoría el Marqués se encuentra acompañado de una prostituta, lo vemos como realmente está, completamente solo. Miserable. Perverso y en la vorágine feroz de consumir personas a través del sexo como forma de expresar sus impulsos, que son violentos e irreprimibles.

El marqués sabe que lo que hace es incorrecto. Sin embargo justifica sus acciones al compararlas con la hipocresía de otros que, siendo tan o más crueles, sádicos y sexualmente desviados que él, mantienen una fachada de normalidad e incluso lo juzgan, cuando sus acciones son reprobables en el marco moral de esa época. Y probablemente de la nuestra. Al menos la mayoría.

Todos estamos afín a un poco de terror. Sea viendo el informativo o una película de terror. Las fronteras del horror son endebles. Basta comparar una película de terror de hace unas décadas con una actual y uno se da cuenta de cómo con los años toleramos más y más violencia. Nos insensibilizamos. Nos conmovemos con escenas más arrolladoramente inhumanas. Y con nada menos.

En el sexo pasa algo parecido. Las fronteras se han derribado. Lo que antes era abominaciones hoy es normalidad. Sin embargo el Marqués sigue con su halo de misterio. Representa lo por antonomasia sádico. Y aunque se desmitificó con películas y textos como las 50 Sombras de Grey, su excelencia literaria, su originalidad y el mito construido a su alrededor hace que los contenidos sadomasoquistas contemporáneos no puedan competir en atractivo y vigencia con Sade.

Aunque los límites se rompieron, la sexualidad sigue siendo muy delimitada y reglada en nuestra sociedad. Al menos para la mayoría. Al menos para los que no pertenecen a minorías sexuales. Reglar la sexualidad y controlar el cuerpo ha sido uno de los imponderables de civilización, y nuestra sensibilidad tras el fin de la época de la barbarie ha sido pudorosa.

Quienes se atreven a jugar y abrir la caja de pandora se adentran en un mundo de vulgaridad y se pierden. Se ven invadidos y dejan de ser personas y pasan a ser personajes. Sade representa esas posibilidades. Representa el goce egoísta del cuerpo, la pérdida de la noción del tiempo y el espacio. Lo prohibido.

En esta puesta en escena todo esto se logra debido a la maestría del actor, Daniel Uturburu que de plano nos muestra al personaje como un crisol de cosas. Nos muestra su drama extremo, su sufrimiento y tortura así como su locura (que asusta por ser demasiado cuerda). Al comienzo de la obra me llamaba la atención su forma de hablar, porque no parecía ni de nuestro tiempo pero tampoco parecía pertenecer del todo al tiempo del Marqués. Pasados los primeros minutos, comencé a prestar atención a como su forma afectada de moverse, su forma de hablar y el texto que estaba diciendo, me estaba situando en otro plano y me estaba haciendo vivir la historia de una manera peculiar e interesante. Me estaba adentrando en un mundo desconocido que me fascinaba. Hacia el final, quería seguir escuchándolo, a sabiendas de que la obra llegaba a su inevitable fin.

No sólo es entretenida y breve al contar una historia interesante y digna de ser contada sino que la considero recomendable porque la compleja personalidad del Marqués y sus cuestionamientos y reflexiones provocan re pensarnos en el siglo XXI porque la filosofía de este ícono del siglo XVIII sigue vigente.

La recomiendo porque es una invitación a pensar.

Ficha Técnica:

 

Título Original: Sade, el divino marqués
Año: 2015
Género: Unipersonal
Duración: 
Calificación: +12 años
Dirección: Lila García
Elenco: Daniel Uturburu
Autor: Andres Caro Berta.

Año de escritura: 2003

Localidades: $ 250. Bonificaciones: Socio Espectacular gratis cupo 10, superado el mismo 2×1. Jubilados y Estudiantes $ 150. SUA $ 50.

Funciones: miércoles de setiembre 21:00 horas.

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