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Nuevamente la excusa para ver buen cine es Llamale H, el festival de cine de la diversidad de Montevideo, Uruguay. La película que se emitió, de forma gratuita en la mayor sala de teatro de Uruguay, el Auditorio Nacional del Sodre, Adela Reta fue Verano, de Holanda. Esta película llegó al festival, como mucha más ayuda desde la Embajada en Argentina de los Países Bajos.

La película se sitúa en el verano sofocante de una ciudad donde la vida está dominada por una planta de energía. Domina tanto la vida de la gente esa planta eléctrica que el padre de Anne la nombra al rezar y en varias oportunidades ella siente ser hija de la planta. En un principio de la película cuando manifestantes van a la planta a quejarse por la contaminación son echados por los pobladores, a quienes la planta trataba muy bien con políticas sociales.

Volviendo al inicio, Anne y sus amigos pasan su tiempo andando en bicicleta, dando vueltas por sinuosas carreteras, en paisajes que recuerdan la infancia de nuestros padres o incluso la nuestra, para la generación de principios de 1990. Tiempos más simples, sin tanta tecnología dominando la escena social y personal de los individuos. Uno de los primeros aspectos a destacar de la película es que al observador no se le permite saber exactamente en qué década o en qué año es que está.

En este verano vamos a adentrarnos brevemente en las estructuras de las distintas familias de los personajes, en especial la de Anne y su hermano, que son disfuncionales, con sentimientos de desapego y desasosiego. En estas estructuras tanto los personajes principales como los de reparto tienen periplos existenciales, dudas que los carcomen, cosas que desearían cambiar.

La familia de Anne pareciera ser feliz, pero su madre no lo es. De hecho esa madre va a desconocer a su hija al final de la película. Culpa a la planta de ser la causante de la discapacidad de su hijo menor, de sus problemas de salud e incluso de que no crezcan vegetales en su jardín.

El machismo de la película se muestra en infinidad de escenas. Una mujer golpeada, tía de Anne, es el ejemplo más claro. Su prima, hija de esta mujer, también muestra su machismo internalizado al comportarse como una santa, rezando todos los días, todo el tiempo, incluso pinchándose los dedos para pintar lágrimas de sangre en las figuras de vírgenes. Esta es una especie de escapatoria de su realidad familiar tan violenta. Hacia el final, la joven pierde su fe al vivir una gran tragedia. Interpelada por quien cree es la Virgen María, le dice que ha llegado demasiado tarde.

También la misma Anne es víctima de esa lógica machista porque si bien trabaja, jamás podría aspirar a trabajar en la planta eléctrica como su padre, salvo que fuese en una relación de subyugación, sirviendo los almuerzos.

El verano representa en la película el renacer de la vida, la aparición de lo nuevo. En este caso la aparición de lo nuevo es Lena, una joven morena que hasta por su complexión física se aparta de la estética del resto de los personajes, caucásicos y en muchos casos increíblemente rubios. Se diferencia de los personajes pero a nivel estético tanto la actriz que le da vida a Lena como la que caracteriza a Anne son bellísimas mujeres, piezas fundamentales del estilismo de la película, fuertemente “cool” y “hipster”. Tan disruptiva es la presencia de Lena, que aparece vestida de cuero en una motocicleta, al mejor estilo “James Dean”. En este caso Lena no es un típico “bad boy” que juega con Anne sino que es una mujer sensible y dulce y su vínculo se caracterizará por un in crescendo de ternura y complicidad compartidas. Ella es introducida en la historia de manera sutil. De forma sinuosa, como si fuese un gato, aparece en su motocicleta en la estación de servicio donde casualmente trabaja Anne. Desde el primer encuentro uno supone que existe una fuerte atracción física entre ambas chicas.

Ya anteriormente uno podía suponer que Anne tenía una sexualidad divergente debido a una escena en la playa. En este lugar los jóvenes de la película crean un mundo idílico, apartado de la tristeza que muestra el mundo de los adultos al que, lentamente, ellos van a ir incorporándose. En esta escena uno siente que los personajes son libres para experimentar su sexualidad. Anne cuando es besada por uno de sus amigos corre al agua y nada hacia la mitad del mar, viéndose bastante perturbada.

El espectador se enamora de la historia desde el primer diálogo entre los amigos del hermano de Anne y ella, a quien llaman la “mudita”. De hecho durante la mayor parte de la película ella no habla demasiado con el resto de los personajes y uno escucha sus pensamientos a través de una narración (hecha por la propia actriz quien lee los parlamentos que el personaje piensa). El rostro de la actriz es fresco y parece normal, sin embargo es una mujer extremadamente bonita que, a pesar de parecer ordinaria, no pasa desapercibida.

Esta película, dirigida magistralmente por Colette Bothof y guionada por Marjolein Bierens trabaja diversidad de temas, algunos felices y otros tristes, balanceándolos de forma sublime para que el espectador pueda recorrerlos sin grandes sobresaltos, sin que sea una montaña rusa, sino un paisaje de suaves ondulaciones. Se trabaja el suicidio, la violación de una muchacha y las consecuencias que tiene este hecho para toda la vida de ambos personajes. También se ve el inicio de un nuevo amor y de la plenitud de la vida de Anne aunque no sin sinsabores. Una escena que destaca por su violencia es el encuentro entre Anne y Lena con su familia. Sin mediar palabras, tan solo con miradas, se ve la falta de aceptación y la incomprensión de lo que estaba ocurriendo. Aún no sabemos si suponen que su hija es lesbiana, pero que la joven de la que se hace amiga sea negra es un hecho inaceptable y sorprendente para sus padres y el resto de sus amigos (aunque la reacción de los mayores es más extrema).

Ahí opera un cambio en la “mudita” que decide hablar y darle fuerza a su mensaje. La historia de amor entre ellas le otorga a la “mudita” un vozarrón que no se va a callar y que va a tomar la velocidad rápida que tiene la motocicleta de Lena. Va a callar a sus padres primero y a sus amigos más adelante. En un plano simbólico los cabellos de oro en el viento son una muestra más de libertad de Anne de las ataduras de esa sociedad opresora en la que vive.

Un personaje que destaca y que le da alegría y comicidad a la película es el de Agnes, una madre adolescente que lo único que hace es hablar sobre su traumático parto y que lleva a su hija Natasha a todos lados, inclusive a la discoteca del pueblo. Aunque bizarro, Agnes es en un momento uno de los personajes más cuerdos de la cinta. A través de ella también se ven las actitudes inmaduras y desconsideradas de estos jóvenes que son retratados como tal cual son los adolescentes, sin idealizaciones ni heroísmos en ninguno de ellos.

Esta historia de amor no se centra en Lena y Anne, sino en su entorno, para poder mostrarnos que el amor puede triunfar incluso en los ambientes más hostiles. Al final se ve una nueva manifestación frente a la planta eléctrica, que ya no es un Dios, y un cambio de corazón en el padre de Anne, que naturaliza una situación sin duda inesperada para él y que contrasta con la actitud de su madre, construyendo una narrativa diferente respecto a la aceptación y a los roles que madres y padres tienen en las familias diversas.

Verano 2

Ficha Técnica:  

Holanda, 2014, 89’

Dirección: Colette Bothof
Guión: Marjolein Bierens
Producción: Annemiek van Gorp
Con: Sigrid ten Napel, Jade Olieberg, Lisa Smit, Ella-June Henrard, Martijn Lakemeijer, Rik Verheye,  Steef Cuijpers, Willemijn Van Der Ree, Pepijn van Putten, Eva van der Gucht, Guido Pollemans

 

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