En el marco de un espacio educativo (EFI) en el que operarios penitenciarios, estudiantes de Psicología y estudiantes de Ciencias de la Educación de la UdelaR intercambian experiencias y unen la academia con la práctica visitamos una cárcel.

Queriendo recordar la visita efectuada ese día lunes me es imposible pensar en datos. Recuerdo llegar y sentir que estaba en otra realidad, completamente ajena a la mía. Cuando uno se embarca en una visita a un centro penitenciario va a ese lugar cargado de preconceptos y prejuicios. Piensa que las personas que están ahí no tienen nada que ver con uno y que se merecen estar en ese lugar, privadas de libertad, como castigo por sus fechorías.

Sin embargo al entrar mis ojos se comienzan a humanizar. Veo chicas jóvenes pero a la vez muy viejas. Mujeres cuyas vidas no fueron fáciles y eso está a flor de piel. Eso se les nota en la piel. Al llegar me gritan por lo extravagante de mi color de pelo. Incluso unas muchachas trabajando en la cocina me reconocen por mi aparición en un programa de televisión el domingo anterior a la visita.

Visiblemente incómodo, algo sorprendido y con mucha ansiedad entro en el recinto. Nos comienzan a explicar un poco el vocabulario que vamos a utilizar. No diremos presas sino personas privadas de libertad. Hablaremos de como su derecho a la libre circulación está suspendido pero no sus otros derechos humanos y veremos como la cárcel no es una pausa la vida de estas mujeres sino una parte más en la que aprenderán, se socializarán nuevamente y transitarán un proceso que les permita reinsertarse en la sociedad.

Algunos somos escépticos. Al menos al principio. Hasta que nos encontramos con que existen partes de ese complejo sin rejas, lugares donde ellas aprenden oficios e incluso trabajan. Al entrar a uno de ellos vemos como una mujer anciana, de cabellos ceniza que le caen delicadamente en el rostro y de penetrantes ojos azules detiene su labor de tejido para charlar con nosotros. Podría ser nuestra abuela y si uno la fotografiase nadie pensaría que es interna en una cárcel. ¿Qué hay detrás de esa mujer de apariencia dulce, que tiene agujas en sus manos y sin embargo no representa un peligro, pero está dentro de una cárcel? ¿Cuál es su historia?

Al avanzar un poco más entro en un taller de patchwork en el que algunas mujeres confeccionan forros para almohadones y distintas artesanías. En ese momento estaban cosiendo banderas de la diversidad para ser vendidas en la Marcha de la Diversidad. En mi mochila había carteles de esa Marcha, porque soy parte de una de las organizaciones que, valga la redundancia, la organiza. Les dejé dos carteles y en ese instante me di cuenta de que no existe un ellas y un nosotros sino que simplemente hay un nosotros. Como parte de la sociedad ellas y yo coexistimos e incluso nos cruzamos, aunque no lo sepamos.

Vi otras escenas que me provocaron reflexiones como por ejemplo una pintura inspirada en Egipto y como símbolos milenarios de transmiten en el tiempo por su poder de fascinar a las personas a lo largo de la historia pero su significado original va desapareciendo. Un símbolo tiene por detrás significados, por algo es poderoso e icónico. Sin embargo, con el devenir del tiempo, si el símbolo no es explicado y su significado no es transmitido este símbolo pasa a representar otra cosa. Quizás ese dibujo egipcio representa para esas mujeres su infancia. Quizás lo vieron en una película o en un libro. Pero sin dudas es provocador pensar que un dibujo que viene de otro continente y de hace más de 2000 años esté presente en un lugar recóndito del mundo como es un complejo penitenciario en Uruguay.

Esto es otra muestra de que no existe un ellos y un nosotros sino simplemente un nosotros. La humanidad es toda en un conjunto y estamos, de una manera u otra interconectado. Lo que nos separa es, en definitiva, la incomprensión de las realidades de los otros que hacen que los juzguemos duramente. Si bien con esto no justifico los ilícitos pero condeno el juzgar a otros sin estar en su lugar. De juzgar se encarga la Justicia. Nosotros como sociedad debemos tratar de entender (y de ser posible de comprender) estas problemáticas para poder resolverlas de la mejor manera posible.

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