Reflexión crítica: A propósito de la “Marcha para la erradicación permanente de la Cumbia Cheta

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De un tiempo a esta parte surgió en ambas orillas del Río de la Plata bandas de cumbia que, tomando el modelo de cumbia villera, tan popular en las discotecas de esta región del mundo en la última década, decidieron re interpretar el tipo de canciones interpretadas y plantearon letras y temas menos turbios, menos relacionados con el sexo y la objetivización de la mujer, la delincuencia y la violencia entre chetos y planchas, para cantar principalmente de amores y desamores, comunes a todos los adolescentes y adultos jóvenes, que son el público objetivo de este tipo de contenido. Como pioneros de este subgénero dentro de la cumbia se encuentra la banda Agapornis (de Argentina). En Uruguay bandas como VI-EM, Marama y más recientemente Rombai se han ganado velozmente adeptos y son las principales representantes de esta tendencia.

Como broma surgió un evento en Facebook para la erradicación permanente de la cumbia cheta.

Este título, que habla de erradicación permanente, me parece sumamente problemático. Problemático porque en general detrás de las cosas ofensivas que decimos escudándonos en que es una broma, manifestamos una verdad. Decimos lo que pensamos pensando que nadie se debería ofender porque lo decimos como broma. Sin embargo a algunos nos parece ofensivo. Lo consideramos de esta manera porque quienes defendemos que debe haber equidad entre las personas sabemos el derecho de los otros a ser diferentes a mí es una condición esencial para que exista esa igualdad. Entonces decir que queremos erradicar permanentemente algo va en contra de esa sociedad plural que promovemos como también en contra de una sociedad respetuosa de su diversidad en todas sus expresiones.

La descripción del evento es aún más perturbadora. Su descripción dice lo siguiente:

1) Nenes bien que se hacen los “cumbieros”
2) Gente que junta dos cosas a eliminar: los chetos, y la cumbia
3) Papá nos da la plata para que filmemos un video con nuestros “ayfons”
4) Encima cantan como el orto
5) Si la cumbia villera da pena, imaginate la cumbia “cheta”

Esta descripción lo único que hace es reafirmar estereotipos y fomentar divisiones entre la gente y eso es muy patético en el siglo XXI. ¿Desde cuándo una manifestación cultural y artística pertenece sólo a una clase social (pensando que podemos hablar aún de clases sociales en un sentido clásico y marxista)? ¿Diríamos hoy que sólo pueden cantar tango determinado grupo de personas de acuerdo a su clase social? Si nos remontamos a manifestaciones artísticas que consideramos patrimonio nacional como el tango, vemos que su surgimiento ocurre en sectores marginales de la sociedad y que hoy en día es parte de nuestro acervo cultural.

Entonces ¿por qué juzgar a las personas por la clase social a la que pertenecen y decir que fingen ser “cumbieros”? ¿Hay que tener antecedentes penales para cantar cumbia? Me parece sumamente estigmatizante desde todo punto de vista. No considero que sea pecado nacer en un hogar pudiente. Y mucho menos disfrutar la cumbia y decidir ser un intérprete de la misma. No considero que sea fingir algo que uno no es.  Tampoco considero malo que tengan la posibilidad de filmar un video con “ayfons”. Esa frase muestra un resentimiento social bien grande. Tener dinero no es un pecado.

Eso de dividir una vez más a los jóvenes en chetos y villeros es triste. Eso de ir por la vida marcando divisiones de clase y ubicándose uno desde un lugar de superioridad y reafirmando que es mejor que el otro, marcando una otredad como peor que yo es de una pobreza de espíritu pocas veces vista.

Y no sólo eso, sino que muestra un resentimiento superlativo ante gente que hace algo y les va bien. Las personas que participan en la cumbia cheta y quienes los siguen o bailan en las fiestas no les hicieron nada. No se metieron con quienes organizan el evento ni les quitaron ningún espacio. Les va bien porque hay gente que le gusta. Y punto. Pueden no ser de su agrado. Pueden juzgar su calidad artística sin denigrar o denostar. Decir “cantan como el orto” es algo que tienen ganado. Todos podemos opinar y decir si el arte nos gusta o no porque el arte es subjetivo.  Volviendo al tango, durante mucho tiempo era visto como música baja y hoy en día es interpretada en las salas más importantes de nuestro país y convive con formas estimadas desde tiempos pretéritos como la ópera y el ballet. El valor que se le da a algo depende de quién sea el que lo valore y esa opinión no deja de estar influenciada por el momento histórico y la geografía en la cual fue efectuada.

De ningún modo digo que piense que Marama sea el próximo Mozart. Pero no tengo acceso a un “oráculo de Delfos” para poder decir si en 300 años la música de Marama no será interpretada como lo es hoy la de Mozart.

Los dos puntos de la descripción que no aborde son los más violentos. Por eso cuando gente habla que manifiesta su opinión personal respecto a este tipo de música al adherir a estos eventos o que dice que no hay que tomarlo tan a pecho yo les diría que lo volviesen a pensar. La palabra eliminar recuerda a gente con ideologías fascistas y decir que quiero eliminar a dos grupos humanos no debería ser dicho ni en broma. Y que sea dicho en broma nos recuerda que vivimos en una sociedad violenta que normalizó ese tipo de discursos. Que los acepta. Que necesita marcar una dicotomía y entender al mundo que lo rodea en una dinámica de ellos y nosotros. El último punto dice que si la cumbia villera da pena, mucha más aún da la cheta. Los que dan pena son los que construyen este tipo de narrativa.

A ellos les digo que recuerden que cuando señalan con el dedo… tres dedos los señalan a ustedes.

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