Como el ancla de un navío

que está atravesando un mar bravío

lograste que me detuviera

para empezar a vivir de otra manera.

Era un marinero sin rumbo

con un amor en cada puerto

en puertos en los que mi corazón nunca sería abierto

amores de oposición ante los que, la historia lo prueba, nunca sucumbo.

Era marinero hasta que me encontraste

y rápidamente y con inteligencia me cautivaste.

Así te convertiste en el ancla que me calma

porque estar contigo y sólo contigo me alcanza.

Tu sos mi ancla y yo la tuya

aunque no creas en la propiedad

porque el ancla que te ofrezco

no es más que una materialización de mi fidelidad

frente a nuestro novel amor.

Yo estaba en conflicto latente

entre mi pasado, mi futuro y mi presente

y apareciste como solución,

como ancla que detiene el tempestuoso movimiento de la vida.

Sos mi ancla y mi esperanza

encallada de forma sólida y firme

para que juntos crezcamos de forma fecunda.

Solo en el amor de verdad se puede crecer,

y tu, mi ancla

con tu forma de ser embriagadora

con tu sonrisa compradora

con tu mirada seductora

y con tus manos como invitación

a que no me den vueltas los remolinos

a que no viva en el desatino

me haces sentir feliz  y aún más completo.

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