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Ver buen cine bien acompañado es una experiencia de la que nadie debería privarse. Yo no me privé de ver esta gran película con mi novio y ambos quedamos absolutamente enamorados del planteo que nos hizo Israel Horovitz con Mi vieja y querida dama.

Hacemos gastos tan nimios frente a los que unas entradas al cine más que un gasto se convierten en una inversión. Y si no podemos darnos ese lujo siempre podemos ver las películas de forma online. Sea en el formato que sea, Mi vieja y querida dama es un lujo que te debes dar.

Mathias es un neoyorquino que necesita dinero que se traslada a París para hacerse cargo del departamento que heredó de su padre, con quien no se hablaba. Él no tiene mucho más, ya que cuenta en la columna del haber (o del deber) tres divorcios por cada una de sus obras no publicadas. Al llegar se sorprenderá al descubrir que una señora mayor (Mathilde) vive allí con su hija complicándose aún más su situación cuando se entere que, según la ley francesa, no podrá quedarse con su herencia hasta que Mathilde fallezca.

También allí mora su hija Chloé. Este personaje va ganando profundidad y dramatismo a medida que avanzamos en la historia. En un comienzo la vemos como la acérrima defensora de su madre, una anciana mujer a la que quieren echar de su hogar. Mientras vemos la complejidad de la “vieja y querida dama”, y descubrimos que no todo es exactamente como parecía ser al principio, también el personaje de su hija va cambiando, va descubriendo y aceptando que su infancia fue tan traumática como la de Mathías y que esto es responsabilidad de su madre y del padre de Mathías, a quienes los une un vínculo de amor egoísta.

Es una comedia entre dramática y romántica. El romance entre Chloé y Mathías representa la salvación de dos personajes marcados por su pasado, marcados por sus padres, marcados al nacer. Entre charlas, discusiones y miradas entrecruzadas ellos descubrirán que no solo tienen en común el pasado sino también un posible futuro. Si no es que lo arruinan.

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En esta película si algo ocurre es porque los personajes lo expresan y dicen que pasará, tal y como ocurre en las obras de teatro. Además ante cada acción, ante cada diálogo, se dispara un recuerdo entumecido (esto lo vemos muy claramente en Chloé, que había adormecido su infancia, y si la recordaba lo hace de forma irreflexiva para poder sobrevivir, mientras que a Mathías lo carcomen sus recuerdos, de los que parece no poder escapar).

Kline, intepretando a Mathías logra transmitir la desgracia del personaje de forma dramática y cómica debido a los desmanes que su alcoholismo le hacen hacer, mientras que Chloé, interpretada por Scott Thomas, es el personaje menos feliz y más dramático de la película. Curiosamente este personaje es interpretado por una de las bellas actrices de Cuatro Bodas y un Funeral, y esa belleza imperturbable con los años no es un obstáculo en la performance dramática. Igualmente ya había demostrado sus dotes actorales en La llave de Sarah (2010) que sigue siendo, hasta hoy su mejor película. Maggie Smith a sus 80 años sigue dando cátedra de cómo actuar al darle vida a esa vieja y querida dama, Mathilde, una cuasi aristocrática inglesa, mañosa y de la que veremos su fibra sensible de forma contenida a lo largo de la cinta.

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Como informamos en la ficha técnica esta película tiene tres grandes actores que disimulan una estructura algo teatral y estática dado que la acción ocurre principalmente en la casa en disputa. Por más que se le dé algo de aire y frescura a la trama con exteriores, lo esencial sucede entre esas paredes en Le Marais y en el bello jardín de la casa. Hay algunas escenas filmadas en el bello espacio público parisino, entre ellas un cuadro musical cerca del final digno de ser destacado.

Es curioso que Israel Horowitz debute como director de cine a los 75 no sólo es inusual, más aún al hacerlo con una película de humor agridulce, con una historia de secretos familiares, y con tres actores de la talla de Maggie Smith, Kevin Kline y Kristin Scott Thomas.  Sin embargo no es el ingreso de Horowitz al cine, sino que anteriormente fue el guionista de Qué buena madre… es mi padre (Author, Author!), una comedia dramática con Al Pacino, de 1982.

Esta película, de bella fotografía y hablada en francés e inglés es una pequeña joya del cine contemporáneo porque narra de forma teatral y sencilla un drama familiar, cala hondo en el corazón porque todos tenemos miserias familiares más o menos escondidas y nos podemos identificar con personajes sufrientes y frustrados por no lograr lo que merecen y está interpretado magistralmente por grandes actores que, gracias a un buen guión y dirección logran contar una historia dramática con ribetes cómicos que le permiten al espectador disfrutar de mirarla.

¡Altamente recomendable!

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Ficha Técnica:

Título Original: My Old Lady
País: Estados Unidos – Reino Unido – Francia
Año: 2014
Género: Comedia dramática
Duración: 107′
Calificación: Todo público
Dirección: Israel Horovitz
Protagonistas: Kevin Kline – Kristin Scott Thomas
Elenco: Maggie Smith – Dominique Pinon

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