La palabra filosofía viene del latín philosophĭa, y este del gr. φιλοσοφία y significa, etimológicamente amor por la sabiduría. Una definición más reciente, extraída de la RAE dice que la filosofía es el conjunto de saberes que busca establecer, de manera racional, los principios más generales que organizan y orientan el conocimiento de la realidad, así como el sentido del obrar humano.” Educar, del latín educāre (etimológicamente cuidar de los animales ergo, de los niños) significa dirigir, encaminar, o desarrollar y perfeccionar las facultades intelectuales y morales. En este sentido podríamos definir a la filosofía de la educación como el amor por el conocimiento en tanto este conocimiento no sólo se convierte en el acervo enciclopédico de saberes de alguien sino en educación de esa persona y/o de otros.

Cuando se estudia la filosofía, sea de la educación o cualquier otro tipo, existe el peligro de quedarse en una abstracción, de quedarse en lo que los distintos autores plantearon. Es importante pensar esos cuerpos de ideas aplicados en un modelo educativo (en el caso particular de la filosofía de la educación), por ejemplo en el sistema penitenciario. En la realidad se ve como lo que debería ser, no es lo que realmente es. Las ideas separadas de las personas que las tienen que implementar son sólo eso, ideas.

Ese conocimiento que atesoramos como universitarios no sólo está para enriquecernos y convertirse en una parte indivisible y esencial de nuestra identidad sino también para ser usado en la educación de otros, de operadores penitenciarios que lo pasarán a los privados de libertad y también de nosotros estudiantes de Educación que, en un futuro, estaremos re pensando los modelos educativos en distintas instituciones, incluida la penitenciaria.

Este amor es un amor interpelante y cuestionador, tal y como lo plantea Olivier Reboul. La filosofía de la educación no es –sólo agregaría yo- un conjunto de saberes y creencias sobre la educación sino el cuestionamiento a ese conjunto. La filosofía de la educación es radical, total y vital porque al adentrarnos en este campo llegamos al fondo de cualquier cuestión que decidamos investigar y el interés que esta indagación nos genera no es meramente especulativo, al usar la filosofía de la educación estamos buscando el saber ser a través del saber.

A partir de la Hermenéutica del Sujeto de Michel Foucault (y lo que surge a posteriori) se ve a la filosofía como ejercicio espiritual y arte de existencia. Ya no es una filosofía que crea sistemas de ideas y conceptos sino que pasa a tener una perspectiva educativa o formativa del género humano. En este sentido la filosofía adopta un tinte de filosofía de la educación. Esta perspectiva es interesante porque se empieza a ver al campo como una experiencia cuyo objetivo formar en el cuidado de sí y de otros; y esta experiencia no sólo está dada en el ámbito educativo sino en la vida en general. De esta forma podemos entender a la filosofía de la educación como un lugar desde donde nos podemos pensar a nosotros mismos para tener una vida mejor.

Es importante cuestionar y pensar a la educación porque, tal como dijo Immanuel Kant, el hombre es quien es gracias a ella.

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