Áspero y algo feo como aquella higuera tan ilustre

mi cactus no acepta que lleguen con el viento

susurrantes elogios y suspiros enamorados.

Aunque se ve pequeño en mis manos

y pareciera que para que esté siempre conmigo puedo tomarlo

sus espinas lo alejan como pasos dados en falso.

 

Cuando lo vi por primera vez

con alegría pensé que se te parecía

siempre protegido y fuerte en su evidente debilidad.

 

Y hoy conmigo está la planta

que se muestra simple, inerte y sin gracia

como un amargo recuerdo de esto que hoy nos pasa.

 

Y mi cactus se siente distante y frío

tan en silencio y tan lejos aunque aún mío

en un día de firmamento gris y taciturno.

 

¿Podré volver a verlo con su verde contento?

¿Podrá volver a ser cómo de verdad es,

con espinas por fuera, seco en los alrededores y lleno de esperanza dentro?

 

¿Aceptará algún día que mis golondrinas

le lleven palabras de amor, dichas sin prisa?

¿Me devolverá con pícara sonrisa y cómplice mirada

aunque sin pronunciarlas, aquellas palabras diáfanas?

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