Introducción

Escogí presentar y comparar las ideas de Martín Heidegger (La idea de lo humano y el cuidado) y Friedrich Nietzsche (Schopenhauer como educador de F. Nietzsche -La educación de la diferencia-) debido a que siempre me interesaron aspectos de los autores no trabajados en clase, en particular su vínculo (o ausencia de) con el antisemitismo. Al continuar la lectura respecto a Heidegger se hizo ineludible la influencia de Nietzsche en este por lo que me pareció interesante trabajar sus textos vistos en clase, como también estos autores en general.


Presentación de los autores y los textos vistos en clase

Friedrich Wilhelm Nietzsche  (1844-1900) fue un filósofo, poeta, músico y filólogo alemán, y uno de los pensadores más influyentes del siglo XIX. Realizó una crítica exhaustiva de la cultura, la religión y la filosofía occidental, especialmente trabajando sobre las consecuencias del triunfo del secularismo de la Ilustración, expresada célebremente en su observación “Dios ha muerto”. Introdujo una cosmovisión que ha reorganizado el pensamiento del siglo XX, en autores tales como Martin Heidegger, Michel Foucault, Gianni Vattimo entre otros. Nietzsche fue muy reconocido durante el siglo XX como una figura significativa en la filosofía moderna. Su influencia fue particularmente notoria en los filósofos existencialistas y posmodernos.

El texto analizado en clase de Nietzsche presenta a un idealizado Schopenhauer como educador modélico (La educación de la diferencia) porque en su juventud, al leerlo (en especial El Mundo como Voluntad y como Representación) se ve impactado y fuertemente influido por lo planteado por Schopenhauer. “¿Cuál fue la lección que sacó Nietzsche de la lectura de Schopenhauer? (…) legó a Nietzsche la idea de que la conciencia de los hombres no basta para determinar su vida y que, por tanto, es necesario rechazar el racionalismo como interpretación del hombre. No es la conciencia la que determina la vida, sino la vida la que determina la conciencia. (…) Toda la teoría de la “grandeza” sigue estando en Nietzsche inspirada en la teoría schopenhaueriana del genio.”[1]

La concepción de Nietzsche de la educación no es convencional. Se fundamenta en la idea de que el meta relato que explica el mundo con la presencia de Dios cayó y el ser humano debe convertirse en un superhombre. Las personas deben dar un sentido a su vida y la educación debe ayudar a formar hombres fuertes, que amen la vida y se destaquen del resto. Nietzsche era un crítico del tiempo que le tocó vivir y veía como problemática la burocratización de la educación, la especialización científica y técnica que ponen al hombre en un lugar de esclavitud, donde se aprende lo que sirva a los intereses políticos de quienes brindan esa educación y no permiten emerger el genio. El interés de la cultura es formar hombres que puedan ganar dinero. Por eso se valora excesivamente el trabajo y se ve como negativa toda actividad ociosa, tal y como notan otros filósofos en especial los de la posmodernidad y las consecuencias de la tecnificación industrial que marcan autores como Heidegger.

En El ocaso de los ídolos Nietzsche establece que las necesidades que hay de educadores son que debemos aprender a pensar, a hablar y a escribir. Y entonces ¿qué significa pensar, hablar y escribir para Nietzsche? Aprender consiste en adquirir una destreza nueva o corregir una destreza que no se hacía correctamente. Nietzsche hace estas recomendaciones para su tiempo, tiempo que critica por las restricciones que transmite la cultura y las prácticas educativas de su época. Nietzsche ve en la ciencia, el periodismo, la apropiación del tiempo (a través del trabajo), el culto por los libros y por la erudición, síntomas de una cultura problemática. Desconfía del rol hegemónico del estado pero también del comunismo como gobierno de la igualdad o de la ausencia del gobierno –como factor igualador- del anarquismo. Ve en la igualación un problema porque impide que surjan los superhombres. En este punto el filósofo sigue siendo vigente debido a que el debate de igualar en la educación sigue sin ser saldado.

Para Nietzsche la educación debe ser restrictiva y no masiva. Se debe preconizar una educación elitista. Pero la elite que él entiende como tal no es la que desde el comienzo de los tiempos surgió sino que será una elite basada en las capacidades, en la aptitud.  La transmisión de la cultura es sólo el principio para crear una cultura nueva y la educación no debe igualar sino distinguir a cada individuo para que así puedan surgir los hombres fuertes, los “superhombres” que serán los destinados a educar y tratar que otros como ellos surjan con valores propios, desafiando la cultura de su tiempo (en este lugar colocaba Nietzsche a Schopenhauer, como un educador que fomentaba el surgimiento de superhombres).

Nietzsche plantea que se debe definir lo que es formación y lo que es un formador. Un verdadero formador/educador ve en Schopenhauer debido a que marca que los verdaderos educadores te revelarán lo que es tu verdadera esencia. No es  la instrucción o el  disciplinamiento lo que ayudará al educando a develar ser quien debe ser, lo que se le dio por naturaleza, su esencia, su talento innato. Esta idea de que educar no es disciplinar aparece también en Freud y su presencia en los postulados del padre del psicoanálisis puede ser un indicio de que era una idea presente en los intelectuales de aquel tiempo y aquel lugar, siendo Nietzsche un alemán y Freud un austríaco relativamente coetáneos (aunque Nietzsche murió en 1900 y el texto de Freud es producido recién en 1909. Freud planteaba lo siguiente: “Hasta hoy, ella (por la educación) se ha propuesto siempre por única tarea el gobierno – a menudo es más correcto decir la sofocación – de las pulsiones; el resultado no ha sido satisfactorio: donde se lo alcanzaba, era en beneficio de un pequeño número de hombres privilegiados a quienes no se les demandaba esa sofocación de lo pulsional”[2] Todos tenemos un talento innato pero para este filósofo solo a un pequeño número les es dado por naturaleza y educación (constancia, energía, paciencia, etc.) lo suficiente para poder llegar a ser un gran talento. A pesar de que se reivindica eso natural en el hombre, esta afirmación no menoscaba la importancia del formador sino que exige que este esté en los momentos necesarios, en la formación del gusto. Con la Modernidad para Nietzsche el gusto se degeneró al punto tal de haber ausencia de gusto por esa pretensión de objetividad, de ver hechos, porque niega toda mirada. El proceso de formación es visto como violento y doloroso, pero es el único proceso que puede lograr que los hombres se formen para superarse a sí mismo y se revelen contra esta realidad que les es dada y se fijen sus propias metas.

Martín Heidegger (1889 – 1976) fue uno de los más importantes filósofos alemanes del siglo XX aunque fue muy criticado por su asociación con el régimen nazi. Tras sus inicios en la teología católica, desarrolló una filosofía innovadora que influyó en diversos campos y que impacta hasta en el presente.

Ser y tiempo (1927) es su libro más importante y si bien es considerado una de las obras más importantes dentro de la filosofía del siglo XX es sólo una tercera parte del proyecto que describe la introducción del libro. En este libro, pese a ser una obra que quedó incompleta, Heidegger plantea ideas centrales de todo su pensamiento. En ella, el autor parte del supuesto de que la tarea de la filosofía consiste en determinar plena y completamente el sentido del ser, no de los entes, entendiendo por «ser», en general, aquello que instala y mantiene a los entes concretos en su entidad. En la comprensión heideggeriana, el hombre es el ente abierto al ser, pues sólo el hombre mantiene una relación explícita de co-pertenencia con él. La forma específica de ser que corresponde al hombre es el “ser-ahí” (Dasein), definiéndolo como “ser-en-el-mundo” o “estar-en-el-mundo”. El planteo de la filosofía moderna (desde Descartes) entre el ser que se enfrenta a un mundo ajeno a él es inconsistente para Heidegger. Nos definimos por nuestra relación con el mundo. La dimensión temporal del ser sería el otro debe de la filosofía clásica. El esfuerzo de Heidegger por pensar el ser como relación de los entes en el tiempo es la base del posterior movimiento hermenéutico. Al abordar la cuestión del ser se hace preguntas como ¿qué significa ser? O ¿cuál es la razón por la que hay algo y no nada? Su abordaje (al igual que el de Aristóteles y Kant) no se basa en la lógica de las preposiciones porque deja implícito que el conocimiento teórico no es la relación más importante entre los individuos y el mundo que les rodea.

Este texto sigue fascinando porque repiensa la pregunta fundamental que atraviesa la historia de la filosofía, que es la pregunta por el ser. Ser y tiempo no elabora una teoría filosófica sino que afronta el reto de re pensar la filosofía. Es por eso que arranca con esta pregunta, planteada de tal manera que se convierte en una interpelación respecto a lo que al hombre occidental de la modernidad tanto le preocupa: la crisis de los valores tradicionales, la hegemonía de la racionalidad… En suma, el desencantamiento del mundo moderno. En ese sentido, el libro ofrece claves interpretativas que permiten analizar de una forma diferente de la realidad, de aprehender el mundo tal cual es, incluidas sus miserias. En este marco Heidegger huye de la definición del hombre como animal racional y ve a la existencia humana como cuidado, una idea de larga data (inaugurada por Platón y practicada por distintas escuelas helenísticas, olvidada en la época escolástica y recuperada por autores como Michel de Montaigne, Arthur Schopenhauer y Friedrich Nietzsche, la cual alcanza su máxima expresión contemporánea en la ética del cuidado de Michel Foucault.) que se remonta al cuidado de sí y del alma. La idea de cuidado de sí  y cuidado del alma implican la posibilidad de un sí mismo que toma conciencia que las personas tienden a perderse en el torbellino de los quehaceres cotidianos y evitarlo es evitar la caída y salvarnos. Salvarnos es cuidarnos. Heidegger busca combatir el abandono de sí, activando nuestra capacidad de abrirnos a nosotros mismos. Recuperar la tradición del cuidado del alma despierta ese sentimiento de responsabilidad hacia uno mismo y estas prácticas de cuidado son, en última instancia, una elección de vida. No son presentadas como un imperativo categórico que se impone de manera universal.

 

Vínculos y análisis crítico de los autores y sus principales ideas

Ser y tiempo plantea un diagnóstico de la realidad crudo, de desasosiego intelectual, desazón espiritual y de pobreza existencial, que ya había sido anticipado por Nietzsche con su postura crítica de la sociedad alemana especialmente en las Consideraciones Intempestivas. De hecho Heidegger es un lector de Nietzsche e incluso llega a interpretarlo y a construir una versión propia del filósofo alemán decimonónico. El arte también lo refleja (La metamorfosis de Franz Kafka o El grito de Evard Munch son algunos ejemplos). Ser y tiempo puede leerse como una reflexión sobre el significado del ser humano y como está dominado por la ciencia, la economía hasta perderse el sentido de la existencia. En este sentido tanto Nietzsche como Heidegger huyen de la idea del hombre como un animal racional, así como también del humanismo y de la idea de progreso. Podríamos aventurar que ambos autores plantean la idea del hombre enmarcada en el cuidado de sí. La existencia humana podría verse básicamente como cuidado. La exhortación tener cuidado de sí mismo, que preste atención a su propio ser, incluso la posterior idea de dejarse llevar por un temple de ánimo como la serenidad (por cierto, muy próxima a la ataraxia epicúrea), invitan a una lectura de Ser y tiempo desde la sugestiva perspectiva del cuidado de sí.

Mientras que en Nietzsche se plantea que la educación que deben los hombres recibir debe potenciar sus talentos y no ser igualadora para que puedan surgir los verdaderos genios, esos superhombres que van a poder romper con lo dado, en Heidegger el lenguaje es el descubrimiento del ser, que terminan siendo planteos familiares. Tanto Nietzsche como Heiddeger nos están planteando que nos conozcamos a nosotros mismos frente a una sociedad hostil e igualadora que plantea una educación para producir en masa una forma particular de ser de los hombres funcional al Estado y al capitalismo imperante. En ambos autores se ve a la filosofía como un instrumento poderoso y eficaz a la hora de la autorrealización de la vida humana en el sentido de transformación. A través de la filosofía podemos transformar la ignorancia en sabiduría como antídoto de una cultura decadente (como es vista la alemana por ambos autores, a los que se podrían sumar Spengler, Weber y Mann, entre otros).

Si bien hay aparentemente poco en común entre el profesor de la Universidad de Friburgo –con su negra mancha al aceptar un rectorado, vinculándose al nazismo- y el atormentado y errabundo pensador de Sils Maria no son las personas las que tienen que tener aspectos en común sino sus ideas, su obra. Nietzsche es quien sirve de impulso a Heidegger en la renovación de la pregunta por el ser. Heidegger interpreta a Nietzsche escribiendo dos tomos titulados con el apellido del filósofo (1961). Nietzsche marca nuestro tiempo como filósofo porque da respuestas a preguntas que van a inquietar a los hombres de nuestro presente y posiblemente del futuro, por eso es relevante. Ya por ser un intérprete de este pensador, Heidegger es relevante. Para el autor de Ser y Tiempo Nietzsche y Heiddeger se encuentran en una conversación que  denomina el “diálogo pensante entre pensadores”. En este diálogo lo que se trata de recorrer es el camino de los grandes pensadores en aquello que merece ser pensado que es el Ser. Heidegger ve en Nietzsche un puente y no le interesa ver hasta donde han llegado sino a donde hubieran podido haber llegado si se hubiera formulado la pregunta ¿qué es el Ser? Para Heidegger Nietzsche fracasa en esta cuestión, pero la historia de la filosofía para este autor es la historia del poder y del dominio que llega hasta nuestra época técnica (esto sienta algunas bases para los filósofos de la postmodernidad). Heidegger enmarca a Nietzsche como el último pensador de la modernidad, el último metafísico, porque con él estamos al final de la modernidad que ha desembocado en el nihilismo, en el imperio de la razón y del dominio de lo técnico a nivel planetario. Sin embargo esta no es la postura de todos. Aunque Heidegger pretende re-estructurar la filosofía y ve a Nietzsche como el último metafísico, “Conócete a ti mismo” estaba escrito en el templo de Apolo, en Delfos, y las ideas ya mencionadas de una ética del cuidado vienen de tiempos realmente pretéritos. Empero esto no es evidencia de un planteo filosófico vetusto sino por contrario marca la absoluta vigencia de estos cuestionamientos que desde la Antigüedad existen y falta resolver.

La postura de Heidegger y la de Nietzsche frente a la existencia humana muestra que son pensadores nihilistas. El nihilismo (del latín nihil, “nada”) es la corriente artística y filosófica que niega que la vida tenga un significado objetivo, o un propósito o valor intrínseco. En el caso de Heidegger, en la introducción a “Ser y Tiempo” plantea que nosotros fuimos “arrojados”/”eyectados” al mundo sin tener, nosotros, la posibilidad de elegir si venir al mundo o no. Esto genera angustia, que es una de las razones del cuidado de nosotros mismos. A partir de la estructura del Dasein (el “ser-ahí” que fue arrojado al mundo) es que Heidegger plantea su nihilismo. Esta propuesta nihilista va a ser retomada por otros filósofos, como es el caso de Sartre, quien incluso sostendrá del primero que fue un precursor de su existencialismo.

Puede ser visto como una crítica social, política o cultural a los valores, creencias o costumbres de una sociedad tal y como vimos que ambos autores critican. Es Nietzsche quien estructura esta conceptualización aunque ya existía en la Antigua Grecia representado por los cínicos y los escépticos. Ven que existe en cambio un devenir en la historia sin finalidad superior. Si bien Heidegger interpreta a Nietzsche como el último metafísico, Gianni Vattimo lo lee como un filósofo que superó esa metafísica y que tiene un corte nihilista como pensador.

Para los lectores del último siglo Heidegger se ha vuelto un caleidoscopio a través del cual leemos a Nietzsche. Sin embargo existen posturas disímiles a la versión que hace este autor del filósofo alemán debido a la unilateralidad y a dejar de considerar sus escritos de fases tempranas y medias (uno de ellos el visto en el curso). Es en estos textos en los cuales Nietzsche supera la metafísica y plantea este nihilismo, un punto en común que tienen ambos autores. En este sentido como la vida no tiene de por sí un sentido es que ambos autores plantean que debemos dárselo nosotros. Incluso el propio Nietzsche se ve a sí mismo como un filósofo que superó la metafísica. Ambos filósofos ponen de manifiesto que el nihilismo es un concepto fundamental para pensar nuestra época y que su omisión hace pobre el análisis.

 

Algunas consideraciones finales

En la Genealogía de la Moral (1875), que es considerado el libro menos aforístico, más argumental y conceptual de Nietzsche se plantea un enfoque histórico de nuestros valores fundamentales buscando saber de dónde vienen. Se los está desvalorando por su relativismo. El bien debería ser uno a lo largo del tiempo para tener valor. ¿Qué valor tienen los valores si son construidos históricamente, si Dios ha muerto?

Aquí toma algunas ideas de  Schopenhauer pero no la de la salida. Para Schopenhauer la salida está en la estética, en la música, que está libre de palabras, pero para Nietzsche la salida vital no es la resignación, es ejecutar hasta el fondo la vida: vivir del modo más afirmativo posible (ser quien uno es, hasta el fondo y luchar aun sabiendo que se va a perder al final. Toda la universalidad es un conjunto de engaños. Cuando nos sacrificamos por otro, estamos negando nuestra propia existencia. Schopenhauer considera a la compasión como el gran valor, pero Nietzsche dice que esto nos orienta a negar nuestra propia vida. Nietzsche desafió el fundamento de la moral tradicional y el cristianismo. La  transmutación de los valores es un momento necesario para el final de la moral tradicional (o moral de esclavos) y la aparición del superhombreNietzsche no propone vivir sin valores sino superar la moral occidental, moral de renuncia y resentimiento hacia la vida, mediante una nueva tabla en la que estén situados los valores que supongan un sí radical a la vida. “En contraposición a esta idea de Schopenhauer, Nietzsche opone la voluntad creadora, es decir voluntad de poder, que siempre quiere más, que no deja de querer, que no tiene límites. Es decir, una voluntad de vivir, una afirmación de la vida plena, entendida como un querer que es poder, un poder que es querer”[3]

En este sentido la educación juega un rol fundamental porque es la educación la que nos ayuda a encontrar nuestro lugar en el mundo. Una educación igualadora para seres con desiguales características es vista como perniciosa para Nietzsche y es sin duda un aspecto a considerar en un contexto como el actual en el que se vive una crisis de valores y en la que la aparición de superhombres supondría el advenimiento de un tiempo nuevo, beneficioso para la humanidad entera.

Por otra parte Heidegger también nos plantea un debate del ser y del ser estando en este tiempo y en este lugar y una arista de este debate es indudablemente el rol de la educación en los hombres, que son quienes están en este tiempo y en este lugar, son esos seres con esa particular relación con los entes. Tanto Nietzsche como Heidegger son nihilistas y por lo tanto la vida de los seres humanos no está explicada por grandes ideales y cuestiones universales. Para Nietzsche“El nihilismo revela que hasta ahora sólo el dolor, el sacrificio, la autodestrucción han dado un sentido a la vida pero este ideal ya no existe: “faltan las metas”. En este sentido, la filosofía del superhombres se va a presentar como una filosofía del futuro y, sin embargo, va a constituir lo contrario a una filosofía del progreso.”[4] Ser y tiempo investigan el ser y atraviesa temas como la mortalidad, el cuidado, la ansiedad y la temporalidad. Su intención era escribir un segundo libro, sobre la historia de la filosofía pero no lo culminó. En sus trabajos posteriores Heidegger se concentra menos en el modo en el cual las estructuras del ser se nos revelan en el comportamiento diario y más en como ese comportamiento depende de una apertura a ser previa y contrasta esa apertura con la voluntad del poder del hombre moderno. Dicha apertura podría estar influenciada por nuestra educación; si es una mera formación utilitaria al Estado o a hombres librepensantes, a algo parecido a lo que Nietzsche acuñó superhombre.

Coherentemente con su hostilidad hacia la cultura alemana, para Nietzsche ese superhombre (con la muerte de Dios) implica una filosofía y teoría histórica ajena por completo a las ideas nazis debido a que éste debía superar el sometimiento a la moral del rebaño. Se debía prescindir absolutamente de Dios y el nazismo defiende el culto a la raza y al Estado, predicando la superioridad del grupo por sobre el individuo. Las nociones de raza y de destino de un pueblo o de una nación, bases del nazismo son máscaras que ocultan valores absolutos. El Estado es para Nietzsche una perversión creada por el hombre que representa eso abstracto y despersonalizado. Asimismo el superhombre no se puede identificar con una clase social con privilegios que vienen por tradición o por biología sino que lo distinguimos a partir de su conducta moral.

Por todo esto podemos identificar a Nietzsche por fuera de los planteos nazis mientras que a Heidegger debemos incluirlo en tales, no por evidencias de su obra mencionadas en este trabajo sino por aspectos de su vida personal. El lugar de Heidegger dentro de la filosofía se vio marcado por la polémica debido a su adhesión al partido nazi. Según algunos estudiosos (aunque no hay consenso al respecto) el discurso efectuado al ser nombrado Rector de la Universidad de Friburgo (1933) así como sus conferencias en los seminarios de la universidad entre 1933 y 1936 son un claro apoyo intelectual al nazismo. A pesar de renunciar al rectorado, el mismo Heidegger (destituido como docente entre 1945-1951) nunca se retractó públicamente de su discurso pese a las insistencias de discípulos como Herbert Marcuse. El apoyo de Heidegger al nazismo hace que uno pueda cuestionar que tipo de educación propondría en caso de tener que ser uno de los reestructuradores. ¿Sería una marcada por el nihilismo y el fin de la metafísica o por el relato de superioridad racial, moral e intelectual que los nazis planteaban respecto a los arios? Esta es sin dudas una pregunta que no tendrá su respuesta.

A modo de cierre “lo más sugerente de este dúo Nietzsche-Heidegger es cómo ambos interactúan, cada uno desde su perspectiva, en la experiencia filosófica postmetafisica, cambiando para siempre nuestra visión posterior, “retomando la experiencia noética de la filosofía helénica … y errando por un camino sin fin; el camino del ángel caído de la dialéctica que rebajaba al plano humano de lo decidible, fabricable y recomponible, la unidad difracta, indisponible, del límite intensivo.” (Teresa Oñate, catedrática de filosofía de la UNED)”[5]

Bibliografía consultada:

  • Belaval, Y. (1990) et al – Historia de la Filosofía. La filosofía en el siglo XIX. Siglo XXI Editores. México.
  • Belaval, Y. et al (1990) – Historia de la Filosofía. La filosofía en el siglo XX. Siglo XXI Editores. México.
  • Bataille, G. (1979) Sobre Nietzsche. Voluntad de Suerte. Madrid.
  • Díaz Genis, A. (2008) El eterno retorno de lo mismo o el terror a la historia. Ediciones IDEAS. Montevideo.
  • Díaz Genis, A. (2005). Papeles de Trabajo. El eterno retorno de lo mismo en la filosofía de F. Nietzsche. Universidad de la República. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. Montevideo.
  • Freud, S. (2012). Obras Completas: Análisis de la fobia de un niño de cinco años (el pequeño Hans) y otras obras(1909). Tomo X. Ediciones Amorrortu. Segunda edición, decimocuarta reimpresión.
  • Hernández de la Fuente, D. (2013) – Heidegger desenmascara a Nietzsche – La Razón. España. http://www.larazon.es/cultura/libros/heidegger-desenmascara-a-nietzsche-ME2732428#Ttt1VAK2eBhlAq90
  • Minaya, E. (2007) – La relación Nietzsche-Heidegger como punto de partida en la filosofía de Gianni Vattimo. A Parte Rei. Revista de filosofía. http://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/minaya54.pdf
  • Molinuevo, J. (2000) – Nietzsche y Heiddeger –http://www.elcultural.com/revista/especial/Nietzsche-y-Heidegger/2620.
  • Santiesteban, L. (2009) – Heidegger y Vattimo: intérpretes de Nietzsche. http://www.scielo.org.mx/scielo.php?pid=S0185-24502009000200001&script=sci_arttext. Universidad Autónoma de Chihuahua, México.

[1] Philonenko, A. (1990) Historia de la Filosofía. La filosofía del Siglo XIX. Siglo Veintiuno Editores. México. pag. 92-93.

[2] Freud, S. (2012). Obras Completas: Análisis de la fobia de un niño de cinco años (el pequeño Hans) y otras obras (1909). Tomo X. Ediciones Amorrortu. Segunda edición, decimocuarta reimpresión. p. 117.

 

[3] Díaz Genis, A. (2005). Papeles de Trabajo. El eterno retorno de lo mismo en la filosofía de F. Nietzsche. Universidad de la República. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. Montevideo.

 

[4] Haard, M. (1990) Historia de la Filosofía. La filosofía del Siglo XIX. Siglo Veintiuno Editores. México. pag. 432.

[5] Hernández de la Fuente, D. (2013)Heidegger desenmascara a NietzscheLa Razón. España.

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