En cada instante
infimo por naturaleza
íntimo por tan nuestro
la magia aparece.

Aparece así, como por generación espontánea.
En cada rayón de birome
con los que me marcas,
entre risas casi de niño y ojos de enamorado,
cómo haciéndome de otra manera tuyo.

En cada película que miramos
y en cada lágrima mía de elefante,
aunque en confesion
admitiras que el llorón casi siempre sos vos.

Y cuando en confianza me empezas a contar
eso que me da estupor e indignación que mal y apenas se disimular,
y aunque me parte saber que no estaban mis brazos ni los de nadie más
para apretarte fuerte
para protegerte,
hasta borrar todo rastro de miedo.

Eso ya no tiene remedio.
Pero ya que me lo cuentes
hace crecer a mi amor fuerte y más fuerte.
En mis ojos te engrandece.

Amor por ese hombrecito dulce que tengo enfrente.
Ese que siempre todo quiere tener presente.
Y cuando no es así, lo aprende
sólo para hacerme feliz.
Aunque creo que ya sospecha que basta con solo conmigo existir,
conmigo compartir
un trozo de su cielo
y la totalidad de su horizonte.

Las horas vuelan y a la vez parecen no pasar
cuando me pierdo en tu mirada de miel
que me da todo ese amor y un poco de luz.
Y me hace sentir uno de esos.
De esos afortunados de ser felices.

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