Como la medalla que hoy nuevamente se posa en mi pecho cada vez más viril,
como vos solías decirme por mi incipiente vello,

como vos hacías sentirme cuando te tenía entre mis brazos,

así somos nosotros, polos opuestos

el negro y el blanco que una vez soñaban con vivir en armonía, 

que una vez soñaban estar juntos de por vida. 


Esa medalla pareciera ser todo lo que queda 

de aquella historia de amor ligera

de amor de casi adolescentes que en las nubes se sentían

cuando el uno con el otro se hacían compañía.


Esa alegría que juntos sentíamos

y que a mi corazón henchía con algarabía,

por creerme todopoderoso y a la vez ser tan minúsculo,

terminó apagándose en el más ínfimo de los segundos

como si se tratase del final un instantáneo crepúsculo. 


Mi amor negro y egoísta pudo más que tu amor blanco y prístino.

Terminó por ensuciarlo todo como hollín tras un voraz incendio

que como accidente, sin que nadie lo llamará

de repente apareció para destruirlo todo en pocas pero implacables llamaradas. 


Pero el ying y el yang siempre se complementan 

y a pesar de todo viven con un poco del otro a cuestas. 

¿Seremos como el ying y el yang?

¿Podremos estos infortunios juntos superar?

¿Finalmente cambiaremos, juntos a la par?

Las respuestas solas vendrán. 

Hoy sólo nos queda sentarnos a esperar

y tarde o temprano sobre nosotros las moiras se pronunciarán.

¿Podré torcer con mi sola voluntad los designios del destino?

En la más desoladora incertidumbre confío en que juntos nos abriremos camino. 

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