Lívido, como si hubiese visto el fantasma

de un ayer y una perspectiva que ya vislumbraba lejana

se me aparecieron en la mente aquellas viejas y usadas sábanas

a las que aún hoy puedo abrazarme

y que tienen el olor del último encuentro.

 

De repente,

abruptamente como el despertar de un sueño a una pesadilla

te despediste nuevamente

y nuevamente no me resigno a que exista una rendija

por la que asome insolente la esperanza.

 

Yo no puedo decir que diera lo mejor

como orgulloso y ufano podrías tu decirlo aunque jamás lo dirías

pero lo intentaré con un ahínco tan grande que nunca pensaste que por ti verías

como si fueras mi Ítaca verde y hermosa

a la que incluso moribundo, arrastrándome con garras y dientes, quisiera volver.

 

Como un témpano, que más que frío, era un géiser

caliente como las entrañas de la Tierra

tomando la decisión más difícil

deseando que fuese feliz y honesto con mi próximo hombre

sin siquiera saber que no habrá próximo.

 

Mi futuro no será sino quien en el futuro lleve tu nombre

tu sangre y tu piel, que ya no será quien hoy sos

sino simplemente otro,

que se encontrará con la persona que ocupe mi lugar cuando yo transmute.

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