Los acordes cotidianos se suceden.
Lágrimas y risas,
también cosas del día a día,
lo que sea que al cactus permita
no volverse cosa marchita.

Y de a poco con la brisa de estío
se corrió la ventana y con estilo bravío
me abalanzo a él aún al rojo vivo.

Y ese día le hable.
Y le canté.
Y me escucho.
Y ahora que el telefono ya duerme
yo también duermo con el ruido de la lluvia y la sonrisa en el semblante.

¿Querrá Morfeo atraer a Caronte
y que juntos traigan nuestro amor
que hoy está algo lejos?

Las respuestas solo están en nuestro tiempo.

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