San Valentin viene hoy a mi en el desencuentro, en el presente aún mancillado por el pasado,
que en clave de tormento,
como venenoso puñal
se clava en el medio del pecho.

Pero yo me se amado
y yo he amado.
El amor nunca debería conjugarse en pasado
porque una vez en el mundo
jamás se da por acabado.

El amor de verdad es eterno
y mi amor, defectuoso como yo
es inmenso como el firmamento
lleno de tormentas como las de hoy
que parecen dar final a nuestro verano.

San Valentín dura solo un día
y la tormenta siempre da paso al celeste alegría
y el gris del inabarcable cielo cambia de color
y de nuevo continúa la vida.

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