El carrusel dejó de girar
y la música cesó de sonar
y aunque empeño he puesto
las piezas parecen no querer encajar.

Pareciera que te es imposible perdonar
y que te es imposible olvidar
y yo no paro de recordar…
cuando cruzo la estampa
de una vieja camiseta mía que solías usar.

La ciudad parece impregnada de tu presencia luminosa
aunque, entre nosotros, ambos sabemos que poco la transitás
pero mi mente te ve en todas las cosas
y mi mirada aún busca entre los transeúntes
volver a ver tu roja boca,
tus pestañas largas, tu mirada dulce
y tu piel que contra la mía curtida se ve tan blanca.

Mis oídos se rehúsan poco a poco a escuchar la melodía de la esperanza
de tenerte entre mis brazos
de sentir tu mano fundida en mi mano.

Y cuando la inmensidad del aire pareciera ahogarme
me salva el eco de una vieja canción
y te siento pidiendo una vez más cantarte
esa canción de cuna de una infancia ajena
y ahí parece ser posible por un instante la quimera.

Y ahí yo ya quisiera
convencerte de que mi vida entera
la pasaría haciéndote feliz, si tan sólo así vos lo quisieras.
Si tan sólo vos pudieras.

En esta batalla entre mi amor y tus miedos
yo ya estoy jugado.
Hundiste mis barcos
y de manos y pies me siento atado
y ya es tiempo de que juegues tu última ficha.

Ojalá que la jugada sea lo que tu alma desea.
Ojalá no sea el miedo el que, cobarde, termine la partida.

Anuncios