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marzo 2017

Un tiempo al que no puedo volver

La ciudad se impregna en mi retina con la agridulce calidez de tu recuerdo y aunque hasta a mí mismo me lo niegue aún a diario te pienso.

La vida sigue tan igual y tan diferente y no dejo de tenerte presente cuando atravieso lugares por los que juntos pasamos en el pasado o en mis sueños o en nuestro futuro por mí arrebatado.

Arrebolado y peregrino me siento sin mi ancla. Hoy que no estás conmigo estoy en carne viva, calcinado.

Mi ancla antes me frenaba, me calmaba y me paraba en la más bravía de las tormentas, como nadie pudo y por eso parece herejía no pensarte, soñarte y amarte desde la distancia a pesar del paso de los días, que se suceden igual que antes y asimismo tan diferentes.

La fresca brisa de otoño te devuelve a mí en clave de recuerdo de un tiempo que pasó y no supe ver que era lo que realmente quería y al que hoy ya no puedo volver.

Πάντα ῥεῖ

Todo fluye y fue el principio de un amor de principio roto, de comienzo precipitado, de desarrollo torpe y de final anunciado. En las primeras palabras en clave de premonición parecía conjugarse esta historia de amor.

Amor cobarde amputado en mi mentira, que antes sentía casi inocente, imperceptible y que a nadie hería. Terminamos ambos lastimados porque no pude a tiempo ni por nuestro cielo abandonar, como el otoño a sus hojas, mi pasado, mis demonios, mis patrones.

Y hoy nuestras almas peregrinas como leones se disponen a lamer sus heridas. Todo fluye me decías y yo impresionado sonreía con la inmensidad de los milenios bajo los pies, la Luna iluminando tus ojos buenos y el arrullo del océano como canción de cuna.

Todo fluye y hoy quizás te cruce en un mundo de muebles desvencijados, pasillos polvorientos que conducen a aulas de la Facultad y me temo que en mi alma aún no ha fluido que mis ojos se quiebren al verse en los tuyos y quiera volver a un lugar que ya no existe.

Todo fluye y hoy quizás te cruce y no te cruce. Ya no existo y ya no existís. Sin embargo aún te espero.

Todo fluye y aunque no exista ¿cuándo finalmente he de partir?

Todo fluye y sigo esclavo de ese momento en el que estábamos encantados. Y sigo paralizado buscando volver, ser quien fui o descubrir quien debo ser. Y solo me queda lo absurdo de lo cotidiano, que no sabe lo que perdí, que no entiende que aún te busco en la mirada de los extraños, en las caricias de un amor de una noche, en la melancolía de la indecisión…

Y aun así, todo fluye.

 

Una reflexión personal tras el Acto Central Comunitario a un año de la muerte de David Fremd (Z’’L)

El pasado domingo 19 de marzo se realizó en la Kehilá un acto en memoria de David Fremd tras un año de su asesinato. Se han escrito ríos de tinta sobre el tema y sin embargo parece no haberse agotado. No salimos de nuestra consternación, de nuestro dolor, de nuestra incomprensión.

Como decía alguno de los oradores en el evento, la sociedad uruguaya perdió la inocencia con este acontecimiento porque si bien quienes somos cercanos a la colectividad judía o quienes simplemente están atentos al mundo que los rodea ya sabemos que Uruguay tiene su cuota de antisemitismo, nunca imaginamos estar a la altura de las principales urbes del mundo, donde desde ya años han ocurrido asesinatos por el antisemitismo contenidas en algunas expresiones radicales del Islam. Nos cuesta vernos como parte de un mundo interconectado en el cual el yihadismo está a un click de distancia y logra infiltrar sus ideas en terreno fértil globalmente para cometer actos de terror. Hacía algunas décadas se habían vivido asesinatos por antisemitismo, pero el tiempo pasa, las generaciones se suceden, y si bien se olvida, se vuelve a un lugar de comodidad del cual fuimos arrancados con la muerte de David.

Y aun así nos cuesta decir que en la heroica Paysandú se vivió un asesinato terrorista islámico cuando si ocurre en otro lado del mundo, rápidamente sabemos identificarlo y calificarlo como tal. Y uno podría preguntarse ¿qué importa si fue un asesinato terrorista cuando lo importante es que David falleció? Su muerte en sí misma es un acontecimiento importante porque siempre que asesinan a alguien nos roban su futuro pero si no entendemos los entretelones del hecho difícil es trabajar como sociedad por un nunca más. En otros casos se identifican otras causas y se trabaja en combatirlas y en este caso debemos nombrar el hecho como tal, sacarnos ese prurito, entender que aunque nombrar este hecho como un acto terrorista no sea políticamente correcto, o no fue la idea que se quiso instalar en la opinión pública desde algunos sectores, es fundamental para poder prevenir, para poder educar, para poder intentar sanar.

“Vos siempre estás a firme…”

Eso fue una frase repetida que me dijeron personas que me vieron en el acto. En eventos de la colectividad ya soy una figurita repetida. En general asisto, en mi calidad de educador y uno de los directores de Proyecto Shoá a cuestiones relacionadas con este tema. Con el tiempo de trabajar en Proyecto Shoá me he hecho cercano a muchas personas de la colectividad y he asistido a algunos eventos internos a la misma que no están relacionados con la Shoá.

Este acto, con una liturgia que obviamente no comprendí, pero con un mensaje poderoso de los oradores, fue una ocasión diferente. Me cuestioné si asistir o no y no verbalicé este cuestionamiento hasta este momento. Me cuestioné si comunicar desde las redes sociales del Proyecto acerca de este acto, aunque finalmente comunicamos que Proyecto Shoá se haría presente, como una manera más de recordar a David en ese espacio y rendirle homenaje.

Terminé asistiendo. Quizás era el único gentil en ese acto, no lo sé. No me importa. Más allá de conocer a miembros de la familia Fremd y de tener sólo cosas positivas para decir de quienes conozco, la raíz de la Shoá es el antisemitismo, es el odio irracional de cierto grupo de gente hacia los judíos por ser judíos. La judeofobia y a lo que puede llegar el odio es algo que me conmueve y me mueve a seguir siendo un componente activo en la transmisión de la memoria de la Shoá. Cuando ocurrió lo de David esa lucha por un nunca más fracasó. Entonces hay que seguir con más fuerza peleando la buena pelea. E ir al Acto era una forma de presentar mis respetos pero también ganar fuerza, alimentar esa pasión para seguir peleando por vivir en un mundo sin odio.

Yo no puedo vivir en un mundo que odia al otro, que niega al otro y que lo intenta destruir. Simplemente no puedo no estar al firme, no puedo ser indiferente porque también me siento parte de la otredad. Todos somos otros, todos somos diferentes. Algunos abrazamos esa diferencia y la convertimos en bandera. Y luchamos por tener un espacio y porque los demás tengan un espacio.

El odio nunca me va a robar el sueño de vivir en un mundo en el que esté extinto.  Así que sí, siempre voy a estar al firme.

 

 

Ni a regañadientes

Las primeras luces del alba penetran el cielo
y acaban así el hechizo de la noche
y me quitan el velo
que me hacía pensar que aún era posible lograr eso que anhelo.

Deseo volver a enamorarme de nuevo
sin traiciones, sin mentiras
pero no de cualquiera, no de alguien nuevo.
Mi alma aún se pregunta si será posible curar las heridas.

Vos y yo colisionamos
nos chocamos y fusionamos
y por un tiempo tu dulce disposición y mi ternura se hicieron una.

Vos y yo hoy nos apartamos,
y admito con vergüenza que te lastimé y te hice daño.
Y aún así también admito que aunque sin derecho a hacerlo que te extraño.
Y que con mi mente todas las noches aún te llamo
hasta que la aurora anuncia el inicio del nuevo día.

Hasta los mejores caemos
y aunque me siga perdiendo en tu mirada
y el tiempo pase y me sienta paralizado
ya es momento de levantarme y emprender el vuelo.

Y aún así, a sabiendas de todo, aún te pretendo.
Y aún así, ni a regañadientes estoy dispuesto aún a renunciar
a volverme a enamorar, no de alguien nuevo sino de vos.

Soltar y dejarte ir

Soltar y dejarte ir
y darme cuenta que ya sos libre como el aire
duele y cuesta porque es sentir
que finalmente me rendí.

La espera no puede ser eterna
y hace tiempo ya que me puse a disposición
en la más absoluta e irreductible entrega
para que a mí volvieras
y cada día que pasa, la distancia se siente menos pasajera.

Debo sanar y avanzar,
tomar un nuevo rumbo.
Soltar.

No me rendí
pero no depende de mí
que puedas ver más allá de la noche
y ser, juntos, el día que te propongo.

Cada instante que pasa
siento mi amor transmutado,
como si estuviese resquebrajado
pasado y quebrado.

Soltar y no querer.
Pero me soltaste.
Me agarro y finalmente caigo.
Y me levante tanto que ya no sé si realmente caí.
¿Caí?

No sé si quiero levantarme,
no sé lo que quiero.
Sólo se que mi alma te extraña
que de día y de noche mira el mundo
y por vos clama.

En tu frialdad aún te amo
y sé que aún me amás.
Y con esa convicción miro al horizonte
y respiro aire puro.
Y suelto.
Y sigo.
Lo intenté todo.
Di todo a destiempo.
Sigo adelante.

Ahí recuerdo que mi amor es como el viento
y aunque hayas decidido dejarlo de ver
allí está por ahora tranquilo
como calma antes de un nuevo rugido
que alborote las mareas de nuestros corazones
voraz en la espera de un nuevo comienzo.

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