Soltar y dejarte ir
y darme cuenta que ya sos libre como el aire
duele y cuesta porque es sentir
que finalmente me rendí.

La espera no puede ser eterna
y hace tiempo ya que me puse a disposición
en la más absoluta e irreductible entrega
para que a mí volvieras
y cada día que pasa, la distancia se siente menos pasajera.

Debo sanar y avanzar,
tomar un nuevo rumbo.
Soltar.

No me rendí
pero no depende de mí
que puedas ver más allá de la noche
y ser, juntos, el día que te propongo.

Cada instante que pasa
siento mi amor transmutado,
como si estuviese resquebrajado
pasado y quebrado.

Soltar y no querer.
Pero me soltaste.
Me agarro y finalmente caigo.
Y me levante tanto que ya no sé si realmente caí.
¿Caí?

No sé si quiero levantarme,
no sé lo que quiero.
Sólo se que mi alma te extraña
que de día y de noche mira el mundo
y por vos clama.

En tu frialdad aún te amo
y sé que aún me amás.
Y con esa convicción miro al horizonte
y respiro aire puro.
Y suelto.
Y sigo.
Lo intenté todo.
Di todo a destiempo.
Sigo adelante.

Ahí recuerdo que mi amor es como el viento
y aunque hayas decidido dejarlo de ver
allí está por ahora tranquilo
como calma antes de un nuevo rugido
que alborote las mareas de nuestros corazones
voraz en la espera de un nuevo comienzo.

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