El pasado domingo 19 de marzo se realizó en la Kehilá un acto en memoria de David Fremd tras un año de su asesinato. Se han escrito ríos de tinta sobre el tema y sin embargo parece no haberse agotado. No salimos de nuestra consternación, de nuestro dolor, de nuestra incomprensión.

Como decía alguno de los oradores en el evento, la sociedad uruguaya perdió la inocencia con este acontecimiento porque si bien quienes somos cercanos a la colectividad judía o quienes simplemente están atentos al mundo que los rodea ya sabemos que Uruguay tiene su cuota de antisemitismo, nunca imaginamos estar a la altura de las principales urbes del mundo, donde desde ya años han ocurrido asesinatos por el antisemitismo contenidas en algunas expresiones radicales del Islam. Nos cuesta vernos como parte de un mundo interconectado en el cual el yihadismo está a un click de distancia y logra infiltrar sus ideas en terreno fértil globalmente para cometer actos de terror. Hacía algunas décadas se habían vivido asesinatos por antisemitismo, pero el tiempo pasa, las generaciones se suceden, y si bien se olvida, se vuelve a un lugar de comodidad del cual fuimos arrancados con la muerte de David.

Y aun así nos cuesta decir que en la heroica Paysandú se vivió un asesinato terrorista islámico cuando si ocurre en otro lado del mundo, rápidamente sabemos identificarlo y calificarlo como tal. Y uno podría preguntarse ¿qué importa si fue un asesinato terrorista cuando lo importante es que David falleció? Su muerte en sí misma es un acontecimiento importante porque siempre que asesinan a alguien nos roban su futuro pero si no entendemos los entretelones del hecho difícil es trabajar como sociedad por un nunca más. En otros casos se identifican otras causas y se trabaja en combatirlas y en este caso debemos nombrar el hecho como tal, sacarnos ese prurito, entender que aunque nombrar este hecho como un acto terrorista no sea políticamente correcto, o no fue la idea que se quiso instalar en la opinión pública desde algunos sectores, es fundamental para poder prevenir, para poder educar, para poder intentar sanar.

“Vos siempre estás a firme…”

Eso fue una frase repetida que me dijeron personas que me vieron en el acto. En eventos de la colectividad ya soy una figurita repetida. En general asisto, en mi calidad de educador y uno de los directores de Proyecto Shoá a cuestiones relacionadas con este tema. Con el tiempo de trabajar en Proyecto Shoá me he hecho cercano a muchas personas de la colectividad y he asistido a algunos eventos internos a la misma que no están relacionados con la Shoá.

Este acto, con una liturgia que obviamente no comprendí, pero con un mensaje poderoso de los oradores, fue una ocasión diferente. Me cuestioné si asistir o no y no verbalicé este cuestionamiento hasta este momento. Me cuestioné si comunicar desde las redes sociales del Proyecto acerca de este acto, aunque finalmente comunicamos que Proyecto Shoá se haría presente, como una manera más de recordar a David en ese espacio y rendirle homenaje.

Terminé asistiendo. Quizás era el único gentil en ese acto, no lo sé. No me importa. Más allá de conocer a miembros de la familia Fremd y de tener sólo cosas positivas para decir de quienes conozco, la raíz de la Shoá es el antisemitismo, es el odio irracional de cierto grupo de gente hacia los judíos por ser judíos. La judeofobia y a lo que puede llegar el odio es algo que me conmueve y me mueve a seguir siendo un componente activo en la transmisión de la memoria de la Shoá. Cuando ocurrió lo de David esa lucha por un nunca más fracasó. Entonces hay que seguir con más fuerza peleando la buena pelea. E ir al Acto era una forma de presentar mis respetos pero también ganar fuerza, alimentar esa pasión para seguir peleando por vivir en un mundo sin odio.

Yo no puedo vivir en un mundo que odia al otro, que niega al otro y que lo intenta destruir. Simplemente no puedo no estar al firme, no puedo ser indiferente porque también me siento parte de la otredad. Todos somos otros, todos somos diferentes. Algunos abrazamos esa diferencia y la convertimos en bandera. Y luchamos por tener un espacio y porque los demás tengan un espacio.

El odio nunca me va a robar el sueño de vivir en un mundo en el que esté extinto.  Así que sí, siempre voy a estar al firme.

 

 

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