Todo fluye y fue el principio de un amor de principio roto, de comienzo precipitado, de desarrollo torpe y de final anunciado. En las primeras palabras en clave de premonición parecía conjugarse esta historia de amor.

Amor cobarde amputado en mi mentira, que antes sentía casi inocente, imperceptible y que a nadie hería. Terminamos ambos lastimados porque no pude a tiempo ni por nuestro cielo abandonar, como el otoño a sus hojas, mi pasado, mis demonios, mis patrones.

Y hoy nuestras almas peregrinas como leones se disponen a lamer sus heridas. Todo fluye me decías y yo impresionado sonreía con la inmensidad de los milenios bajo los pies, la Luna iluminando tus ojos buenos y el arrullo del océano como canción de cuna.

Todo fluye y hoy quizás te cruce en un mundo de muebles desvencijados, pasillos polvorientos que conducen a aulas de la Facultad y me temo que en mi alma aún no ha fluido que mis ojos se quiebren al verse en los tuyos y quiera volver a un lugar que ya no existe.

Todo fluye y hoy quizás te cruce y no te cruce. Ya no existo y ya no existís. Sin embargo aún te espero.

Todo fluye y aunque no exista ¿cuándo finalmente he de partir?

Todo fluye y sigo esclavo de ese momento en el que estábamos encantados. Y sigo paralizado buscando volver, ser quien fui o descubrir quien debo ser. Y solo me queda lo absurdo de lo cotidiano, que no sabe lo que perdí, que no entiende que aún te busco en la mirada de los extraños, en las caricias de un amor de una noche, en la melancolía de la indecisión…

Y aun así, todo fluye.

 

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