La ciudad se impregna en mi retina con la agridulce calidez de tu recuerdo y aunque hasta a mí mismo me lo niegue aún a diario te pienso.

La vida sigue tan igual y tan diferente y no dejo de tenerte presente cuando atravieso lugares por los que juntos pasamos en el pasado o en mis sueños o en nuestro futuro por mí arrebatado.

Arrebolado y peregrino me siento sin mi ancla. Hoy que no estás conmigo estoy en carne viva, calcinado.

Mi ancla antes me frenaba, me calmaba y me paraba en la más bravía de las tormentas, como nadie pudo y por eso parece herejía no pensarte, soñarte y amarte desde la distancia a pesar del paso de los días, que se suceden igual que antes y asimismo tan diferentes.

La fresca brisa de otoño te devuelve a mí en clave de recuerdo de un tiempo que pasó y no supe ver que era lo que realmente quería y al que hoy ya no puedo volver.

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