Ausencias

Nunca voy a volver a tocar tu cuerpo. Nunca voy a sentir tu olor teñido en mis sábanas y tus sueños nunca se posarán nuevamente en mi almohada. Nunca volveré a cantar una canción de cuna para que a Morfeo te entregues. Pero no puedo dejarte ir. Aún no puedo.

¿Decís que lo intentaste? ¿Lo intenté?

Extraño tu tartamudeo y a veces extraño no extrañarte. Extraño nuestro pequeño mundo de juegos, jugando a tener un futuro  y a vivir un sueño.  Extraño verte dormir. Y todo eso penetra mis sueños.

Sé que estarás bien. Sé que es este final está bien. Sé que este es el adiós. Sé que no sé dejar ir sin largas despedidas, en las que siento que sólo yo aún se despide. Pero no puedo dejarte ir. Aún no puedo.

Me hace bien saber que existió y que en algún universo aún me querés.  Pero ¿estás bien dejándonos ir de esta manera? ¿Estás bien siguiendo adelante sin mí?

¿Aún me querés?

No volveré a tocar tu cuerpo. Mis manos, que antes se perdían en tu piel infinita, blanca como la vía láctea, ahora cuelgan de mis brazos, mustios y descoloridos.

Ahora me pesan las ausencias. Me pesan las posibilidades, quimeras y sueños de que lo que fue no hubiese sido y lo que hubiese sido concretase el sueño. El sueño con el que aún sueño despierto aunque no me anime a pronunciarlo, como si el más mínimo ruido lo quebrase como cristal que de repente cae al suelo.

Nunca más tocaré tu cuerpo. Nunca seremos más un solo cuerpo. Nunca más seremos compartiremos el mismo sueño. Pero siempre serás la ausencia de mi cielo.

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